Opinión
La inflación, una carga eterna
Domingo, 17 de octubre de 2021Por Marcelo López.
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

Si entre las causas de la derrota del Gobierno en las PASO está la cuestión económica (como asevera un grupo nutrido de analistas) entonces el oficialismo está semana, justo a un mes de las elecciones legislativas, recibió la peor de las noticias.

El Índice de Precios al Consumidor disparándose nuevamente a 3.5% (exactamente un punto más que el de Agosto) pone en jaque no solo las posibilidades electorales del oficialismo, sino que pone en aprietos al ministro Martín Guzmán que venía sosteniendo que el proceso de baja del índice inflacionario era ya una tendencia irreversible.

El guarismo del INDEC confirma que el equipo gobernante aún no puede saldar la puja distributiva en la Argentina entre los sectores concentrados y la clase media y trabajadora (tal como lo expreso el presidente en el cierre del Coloquio de IDEA) y que sigue siendo el principal factor inflacionario en la Argentina que el establishment disfraza como falta de previsibilidad.

En esta compulsa entre sectores, un Estado que se ofrezca como arbitro de la situación se hace indispensable para ello tiene que tener no solo poder, sino también decisión política y un discurso univoco en cuanto a cuál es su norte, algo que el oficialismo aún no lográ mostrar cabalmente a la sociedad.

En un nuevo 17 de octubre el Frente gobernante recibirá, seguramente, un respaldo popular importante en las calles, sin embargo, en clave de como se sucedieron los acontecimientos para los movilizaciones de hoy y mañana también tendría que leerlo como un marcado reclamo de sus adherentes para fijar un rumbo de ejecución de políticas acordes a las promesas de su campaña electoral una vez que la incidencia de la pandemia parece superada.

En materia económica la vuelta a la normalidad pre pandemia de casi todas las actividades (incluso la turística) le abren al Ejecutivo la posibilidad de empezar a ejercer el mandato según su plataforma electoral y es allí donde los reclamos comenzaran a multiplicarse y se pueden transformar en un efecto boomerang dentro del propio frente con miras al 2023.

En esa carrera por recuperar el favor de la ciudadanía en las urnas queda más que claro que la batalla entre ingresos y precios de los alimentos y artículos de primera necesidad debe ser uno de los temas prioritarios de la gestión.

Desde lo gestual los cambios en el área de comercio interior fueron una señal, pero los gestos son de corto alcance, lo importante son las medidas que darán sustentabilidad, o no, a futuro a las políticas de redistribución del ingreso que servirán para mejorar los ingresos y hacer descender los índices de pobreza y desempleo.

Que los procesos inflacionarios son multicausales ya no es una discusión en materia económica sino una certeza solo negada por quienes defienden los procesos concentradores que prefieren adjudicarle el fenómeno solamente a la emisión monetaria para clausurar la discusión y poder continuar con las concentraciones del reparto de las ganancias de la economía.

Esa idea no es nueva, el servicial medio electrónico Infobae recupero esta semana un viejo, y ya descartado, libro de dos reconocidos economistas liberales y de mercado, Robert Schuettinger y Eamonn Butler, que se titula 4000 años de controles de precios y salarios o como no combatir la inflación. El libro de los reconocidos economistas de la escuela neoliberal comete el mismo error que la enorme mayoría de los economistas mediáticos y de los grupos de poder. Todas las experiencias que relatan (presentadas como un fracaso obviamente) son expuestas sin tener en cuenta los contextos sociales, políticos e históricos. La idea de que la economía es una ciencia exacta y no una ciencia social impera en esos análisis y su forma de entender las políticas económicas lo que deriva siempre en el sonado fracaso de las gestiones que se llevan adelante con esos preceptos y argentina es un laboratorio perfecto para demostrarlo. Aunque también para discutir si esas gestiones son un fracaso o un éxito, ya que en realidad siempre logran su objetivo que es el de concentrar la distribución de la riqueza.

El combate de la inflación en la Argentina es imposible pensarlo si no se comienzan a discutir otras vertientes del fenómeno como las cadenas de comercialización, el reparto de los beneficios o los márgenes de ganancias, sumados a políticas redistributivas claras dónde el propio Estado se transforme en el arbitro de la puja entre los sectores de la sociedad como es materia común en los países que los mediáticos analistas suelen poner como ejemplo.

La pregunta que siempre debería guiar el comienzo de la discusión es por que un viñatero se funde por el precio que le pagan por su uva y un trabajador no puede comprar una botella de vino en el comercio porque sus ingresos no le alcanzan para ello.

No tiene nada de extraño que el Estado intervenga de pleno en esas pujas por la distribución de la riqueza que genera una economía. Lo que acaba de acontecer en la "ejemplar" Alemania, en Berlín con los costos de los alquileres es un claro ejemplo de la intervención del Estado.

La afirmación de que los aumentos salariales traen inmediatamente atada la inflación es cierta, pero lo que no se pone la mesa es el por qué. La realidad por los menos en este particular país de particular economía es que si el empresario A otorga un aumento salarial inmediatamente decreta un aumento de sus productos porque no está dispuesto a resignar ni un punto de su margen de ganancia, ni a recuperar esa ganancia vía mayor venta de sus productos. Algo que el nuevo secretario de Comercio le planteo a los empresarios en la negociación por el congelamiento de precios de 1200 productos por 3 meses: Ganen más por vender más, no por aumentar los precios.

También hay que decir que el nuevo congelamiento por acuerdo o por decreto fracasará si no son usados inteligentemente esos 90 días para discutir y analizar las cadenas de valor y comercialización.

La nueva escalada de precios solo puede tener fundamentos especulativos. Las variables que los economistas y dirigentes empresarios suelen dar para justificar los aumentos de precios están controladas por lo que no justificarían aumento alguno. Según los mismos empresarios y economistas el tipo de cambio está atrasado, los salarios a pesar de las paritarias pierden contra la inflación, las tarifas de los servicios públicos están congeladas o frenadas, el costo financiero disminuyó en algunos casos hasta más del 100 por ciento respecto a los del gobierno anterior, los combustibles después de la seguidilla de aumentos del primer cuatrimestre quedaron fijos hasta fin de año. Entonces si ninguno de los preceptos inflacionarios de los charlistas del establishment juega el partido cuál la explicación. La especulación o la puja distributiva por la renta de la cual también hablo el presidente en el cierre del coloquio de IDEA.

Es obvio que el oficialismo no puede sacar de su agenda el 14 de noviembre, pero si desea tener 2023 no deberá perder un minuto más sin comenzar de pleno a aplicar políticas claras y modernas que contemplen la multiplicidad de factores para combatir la inflación y poner en marcha la economía que hay que recordar que sufrió la pandemia del COVID pero llegó a esta después de una pandemia también económica del gobierno anterior. 

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