Opinion
Pasaron las elecciones pero la calma no llega
Domingo, 21 de noviembre de 2021Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

 Pasaron las elecciones que alteraron los ánimos durante largos días, ahora solo les queda a oficialismo y oposición gobernar (en el más amplio sentido de la palabra) cada uno desde la función en que lo puso la ciudadanía propendiendo al bien común.

El sistema político y democrático está diseñado para que quien gana las elecciones cada 4 años (antes 6) ejerza la función Ejecutiva, mientras el perdedor ejerce la oposición desde sus espacios parlamentarios o incluso ejecutivos en los diversos distritos, dentro de los parámetros de funciones que fija la propia constitución nacional.

Cómo bien lo dice el ex decano de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNCuyo, Carlos Finocchio, esos parámetros constitucionales y de la política se han ido degradando en la medida que los representantes de la ciudadanía fueron cediendo espacios ante los poderes que podría calificar como reales. La perdida de sustancia de los partidos políticos, el olvido de muchas de sus verdades fundamentales, como expresa Finocchio, son parte de esa pérdida de representatividad y de fortaleza ante los poderes que terminan más de una vez (o casi siempre) imponiendo sus criterios por sobre los de la voluntad popular o el que debería ser el norte de todas las políticas habitualmente bautizado "bien común"

Cada día es mas notable como los políticos son elegidos por la ciudadanía, pero después abandonan los intereses de su representación para tomar la de actores que no suelen validar sus pergaminos en las instancias electorales.

Pasadas las elecciones en las que el peronismo vuelve a sufrir una derrota de medio termino la dinámica de la política y economía argentina no cambiará demasiado, los condicionantes son importantes y no es noticia que la principal, incluso por sobre la pandemia mundial que no cesa, es el endeudamiento elevadísimo que a dos años de asumir el Gobierno sigue renegociando con el Fondo Monetario Internacional.

La sensación de hace un año que el acuerdo estaba cerca con un Fondo que podría flexibilizar condiciones desapareció con el paso de los meses, tanto que ahora son los propios funcionarios del Ejecutivo, con Martín Guzmán a la cabeza, los que a cada rato expresan que el acuerdo está cerca como si necesitaran reafirmarlo y presionar en la negociación para llegar a un entendimiento.

En medio de esa larga novela que condiciona la economía interna por las presiones que se desarrollan desde los grupos de poder con sesgos ideológicos claros para aceptar las políticas del Fondo sin más, también surgen las contradicciones internas dentro del oficialismo y las presiones de la oposición alineada con aquellos proyectos.

En los próximos días ganara espacio una nueva interna que parece desatarse en el oficialismo por la modificación de Bienes Personales aprobada por unanimidad en el Senado. El proyecto original del senador oficialista Carlos Caserio plantea aumentar el monto imponible a 6 millones de pesos en vez de los 2 actuales, sin embargo, ya varios diputados del propio oficialismo dejaron trascender su malestar por sus características y algunos puntos que en verdad parecen bastante incongruentes, por ejemplo que para el calculo se tomen las propiedades a valuación fiscal y los autos a valor de mercado.

Desde Economía tampoco ven con buenos ojos el cambio por la perdida de recaudación, aunque también es cierto que la inflación y la cotización en dólares de los bienes han dejado al piso de 2 millones en un escalón muy bajo.

La inflación sigue siendo el gran inconveniente de la economía argentina en un momento donde (como ya lo escribimos semanas atrás) desde diversos sectores se vuelve a agitar el fantasma de la dolarización de la economía como asalto definitivo a consolidar el poder de los grupos concentrados. El debate, que los medios van metiendo de a poco, no es inocente en situaciones de inflación alta y pecios desbocados que no responden a ninguna lógica de la macroeconomía. El escenario es perfecto para que los sectores populares crean que cambiar el peso por el dólar es una solución a los males definitiva. Lo que nunca se dice es que la maniobra congelaría en el tiempo la profunda desigualdad licuando definitivamente los salarios para así perpetuar la mano de obra barata.

En apenas unos días se debería conocer el proyecto del Programa plurianual para el desarrollo sustentable que anunció el Presidente la misma noche de las elecciones. No hay demasiada información de qué y cómo sería el camino que plantearía la iniciativa. Según algunos sería una especie de presupuesto ampliado y simplificado y según otros sería la aprobación parlamentaria de las condiciones negociadas con el FMI. De cualquier modo, lo que parece quedar claro es que los días de intensas discusiones y rencillas políticas y económicas no quedaran fácilmente atrás.

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Escribe: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202