Como se vive, se vota: modelos, campañas y deudas
Domingo, 14 de noviembre de 2021Por Luis Ábrego - Entre Paréntesis.

Un final de campaña agrietado fue la antesala de los comicios generales que se desarrollarán este domingo, donde pese a los cruces y las acusaciones de la oposición, el Frente Cambia Mendoza (FCM) podría sortear el compromiso sin mayores dificultades.

Por el contrario, la discusión entre analistas y encuestadores no se centra en el ganador de la contienda, sino en el margen de diferencia que obtendrá, que de confirmarse, significaría una nueva victoria para la trabajosa construcción que desde 2015 el radicalismo viene tejiendo con paciencia y que ha sabido mantener a lo largo del tiempo e incluso, depositar en el sillón de San Martín a dos gobernadores de manera consecutiva: Alfredo Cornejo y Rodolfo Suarez.

Justamente, en esa alquimia políticamente heterodoxa pero duradera, asentada en la capacidad ordenadora del Estado y en los últimos años, la defensa de las libertades individuales cuando las restricciones de la pandemia parecían regir la vida de las personas sólo por decreto, es donde el oficialismo se ufana de haber encontrado un "modelo mendocino".

Un estilo preferentemente autónomo en aquello que la Constitución Nacional habilita, pero también con particularidades socioculturales, capaz de interpretar el espíritu emprendedor sobre el que se construyó Mendoza y que ha hecho mella de tanto repetirse. De los Huarpes a los inmigrantes. Policlasista, generador de estímulos y receloso del populismo. Una senda marcada que incluso superó olas nacionales más o menos adversas.

Un caldo sustancioso al que se le agregó además, la torpe y desprolija distribución de fondos discrecionales que la Casa Rosada ha realizado en los últimos dos años, y particularmente después de las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (Paso), de cuyo análisis se verifica una especie de explícito castigo para aquellas provincias no alineadas con la Nación y un claro favorecimiento de aquellas que sí lo están. Plataforma ideal para la victimización política.

Ahí puso el foco el FCM para lograr una identificación mayoritaria con su electorado que obtuvo ya su premio en las Paso. Por encima del 42% de los mendocinos que fueron a votar consideraron que esa concepción era la mejor para la Provincia. Y es probable que incluso hoy ese guarismo se incremente.

Por ello, y pese a las polémicas, no sorprendió entonces que el FCM incluyera en su lista también a otro ex gobernador, Julio Cobos, casi para explicitar la línea histórica y robustecer sus chances frente a un adversario que no está en condiciones de llevar en sus boletas a sus ex mandatarios.

Pese a ello, algo similar puede sucederle hoy al Frente de Todos (FdT) que podría verse favorecido por tantas semanas de debate público, pero también de los cambios que introdujo hacia adentro tras la derrota de las Paso. La más significativa, el cambio de jefe de campaña, donde el intendente de Tunuyán, Martín Aveiro, reemplazó al legislador camporista Lucas Ilardo, con lo cual se produjo no sólo una modificación de nombre sino también de estilos.

La apuesta a la territorialidad y el "cara a cara" buscaron achicar el margen de una derrota que aún así parece inevitable. Y que en todo caso para explicarla hay que buscar razones más profundas que la de una conducción temporal o un diseño de márketing político con el que el FdT también hizo agua.

Su apuesta al optimismo en un supuesto escenario postpandemia fue interpretado como una bomba de humo para no hacerse cargo de las incapacidades de Alberto Fernández que desde el rumbo nacional no había podido resolver el infinito catálogo de problemas: ni los viejos y heredados, ni mucho menos aquellos nuevos y de su propia autoría. A los que le agregó, personalmente, impericia y displicencia.

Esa falencia del FdT local en ajustar el foco de las necesidades actuales (recesión, desempleo, inflación) a la cual sólo se proponía como solución la construcción de "buenos acuerdos" fue reconvertida en una feroz provincialización de la agenda, en la agudeza de los reclamos departamentales y también, en la radicalización de sus principales candidatos y voceros. Una oposición más opositora.

Esa mutación peronista que pasó de cantar que "la vida es un carnaval" a reclamar por el estado de la Obra Social de los Empleados Públicos (Osep), la infraestructura escolar y sanitaria, las obras públicas postergadas en los departamentos, o la entrada en vigencia de la Revisión Técnica Obligatoria (RTO) fueron un intento de acertar con los asuntos cotidianos de un electorado que incluso a pesar de haberlos votado en alguna oportunidad, se fue alejando.

Sin embargo, cabe preguntarse si el peronismo, en modo opositor en Mendoza, ¿habría traído estos asuntos a la discusión si la suerte lo hubiera acompañado en las Paso? Probablemente no, envuelto en el triunfalismo épico que desde la Nación se bajó a las provincias por el manejo de pandemia, y en especial, con la demorada (y más que accidentada) vacunación masiva. Con lo cual puede presumirse, que al contrario de lo que pregona el FCM, al FdT no puede terminar articular una propuesta provincial propia, independiente de los vientos nacionales.

Lo cierto es que el tiempo que corrió desde las Paso hasta las generales no parece haber sido demasiado productivo en términos de propuestas y de discusiones sobre lo que Mendoza y el país necesita para lo que vendrá. Por el contrario, entre un oficialismo sin mayores exigencias, que sin exponerse demasiado puede conservar la diferencia y cantar victoria, y una oposición apurada por descontar de cualquier manera, incluso levantando la voz, todo se tornó más previsible, más chato y más volátil para una ciudadanía extenuada por la realidad, y también por la campaña.

Los debates de la última semana y los cruces mediáticos a través de las redes parecen confirmar además que cada uno atiende a su juego en una contienda en la que también los que pierdan festejarán. Si los números que manejan en ambos frentes se ratifican, los radicales y aliados conseguirán dos senadores nacionales (Cornejo y Mariana Juri), mientras que los peronistas sólo conservarán la banca que renueva Anabel Fernández Sagasti.

Pero en la categoría diputados nacionales, unos y otros seguramente se repartirán las 5 bancas en disputa: Cobos, Pamela Verasay y Álvaro Martínez (3 del FCM); mientras que los peronistas lograrían 2: Adolfo Bermejo y Liliana Paponet. Con este escenario, el PJ recupera la banca que hace cuatro años perdió ante la explosión del fenómeno Protectora de la mano de su ahora aliado José Luis Ramón.

Y si bien las denominadas terceras fuerzas mantienen una luz de esperanza cuyo fulgor podría apagarse esta misma noche, todo parece indicar que -salvo una sorpresa fuera de libreto- en esta ocasión no habrá premio para otras opciones por fuera de la grieta. Y que en todo caso, el orden del podio decreciente puede ser apenas anecdótico, con alguna expectativa por una banca en la Legislatura provincial en el Primer Distrito (para el Partido Verde -PV- o el Frente de Izquierda y los Trabajadores -FIT-) o en el Cuarto para el Partido Federal -PF-. Los demás, el consuelo de participar.

Así, y con la suerte en gran medida ya echada, la política suspirará esta noche aliviada el fin de otra batalla para euforia de ganadores y preocupación de perdedores, pero ambos todavía seguirán en deuda si los problemas y sus soluciones sólo aparecen -únicamente- para promover el voto. Las disputas internas de unos y de otros no tardarán tampoco en aparecer con la ilusión de un 2023 en el que la rueda electoral vuelva a girar. Ahí se volverán a ver las caras, tal vez, con la tarea aún pendiente.

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