Opinión
Un presupuesto se coló en la campaña
Domingo, 24 de octubre de 2021Por Luis Ábrego - Entre Paréntesis.

A tres semanas de las elecciones generales y con la campaña retomando lentamente su ritmo después de las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO), fue la rutina del habitualmente largo y traumático tratamiento legislativo del Presupuesto el que parece haber reactivado una disputa electoral todavía aletargada.

Tal vez porque justamente el resultado del 12 de setiembre fue aquí categórico y contundente en términos de reflejo del clima social, o de la característica de "gran encuesta" que suelen ser las primarias, con un claro triunfo a favor del oficialismo del Frente Cambia Mendoza (FCM) sobre la principal oposición del Frente de Todos (FdT), relegando a un lote de terceras fuerzas a una pelea casi testimonial, es que reina la sensación de que el tránsito hacia el 14 de noviembre parece un asunto terminado.

Así lo entienden tanto oficialistas como opositores, por más que difícilmente lo reconozcan en público ya que más allá de ello, todas las fuerzas están intentando mejorar sus esfuerzos para terminar este proceso de la mejor manera posible. Aquí un puñado de votos más o menos puede hacer la diferencia final que consagre a un concejal más o menos en un departamento o a un legislador provincial o nacional. Por ello, la esperanza es lo último que se pierde aunque la foto haya sido tan clara.

Esto explica también que la reanudación de la campaña electoral sea hasta con timidez, como quien sabe que está incomodando a un electorado ya de por sí preocupado por otros asuntos más cercanos a su supervivencia: la inflación, por ejemplo. En términos generales, para esta etapa, cada uno de los frentes o partidos han apostado a profundizar su línea discursiva para captar más voluntades pero sin demasiadas variaciones de márketing. A excepción del FdT que modificó por completo tanto su estética de campaña como su mensaje, ahora menos publicitario y optimista tras las críticas que recibió por alentar a cantar que "la vida es un carnaval" en medio de los efectos de una terrible crisis económica y sanitaria como la de una pandemia.

Con estas piezas aún acomodándose, el Ejecutivo sorprendió esta semana con su decisión de avanzar sin dilaciones en la consideración del Presupuesto 2022 que ya había sido presentado a la Legislatura el 30 de setiembre según indica la ley provincial, y cuyo análisis con el desfile de ministros no se había suspendido ni siquiera por la parálisis que suele producirse en los cuerpos colegiados durante los procesos electorales.

En ese contexto el peronismo comenzó a elevar su voz, no sólo por las observaciones que tiene sobre la pauta de gastos para el año próximo, sino por lo que consideraron un tratamiento inoportuno en simultáneo con el proceso electoral. La apuesta del FdT era que superada la pelea electoral la Legislatura pudiera enfrascarse de lleno en esta discusión, casi en un gesto que hasta podría favorecer a los radicales y aliados, pues implicaba sacar este asunto del fragor de la campaña y también hacerlo en la eventualidad reciente de un nuevo triunfo plebiscitario para el Gobierno provincial.

Sin embargo, eso no fue así. Lejos de separar el tratamiento de la campaña, Rodolfo Suarez optó por hacer del Presupuesto 2022 un formidable argumento electoral de lo que el Ejecutivo asume son sus valores o la concepción del Estado, que resume básicamente en la austeridad del manejo de las cuentas públicas. En esa misma dirección, el proyecto fue presentado como "consistente y equilibrado con baja de impuestos para incentivar la inversión y la producción". Incluso, adelantándose a las críticas opositoras, planteó para el año próximo la abstención de tomar nueva deuda, principal blanco de los cuestionamientos de peronistas y aliados.

Sólo el Ejecutivo apostó una ficha a la aprobación del roll over para refinanciación de deuda vieja para lo que sí necesita dos tercios de votos que no tiene y donde es crucial el aporte peronista. Son más de 18 mil millones de pesos que vencen en 2022 para los que se intentó este mecanismo en procura de lograr mejores condiciones: tanto de plazos como de intereses con los acreedores; y que en el caso de Mendoza, un deudor habitualmente bien conceptuado de sus obligaciones suele acceder a quitas y beneficios que alivian el peso de los desembolsos en lo inmediato y aplanan en el tiempo los compromisos. Sin embargo, la negativa del PJ, no sólo al momento del tratamiento como a los conceptos principales del contenido del Presupuesto y sus prioridades, también alcanzó al pedido de roll over.

Atrapado el FdT en el juego de mayorías y minorías que hoy se imponen en la Legislatura, con una clara preponderancia del FCM, tanto para el manejo del quórum como para la aplicación de su supremacía, hicieron el resto. Así el miércoles pasado, la Cámara de Diputados dio media sanción para el paquete que además componen los proyectos de Avalúo e Impositiva, así como el mismísimo Presupuesto a la espera que esta semana, la Cámara de Senadores actúe con la misma celeridad.

En el medio, los cruces entre oficialismo y oposición reflejaron y expresaron con dureza las diferencias que unos y otros tienen, pero también las consignas de barricada que fueron desde la acusación de "poner palos en la rueda" a "gobernar alejado de los problemas de los mendocinos". El propio Suarez se apartó de su medido tono de mandatario y se calzó definitivamente el traje de candidato para embestir contra el peronismo y verbalizar la idea de un PJ que tanto en la Nación como en la Provincia limita su accionar como gobernador. Y no sólo eso, los acusó de impedir una refinanciación de la deuda que habitualmente todos los gobiernos tienen disponibles.

Lejos parece haber quedado aquellos días (y años) en el que el oficialismo de turno debía negociar contrarreloj, voto a voto, con propios y ajenos para la aprobación de un presupuesto para gestionar. Se pasó de las sesiones maratónicas y votaciones de madrugada al trámite express de tres leyes en una jornada. Ya que ahora no sólo las mayorías bloquean también cualquier debate sobre las razones y oportunidades del gasto público, sino que además hasta su tratamiento legislativo supone una instancia inédita de diferenciación electoral capaz de revivir una campaña anodina en la que parece estar todo dicho. Todo, menos el poder de imaginación de la política.

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