El pueblo sanjuanino lloró la despedida terrenal del ciclista Nicolás Naranjo
Martes, 14 de septiembre de 2021

Mediodía del martes. El portón de la cancha de Sportivo Rivadavia permanece abierto, pero no todos pueden pasar. Afuera el ambiente es de crudo silencio. Miradas perdidas, cabezas bajas, mucha tristeza para despedir a Nicolás Naranjo, quien perdió la vida trágicamente por las graves heridas sufridas luego de una terrible caída sufrida mientras disputaba una carrera en el Velódromo de Mendoza. Adentro sólo hay lugar para familiares y amigos.

El cuerpo todavía no llega pero el dolor invade cada rincón del lugar. La madre del ciclista se quiebra, pero resiste. Atraviesa el momento que ningún padre debería pasar. Llora, intenta encontrar consuelo en los brazos de parientes y conocidos. Hace lo que puede, inmersa en una situación desesperante. Las escenas son desgarradoras. La mujer del joven pedalero también está allí, las lágrimas recorren sus mejillas a mares.

Poco después de las 12.30, los restos de Naranjo llegaron en la camioneta de la cochería Lanusse. Alguien coloca una bandera argentina sobre el ataúd que sujetado por allegados, es trasladado hasta la carpa en la que esperan sus seres queridos. Todo sucede entre aplausos y al grito de 'Dale Campeón'. La angustia es inmensa y se percibe en cada rincón de la cancha del Rojo, el club de los amores de Nico. Los hinchas, también presentes, llenaron los alambrados de banderas.

La ceremonia para la familia es breve, no se extiende por más de 20 minutos. En algún momento comienza a sonar un pequeño parlante con canciones de despedida. Sin embargo, la música no llega a tapar los gritos que retumban en cada rincón.

Entre los presentes se encuentra Nicolás Tivani, destrozado. Amigo y colega, no puede contener el llanto. Una ambulancia llega para asistir a quien lo necesite. Es que la tristeza comienza a calar en el cuerpo, el dolor es tan profundo que el físico lo empieza a sentir. Cerca de las 13, Ricardo Dillon arriba al club para darle el último adiós a Naranjo.

Finalmente, las puertas se abren y la ceremonia deja de ser íntima para ser popular. La gente que se acercó a despedir al joven de la sonrisa grande, comienza a pasar. Hinchas, vecinos, conocidos. Todos tienen la necesidad de saludar por última vez al campeón. Y darle las gracias por cada alegría.

Fuente: Diario de Cuyo/Diario El Zonda

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