Opinión
Entre el freezer y el horno
Domingo, 24 de octubre de 2021Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

 La discusión por el rumbo inflacionario de la Argentina no es un privilegio de estas épocas, sino el emergente un suceso histórico que viene sumando años y años, no es otro que la puja distributiva por adueñarse de la mayor cantidad de porciones posibles de la torta de la renta de nuestra economía.

Además concurren muchos factores a nivel mundial y otros descriptos en los manuales económicos pero en la Argentina se suma la disputa ideológica inusualmente fuerte por la existencia de un espacio político que pregona una distribución equitativa y superadora de la renta entra capital y trabajo. La propuesta no es novedosa ni mucho menos y cientos de plataformas políticas la hacen suya alrededor del mundo, la diferencia es que en la Argentina esa fuerza u opción política tiene peso serio y ha ejercido la presidencia en 36 de los últimos 76 años de la historia argentina desde que alumbrara a la vida política de este país.

En el contexto de esa puja distributiva, enmarcada según los momentos en excesos de emisión, falta de divisas, movidas especulativas y políticas que se practican a través de los mercados financieros o de consumo, déficit fiscal y un componente muy original de hacer prevalecer la disputa ideológica, y hasta cierto destrato de clase, por sobre las conveniencias económicas o empresariales hacen de la Argentina un modelo único que nos llevó a una original de inflación por inercia o, como diríamos en el café, "por las dudas" que desde hace años vienen planteando los investigadores del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz

La disputa por el congelamiento de precios por 3 meses de unos 1500 productos como medida de último recurso del Gobierno Nacional ante una inflación desbocada -y sin explicaciones teóricas sobre todo en el rubro alimentos- es una clara muestra de cómo juegan varias de las motivaciones extras de la inflación en la Argentina.

Datos conocidos está semana también dan cuenta de ello, la "guerra" entre sectores como siempre suele blanquear información

Así se conocieron, por ejemplo, los balances de algunas de las grandes productoras de alimentos que concentran en sus porfolios la enorme mayoría de lo que consumimos diariamente

Así por ejemplo Molinos Río de la Plata comunicó a la Bolsa de Comercio un resultado positivo de 998 millones de pesos para el primer semestre de este año, casi 90 millones de pesos por encima de lo obtenido en el mismo periodo del pasado. Pero su mejora es aún mucho mayor ya que en 2019 (ultimo año del gobierno anterior) había apuntado un rojo de 1370 millones de pesos. En el periodo indicado de este año Molinos registro ventas según lo informado a la Bolsa por 28 mil millones de pesos.

Por otro lado, Arcor, comunicó para el segundo trimestre de este año un resultado positivo de 4894 millones de pesos que es un 27 por ciento más de lo que obtuvo como ganancia en el primer trimestre del año.

Pagani que controla Mastellone, Dulcería Nacional, Mundo Dulce y Bagley entre otras en 2020 apuntó es sus balances un azul de 4163 millones después que en 2019 había registrado perdidas por 2000 millones de pesos.

Los Grobo de la Familia Grobocopatel que además de ser sojeros por excelencia controlan varios molinos y varias marcas de pastas secas informó a la bolsa rendimientos por encima de los 400 millones de pesos y así sucesivamente con otros grandes concentradores de alimentos como la familia Blaquier con su Ingenio Ledesma que informó ganancias por más de 5000 millones de pesos en el ejercicio cerrado el 31 de mayo.

No hay secreto en los números que muestran cómo termina la puja distributiva o de quién se queda con la tajada de la plata que el Estado puso en la calle para soportar la pandemia (tema del que ya hemos hablado en este espacio) o quién termina recuperando lo que fue al bolsillo de los trabajadores vía mejoras salariales o recuperación del empleo.

El informe de Generación del Ingreso publicado por el INDEC explica porque la recuperación de la actividad observada en la primera parte del año no ha tenido incidencia en reducir los preocupantes índices de pobreza e indigencia, que se mantienen en valores superiores del 40% y el 10% respectivamente.

Según el informe del Instituto de estadísticas en el segundo trimestre de este año el PBI creció un 17.9 %. Sin embargo, la repartija de ese crecimiento fue absolutamente desigual, el sector de las empresas se quedó con casi todo el crecimiento, el excedente de explotación bruto o margen empresarial, se disparó 109% nominal lo que equivale a 39% en términos reales. De esta manera creció 4 puntos su participación en la distribución del ingreso. A pesar de ello la masa salarial permaneció prácticamente estable en valores constantes y la participación de los trabajadores cayó casi 10 puntos porcentuales.

Así la participación de la remuneración al trabajo asalariado cayó entre el segundo trimestre 2021 respecto del 2020 casi 10 puntos (del 49,8% al 40%) por el contrario, como dijimos, el excedente de explotación bruto o margen empresarial pasó del 47% al 50,9% del total.

La puja distributiva en su máxima expresión se transforma en un factor inflacionario tirando precios hacia arriba. Pero ni ponerle coto a esa puja, ni congelar pecios, o frezar la emisión solucionaran una inflación argentina que ya se ha transformado en cultural o, como planteábamos más arriba, en un fenómeno inercial de precios que entran en un espiral ascendente motu proprio, sin que haya acontecimientos de los libros clásicos que apuntalen ese proceso.

La economía argenta tomó una mecánica de funcionamiento y actualización por inflación pasada por lo que nunca corta la cadena de crecimiento. Proceso que se agudizo en el anterior Gobierno que llevo una especie de piso virtual del 20 o 25 por ciento al 45/50. El problema de que la inflación pasada siempre llevarla para adelante sumando el "por las dudas", generan un caso de estudio y de difícil resolución. Uno podría preguntarse por qué otros países de la región que vivieron situaciones similares en las décadas del 70 y del 80 pudieron controlarlo y aquí no. Allí entra a jugar el factor cultural e ideológico que expresamos al comienzo.

El oficialismo se lleva para los meses que vienen dos desafíos fuertes; Que el control temporal de precios sea acatado y a la vez demostrar inteligencia para que ese periodo sea una transición hacia un verdadero programa desinflicionario. Para eso no solo es necesario olvidarse de las recetas de manual sino además sumar un proceso de consensos que hoy ni oficialismo ni oposición -como garantes de ese programa desde el Estado y la política- parecen dispuestos a dar. Lo único concreto es que el Ejecutivo tendrá que hacer equilibrio en una delgada cuerda entre el Frezzer y el Horno.

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