psicologia
Daños colaterales que la pandemia nos dejó: jóvenes furiosos
Domingo, 24 de octubre de 2021
Por: Cecilia Zabala

Las secuelas económicas son solo una pequeña parte de las consecuencias que la pandemia dejó en el mundo entero. Previsible o no, bien abordada o no, medidas extremas o necesarias... Más allá del análisis que pueda hacerse acerca de las medidas implementadas, a favor o en contra, hay una realidad que subyace, que comienza a mostrar los primeros síntomas, que está encendiendo las alarmas y reclama urgente un abordaje en serio. Hablamos de la salud mental, principalmente de los jóvenes, que están reclamando a gritos -a veces mudos- ayuda.

En las últimas semanas en el país y en Mendoza se conocieron muchos hechos de violencia que involucran a adolescentes. Esto no es nuevo, pero quizás se perciba un incremento en la irascibilidad de los jóvenes que muchas veces se traducen en peleas motivadas por causas insignificantes, que van tomando una escalada que deriva en agresiones.

Podemos citar los casos más recientes, como el ataque perpetrado por un presunto grupo de rugbiers a un joven de 16 años, que le dieron una paliza durante una fiesta en Luján de Cuyo. O el caso del joven Moisés Pérez, que fue brutalmente atacado a la salida de un bar de Chacras de Coria.

El ataque a Moisés Pérez, ocurrido en septiembre.

Son apenas los dos ejemplos más recientes de una larga lista de hechos violentos en torno a una tendencia que se replica a lo largo y ancho del país.

Es probable -a juzgar por las  condiciones en las que se producen estos hechos- que las juntadas donde se consume alcohol y otras sustancias, sean muchas veces la antesala de peleas violentas. 

Pero hay un factor que empieza a emerger como causal: la pandemia. La necesidad de un abordaje serio de la salud mental, sobre todo de los grupos vulnerables (como los adolescentes), espera respuestas urgentes. Lo reclaman ellos mismos: basta con recordar el reclamo de los estudiantes de los colegios de la Universidad Nacional de Cuyo semanas atrás cuando organizaron una sentada sin asistencia a las aulas luego del hecho que se produjo en el DAD cuando una chica de 14 años se tiró desde una altura de casi 5 metros, que se habría sumado a otro hecho similar. 

"Se está notando mucho el aumento de consultas en relación a la ira sobre todo en varones", explicó Mario Lamagrande, psicólogo clínico  (M.P. 1298), docente y magíster. "En general la ira es la expresión de la depresión en los varones, mientras que las mujeres tienen una tendencia hacia la tristeza", agregó.

Esto, sostiene Lamagrande, tiene un fuerte correlato con mayor violencia, mayor consumo de alcohol y otras sustancias. El especialista lo relaciona con las consecuencias de la pandemia: "Se está notando mucho el aumento de estos casos saliendo de la pandemia. Influye mucho la mala situación económica y lo que se vive en las familias. Después de la pandemia aumentó la demanda en asistencia. Creemos que fue un disparador, hubo un escalada de las expectativas y las frustraciones", explicó.

Además, la falta de contacto social, las transiciones entre una etapa y otra que se perdieron, la soledad, son solo algunas de las causas de esto que se está percibiendo.

"Cuando hay tensiones familiares (y de pareja) se traduce a todo el grupo, muchos chicos empiezan a bajar su rendimiento escolar, hay una escalada de los hechos de violencia psicológica, física, simbólica en los distintos ámbitos: familiar, colegio, etc", advirtió el psicólogo.

"Lo que vemos es la punta del iceberg, estamos viendo el desborde, pero detrás de todo esto hay mucho más", sostuvo. "Esto es el caldero y hay que estar preparados como sociedad para ver estas situaciones que desde el ámbito personal se traducen al social".

Además, explicó que hay preocupación dentro de la comunidad de profesionales sobre otros grupos "vulnerables", como los ancianos  y los niños. "Preocupa mucho la población geronte porque hay un fuerte descuido hacia ellos. Son unos de los más afectados por esta pandemia", sostuvo Lamagrande y aquí fue clave el menor contacto social -o nulo en muchos casos- durante la cuarentena.

La salud mental relegada

Aunque imprescindible para lograr una calidad de vida adecuada, la salud mental es subestimada, relegada, ignorada por el sistema en general. "Estamos viendo una situación muy parecida a la del 2001, que la gente empieza el recorrido por los distintos médicos en busca de la causa de sus dolencias y por último van al psicólogo. Van con dolores en el pecho, una sensación de enloquecer, que son algunos de las manifestaciones de trastornos anímicos", sostuvo. 

"Hay una mirada muy biologista y no se tiene en cuenta que desde hace ya varios años las cuestiones psicológicas son las que causan la mayor parte de las enfermedades", advirtió.

Lo cierto es que una de las causas de los mayores casos de depresión fue la pandemia: "Hay distintos tipos de depresión, la reactiva, la biológica, la provocada por el consumo de sustancias, entre otras. Y esta pandemia trajo muchos duelos, hubo muchas pérdidas, que produjeron depresión".

Curación: cuestión de procesos

Uno de los aspectos que Lamagrande resaltó es la necesidad de hacer consultas tempranas con los especialistas. Aunque a veces esto resulte una misión difícil por el no reconocimiento por parte de las obras sociales y desde el sistema público, que le dan al abordaje de la salud mental los recursos necesarios, provocando que conseguir un turno con un psicólogo demore varios meses. 

"La salud mental está devaluada por el sistema, a pesar de que tenemos una ley que la reconoce como un derecho. Muchas veces se estigmatiza a quien requiere un tratamiento por desconocimiento", agregó. 

Por otra parte, explicó que muchas veces se requiere un trabajo interdisciplinario, involucrando al médico psiquiatra. "El tiempo promedio de tratamiento de un trastorno de ansiedad va de 12 a 24 sesiones. No hay soluciones mágicas, es un proceso que las personas deben atravesar".

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