Opinión
¿Con la mira en 2023?
Domingo, 10 de octubre de 2021Por Marcelo López Álvarez.
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

En medio de los cambios en la orientación de la campaña electoral por parte del oficialismo, el Gobierno Nacional sigue con la tónica impuesta pocos días después de las PASO, de intentar ocupar el centro de la agenda político mediática con el anuncio permanente de medidas el 99 por ciento centradas en la economía y en lo que se supone redundará en mejoras en el bolsillo de los ciudadanos.

Las medidas siguen la línea de las que se vienen anunciando y salvo alguna excepción (que no termina de conformar) las medidas siguen alcanzando a los mismos sectores los más bajos y los más necesitados de la sociedad. Es claro que el Estado tiene que redoblar esfuerzos en ese colectivo social el más desamparado y el que más necesidades tiene, pero sigue existiendo una especia de olvido o de poca reacción y profundidad de las medidas para la clase media y medio baja, los asalariados, el universo enorme de empleados y sobre todo esa enorme masa que por ingresos se puede considerar en ese rango pero que tiene su economía en negro. Un fenómeno que sabemos es inmensamente usual en la Argentina y que todas las medidas (excepto el IFE) les pasó y les pasa muy lejos.

Pero más allá de las medidas el grande problema que aún no se resuelve y parece ser la madre de las batallas es la puja distributiva que los sectores concentrados mantienen con la sociedad y el propio gobierno teniendo como principal arma la inflación.

El Ejecutivo no acierta en el control de la inflación, sobre todo en el de los precios de los alimentos y los rubros de principal necesidad. Los programas se multiplican, pero terminan siempre centrados en la Capital y en los grandes centros urbanos de la Provincia de Buenos Aires y algunas provincias grandes. Claro ejemplo es el acuerdo de la carne a precios accesibles que solo se consiguen en algunas cadenas de supermercados y las de carnicerías que dependen de un par de frigoríficos. El nuevo acuerdo firmado el jueves es auspicioso, pero mantiene el mismo esquema. Otra vez la enorme mayoría de las localidades de la Argentina solo verán la carne a precio accesible en los noticieros. Sin contar que una vez más el tonelaje destinado al acuerdo esta lejísimos del consumo argentino por más que este cayó a niveles desconocidos.

El cambio sorpresivo de Roberto Feletti por Paula Español puede registrarse como que el Ejecutivo y el Presidente tomaron nota de que había allí una falencia grave. Se vera ahora si solo es maquillaje o hay decisión política de tomar el toro por las astas en materia de precios.

Pero no es la única batalla dura que enfrenta en oficialismo gobernante por estas horas. Como ante cada proceso electoral que le toca enfrentar a los gobiernos del Justicialismo (sobre todo) las presiones devaluatorias para apoderarse rápidamente vía inflación de los recursos que llegan al bolsillo de los trabajadores y para maximizar ganancias de los sectores exportadores renacen con fuerza, amplificadas a su vez por un esquema cambiario que tiene la argentina por su carencia de divisas.

A través de la Comisión Nacional de Valores (CNV) se implementaron nuevas restricciones y controles para ajustar los rulos con bonos que permiten no solo sacar dólares del sistema sino incrementar artificialmente la brecha y ejercer la presión devaluatoria sobre el mercado. Como cada vez que el Ejecutivo toma medidas en este sentido rápidamente son replicadas por el grupo conocido de medios y economistas como una catástrofe. De esta manera se llega a la profecía auto cumplida de una medida que solo regula a una parte mínima de la sociedad sino y del propio empresariado, se transforme en un problema para todos.

La medida de la CNV fue acompañada desde el Central por un límite al adelanto de importaciones ante una catarata de importadores y pseudo importadores que salieron a adelantar compras en el exterior sin ninguna justificación productiva (en casi la mayoría de los casos) sino simplemente como una maniobra especulativa ante su profético anuncio de devaluaciones inevitables. En el contexto de manta corta de divisas por la época del año otra vez se configura el escenario para lograr la profecía autocumplida y llegar al objetivo de una nueva disparada del dólar.

El Ejecutivo busca cuidar los dólares en meses del año donde la entrada de divisas escasea hasta que llegue el nuevo ciclo de liquidaciones del agro. Una reiterada muestra de la necesidad imperiosa que tiene el país de industrializar sus exportaciones de cualquier rubro para que los ciclos exportadores y de liquidación de divisas sean constantes. El camino es, obviamente, desalentar la exportación de productos primarios y fomentar la de valor agregado.

Allí radica otra de las grandes peleas no de este gobierno sino de todos los que quieren cambiar o, para ser más exactos, mejorar el modelo exportador primarizado de nuestro país. Se sabe lo que pasa cada vez que un gobierno actúa en ese sentido tocando por ejemplo las retenciones a las exportaciones primarias y reduciendo las de productos de valor agregado.

Una de las medidas que tomo precisamente este gobierno fue la de reducir a cero los derechos de exportación de las economías regionales que en enorme cantidad de casos son producciones con valor agregado y mucha mano de obra. Sin embargo, las voces de aliento o beneplácito por esas medidas fueron nulas o escasas. Es lógico las entidades del campo (salvo honrosas excepciones) están copadas por representantes del sector exportador super primarizado, a tal grado que varias hasta rechazaron participar del Consejo Agroindustrial Argentino.

Las elecciones están cerca, pero las medidas que va tomando día a día el Gobierno Nacional dan la idea de que sus cañones no están puestos en el 14 de noviembre sino en octubre pero de 2023.

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Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202