el amor en los tiempos de las apps
Te ha llegado un correo, un mensaje, un hechizo
Domingo, 31 de octubre de 2021Escribe Myriam Ruiz - @myriamruizbarrio

¿Cuánto hace que no usas un mapa para viajar? ¿Y una brújula para ubicarte? ¿Qué tantos años llevas sin leer un Estrada o un Kapelusz, esos manuales gigantes y hermosísimos que nos guiaban en la primaria a través de los años, de las matemáticas, los sujetos y los predicados? ¿Cuánto hace que no sacas una cuenta con lápiz y goma para borrar los errores? ¿Qué tantas décadas llevan tus libros de recetas en la biblioteca juntando polvo, porque ahora buscas mil y una formas de hacer ese bizcochuelo en internet?

¿Cuánto hace que no juegas a la ronda con tus hijos; o una guerra de almohadas; o te acuestas con ellos a leerles un cuento? ¿Qué hay de ese tiempo compartido con amigos, charlas que no arreglan el mundo pero sí te ponen un remiendo en el corazón? ¿Cómo vas a saber si alguno de tus seres queridos realmente te necesita si sólo envías palabras por whatsapp y recibes un gracioso emoticón como respuesta?

La tecnología es la gran revolución de nuestra era, es verdad. Pero internet y las aplicaciones que utilizamos cada vez más, minuto a minuto en nuestra vida, nos están convirtiendo en seres solitarios -con miles de contactos en face o instagram- y no te hacen más feliz.

Cuando apareció la televisión decían que no era bueno que los niños estuvieran muchas horas frente a la pantalla. Pero ahora, y sobre todo luego de la pandemia que nos mantuvo encerrados, damos a nuestros niños sus propios celulares o tablets para que se diviertan. En otras palabras, los silenciamos durante horas.

Los neurólogos están advirtiendo desde hace tiempo el grave daño que hacemos a nuestro cerebro con la adicción de internet que vivimos. Y a los más pequeños, directamente los estamos condenando a una vida sin cosas esenciales para el desarrollo de su intelectualidad como la creatividad, el compartir con amigos juegos en la plaza o la vida al aire libre.

Marta Peirano, española, explica en su último libro que hoy en día nuestra atención ha sido secuestrada por las famosas notificaciones. Sí, esas mismas que recibís de a decenas o de a cientos en el celular o la computadora. Muy seductoras, por cierto, pero que en realidad esconden órdenes.

Esta periodista experta en redes dice que la realidad de millones de personas se está reduciendo a avisos como estos:

"Te ha llegado un correo, un mensaje, un hechizo, un paquete. Hay un usuario nuevo, una noticia nueva, una herramienta nueva. Alguien ha hecho algo, ha publicado algo, ha subido una foto de algo, ha etiquetado algo. Tienes cinco mensajes, veinte likes, doce comentarios, ocho retuits. Hay tres personas mirando tu perfil, cuatro empresas leyendo tu currículum, dos altavoces inalámbricos rebajados, tres facturas sin pagar. Las personas a las que sigues están siguiendo esta cuenta, hablando de este tema, leyendo este libro, mirando este vídeo, llevando esta gorra, desayunando este bol de yogur con arándanos, bebiendo este cóctel, cantando esta canción."

Esta es la manera en que la "economía de la atención" está raptando nuestro cerebro, nuestra voluntad pero también nuestras horas de paseo, de amor y de sueño. Esta autora explica que hoy somos menos felices y menos productivos que hace un par de años, porque nos hemos vuelto adictos a la tecnología.

Y de hecho, entendamos que hasta maravillosas aplicaciones como Netflix o Amazon que supuestamente han traído el cine a nuestro hogar, en realidad están captando nuestros datos todo el tiempo para de ese modo ofrecerte películas o series que "se acomoden a tu gusto". O sea, las multinacionales y empresas que se dedican a esta economía de la atención tienen a los mejores expertos bombardeando con lo que quieren vendernos las 24 horas del día, los 365 días del año.

Si estás pensando que ir al cine con esa opción (¿limitada?) de ver una sola película, la que estaba en cartel; tener que hacer cola y en esos veinte minutos reírte con gente a la que nunca habías visto antes; comprar pochoclo o pororó para tus niños; acomodarte en una butaca, a veces dura, y sentir un vértigo en el estómago cuando al fin se apagaban las luces... era mejor, pues entonces estás pensando lo mismo que yo.

Durante mucho tiempo, nos entusiasmamos mucho ante esa revolución, pero invertimos tanto esfuerzo y energía en el avance de la tecnología que no prestamos suficiente atención a los cambios que se estaban produciendo en nuestro mundo y en nuestro cerebro.

Reitero que neurólogos afamados del mundo están advirtiendo que esta saturación de noticias que recibimos a diario en medios de comunicación pero además a través de las redes, no es buena para el desarrollo de la inteligencia. La generación de nativos digitales es la primera que ha involucionado respecto de sus padres, eso ya debería encender una luz de alarma.

Y, de hecho, ya hay una lista con las 20 habilidades que se van perdiendo como poder leer un mapa; orientarse con una brújula; hacer un nudo concreto; saber cómo buscar un dato en un libro; corregir un texto; saber gramática y saber deletrear; entender las unidades de peso y las de medidas; también arreglar un enchufe y mirá esta: recordar los números de teléfonos de familiares y amigos.

Entonces, qué tal si empezamos por lo pequeño y cambiamos al menos nuestro mundo. ¿Y si prestamos atención a nuestro amor y lo celebramos pasando tiempo "desconectados" y juntos? ¿Y si preparamos un picnic con nuestros hijos en el patio, bajo las hojas de parra? ¿Y si invitamos a esa amiga que hace tanto que no vemos a tomar un mate, un café, a mirar vidrieras y reírnos con ganas? ¿Y si dejamos el teléfono un ratito y abrimos un buen libro?

La sonrisa del otro en una videollamada es válida cuando la distancia te separa. Pero la piel, el abrazo, la mirada compartida, las risas de los niños y los amigos te cambian y te mejoran cuando les regalas un minuto de tu acelerado tiempo.

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