RECTA FINAL A LAS LEGISLATIVAS
Grisura, cualidad de gris: aplíquese a todo político que no resalte
Domingo, 7 de noviembre de 2021Myriam Ruiz - @myriamruizbarrio

"Cristina Fernández de Kirchner en los momentos difíciles se esconde", dijo esta semana Patricia Bullrich en la recta final de la campaña por las Legislativas, en Salta. Y luego, con aire intrigante, añadió: "¿Será que planificó la operación para no estar cuando se den los resultados a nuestro favor?". Huelga decir que la frase generó un huracán de críticas desde el oficialismo pero también en las redes, y hasta del lado de Juntos por el Cambio hubo quienes marcaron su diferencia con la presidenta del Pro.

No sé si es falta de respeto pero, sin dudas, marca una falta de tacto y sobre todo de empatía de una mujer hacia otra mujer ante una cirugía que, por cierto, no es fácil de sobrellevar.

A lo que vamos es que el útero de Cristina quedó en el centro de la escena. Lo escribo y sigue pareciéndome increíble. Va de nuevo: "el útero de Cristina Kirchner acaparó las portadas de los diarios". Acaparó la escena política y yo no pude más que recordar aquel segmento de la revista Selecciones en la que los órganos hablaban por sí solos: "Soy el estómago de Juan"; "Soy el útero de María", se titulaba cada entrega. En fin, no faltó quien en los medios largó, con desconocimiento absoluto, que esa cirugía se hace cuando hay cáncer.

Por qué traemos el tema. Porque es increíble el nivel de mediocridad y bajeza que estamos viviendo en esta campaña política hacia las Legislativas. Mires hacia donde mires, de norte a sur, de este a oeste está difícil encontrar una idea que pese por sí misma. Lo que hay son fotocopias de ideas; borradores; papers; mediocres bocetos de ideas hechos en lápiz por si hay que borrarlos y reescribirlos.

Hay un filósofo actual, Alain Deneault, que en su último libro habla de cómo la mediocracia ha sustituído a la democracia. "Vivimos un orden en el que la MEDIA ha dejado de ser un abstracto y ha pasado a ser el estándar impuesto que estamos obligados a acatar", dice.

Hablamos de mediocridad, claro.

Y lo explica. Mirá que simple: 

El sistema no quiere a un maestro que no sepa ni usar la fotocopiadora, pero menos aún aceptará a un maestro que cuestione el programa educativo. Tampoco admitirá al empleado que intente mostrar una pizca de moralidad en una empresa sometida a la presión de sus accionistas. 

Traslademos ese modelo a cualquier profesión y encontrarás que los profesores de tus hijos en lugar de enfocarlos en la creatividad y la investigación se quedan en el seguimiento de programas de estudio de la década de los 70; programas de chimentos que ahora hacen "periodismo"; artistas tan revolucionarios como subvencionados; o políticos de todos los colores que pagan planes para mantener su pequeño kiosco de poder.

Para este sociólogo, el inicio de ese sistema que premia la mediocridad - el quedarte en la media, el no sobresalir sino tan solo ser productivo en la medida que se te pide- viene desde el siglo XIX cuando con la modernidad los oficios se transformaron en "empleos" y los profesionales en "recursos humanos".

Seguimos pensando que con el ejemplo se enseña y por eso es que necesitamos de políticos que piensen en el otro; que lleven este pueblo, provincia y nación al lugar que merece.

No quedarnos en la mediocridad; no caer en la grisura. ¿Sabés que es la grisura? Según la RAE, cualidad de gris; algo sin vida. Vamos, que es más de lo mismo y nos merecemos mucho más.

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