Salas emblemáticas
Un recorrido por la historia del Teatro Nacional Cervantes que cumple 100 años
Martes, 7 de septiembre de 2021

A un siglo de la fundación del emblemático Teatro, el Ministerio de Cultura de la Nación recorre en su sitio parte de su historia y cómo llegó a convertirse en patrimonio cultural de todos los argentinos. Además, su director Rubén D'audia cuenta sobre los proyectos, sueños y desafíos al frente del organismo a un siglo de su fundación, su experiencia en contexto de pandemia, y sobre la importancia de tener un teatro nacional en el país.

La actriz, directora y empresaria teatral española María Ana de Jesús Guerrero Torija, más conocida como María Guerrero (1867-1928), siempre soñó con dirigir y actuar en un teatro esplendoroso. Le rogaba a su padre que por favor comprase el Teatro de Madrid, pero no tuvo éxito. Fue recién cuando se casó con Fernando Díaz de Mendoza, otro amante de las artes escénicas, que pudo concretar ese deseo sin límites de construir un espacio magnífico y bello por donde se lo mire. Y lo construyeron en Buenos Aires.

María Guerrero era una aristócrata a la española. Su generosidad sin límites impulsó siempre las acciones del matrimonio. Foto. Sitio Ministerio de Cultura de la Nación. 

Inspirada en la arquitectura de la Universidad de Alcalá de Henares (construida entre 1514 y 1533), cada rincón de España se puso a trabajar y embarcaron azulejos, telones, maderas y mármoles. Diez ciudades y setecientas personas trabajaron en el proyecto. La intención era reproducir un estilo renacentista y copiar la mayor cantidad de modelos clásicos que existían en distintos edificios de España.

Viviendo en un pequeño sector de aquel edificio en obra, invirtieron todos sus ahorros, préstamos y aportes voluntarios de los prestigiosos círculos sociales, financieros y artísticos de Buenos Aires. El matrimonio Guerrero y Díaz de Mendoza -junto con sus tres hijos Fernando, Carlos y María, que también formaban parte de la compañía- levantaron aquel teatro anhelado al que decidieron llamar Teatro Cervantes, en homenaje al mentor del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

En 1918 fue cuando el matrimonio le encargó a los arquitectos Aranda y Repetto la construcción del Teatro, en un terreno ubicado en la esquina de Libertad y Córdoba. Buscaban que fuera "no sólo una sala de espectáculos, sino un monumento de belleza a la gloria del arte español, una síntesis del solar de la raza". La construcción comenzó en 1920; y la grandiosa fiesta de inauguración, exactamente hace cien años: el 5 de septiembre de 1921.

María Guerrero muestra a Díaz de Mendoza y a otros acompañantes los planos del Cervantes en un diario de la época. Foto: Ministerio de Cultura de la Nación. 

La sala principal se creó para que sea el verdadero corazón del teatro. Tiene el diseño del teatro clásico en forma de herradura y actualmente una capacidad para 870 espectadores en total, distribuidos en una platea para 400 personas y cinco niveles alternando palcos bajos, balcón y altos, la tertulia, el paraíso y la barra. Ese corazón hoy se llama Sala María Guerrero.

El 5 de septiembre se realizó la gran fiesta de inauguración del Teatro Cervantes y fue tapa de todos los diarios de la época. El evento constituyó un verdadero acontecimiento cultural y social que convocó a los artistas, intelectuales y políticos más influyentes de principios de siglo.

Las palabras de apertura estuvieron a cargo de Fernando Díaz de Mendoza, quién leyó los versos del autor español Eduardo Marquina.

"Nuestro hijo vive, desde este momento, por vosotros; palpitáis en sus entrañas; le dais con el alma, el sentimiento: oíd, en lo que callamos, lo que hemos de decir... Vive él; los que lo soñamos ya no podemos morir".

Desde que abrió las puertas hasta 1926, el Teatro fue puro esplendor. Contaba con un repertorio incluía autores españoles, europeos clásicos y contemporáneos, como también obras de autores locales. Participaban compañías inglesa, francesas, rusas, alemanas, italianas que llenaban las salas con puestas en escena de obras dramáticas, sinfónicas clásicas, festivales a beneficios, conciertos con coros, orquesta, y baile de cierre. Además, los conciertos de música clásica eran transmitidos por radio, la novedad tecnológica del momento.

La programación del Teatro Cervantes era similar a la de otras salas de prestigio dedicadas al teatro europeo, como el Odeón, donde actuara durante muchas temporadas María Guerrero. En paralelo, desde 1920 en adelante se produce el florecimiento del teatro nacional, en que las compañías locales inician sus primeras giras por Europa y Latinoamérica.

La compañía María Guerrero-Díaz de Mendoza no solo estaba a cargo de la logística del teatro sino que también estrenaba sus obras, sobre todo durante los primeros tres años, ya que a fines de 1925 se desencadena una crisis económica irreversible. De 1925 a 1927, solo dos compañías nacionales actúan en el Cervantes.

Los altos costos de mantenimiento y la falta de habilidad para la administración de Fernando Díaz de Mendoza derivaron en un fuerte endeudamiento. En 1926, cuando la deuda alcanzó una suma millonaria, el matrimonio se vio obligado a rematar el edificio en una subasta pública.

La prensa del momento anticipaba que el Cervantes se convertiría en un casino y cabaret. Entre los amigos de María y Fernando se destacaba el autor argentino Enrique García Velloso que, en ese entonces, tenía el cargo de vicedirector del Conservatorio. Alborotado por los rumores, García Velloso intervino y planteó la posibilidad de convertir el Cervantes en sede del teatro oficial.

"Todos ustedes conocen esta soberbia casa de arte y todos están al cabo de las desventuras financieras que, desde antes de su terminación, pesaron sobre sus ilustres iniciadores y propietarios (...) El Teatro Cervantes está perdido para ellos. De un momento a otro se producirá el ‘crack' definitivo y pensando dolorosamente que el magnífico teatro pase a manos mercenarias, aconsejo al gobierno nacional su rápida adquisición y su entrega a la Comisión de Bellas Artes".

Esta moción fue apoyada por artistas y personas vinculadas al teatro quienes solicitaron una audiencia con el presidente de la Nación Marcelo T. de Alvear para promover la adquisición del Teatro por parte del gobierno.

El 16 de julio de 1926, el Banco Hipotecario Nacional vende en pública subasta el Teatro Cervantes y el teatro es adquirido por el Banco Nación. Hasta que el Congreso aprueba el contrato de compra del Teatro Cervantes, el Banco Nación da en arrendamiento el teatro por cinco años al gobierno. A partir de allí en el Cervantes se dictan todas las clases del Conservatorio Nacional, de música, danza y arte escénico.

En 1932 el Estado cancela la deuda al Banco Nación por la compra del Teatro Cervantes. El Cervantes se convierte en propiedad de todos los argentinos y argentinas.

Ruben D'audia asumió como director general en enero del 2020. Durante su gestión solo pudo estrenar a sala llena Teoría King Kong; luego llegaron los tiempos del asilamiento social, preventivo y obligatorio. A continuación, nos cuenta proyectos, sueños y desafíos al frente del emblemático Teatro a cien años de su fundación; la experiencia a un año y medio de la pandemia, y sobre la importancia de tener un teatro nacional como el Cervantes en el país.

Rubén D'audia, director del Teatro Nacional Cervantes. 

-¿Qué significa para el país tener un Teatro Nacional como el Cervantes?

-Es muy importante para cualquier política cultural que se quiera desarrollar, que necesariamente debe tener en cuenta la expresión de las artes escénicas, poder contar con un teatro nacional. Porque es un instrumento, un articulador de políticas relacionadas a las artes escénicas que pueden desarrollarse a lo largo y ancho del país. El Teatro Nacional Cervantes es la expresión del Estado Nacional en las artes escénicas. Y la posibilidad, a través de esa instancia de producción y realización como es el Teatro Nacional Cervantes, de poder generar contenidos que puedan ser accesibles a los hombres y mujeres de nuestra patria. Al mismo tiempo, poder llevar adelante políticas de promoción en cuanto a la producción de nuestros artistas. Ahí también está la posibilidad de seleccionar proyectos que tengan, en principio, una calidad necesaria como para estar en los escenarios del Cervantes. Y pensamos los escenarios del Cervantes como escenarios de todo el país. Es decir, la posibilidad del Cervantes como Teatro Nacional que pueda producir, promover, apoyar la acción de distintos artistas, en distintos lugares de nuestro país. Luego, además, la posibilidad de llevar adelante políticas que tengan que ver con la formación, la capacitación, la divulgación de lo que significa el teatro. Es una herramienta que el Estado Nacional tiene, utiliza, en pos de garantizar el acceso a los bienes culturales de nuestra sociedad.

-Desde que asumió, hubo una clara orientación del Teatro hacia una perspectiva bien federal, con diversidad de estéticas y narrativas. ¿A lo largo de este último siglo hubo distintas formas de entender y difundir las propuestas del Teatro?

-Cuando el ministro Bauer nos convocó para llevar adelante la gestión del Teatro Nacional Cervantes, entre las indicaciones que nos dio, fue que el Teatro tenga una expresión federal. En el sentido más amplio del término. Nosotros entendemos la federalización no solo como la posibilidad de poder generar espectáculos que después salgan de gira, sino como una política que articule experiencias, talentos, deseos en distintas jurisdicciones y provincias de nuestro país. Entonces, el Teatro puede funcionar como el motor que ayude a muchas y muchos artistas, que están en toda la Argentina, a desarrollar sus proyectos. Y aportando, por supuesto, la experiencia que tiene el Cervantes a lo largo de estos últimos cien años. Entendemos que es fundamental esta política de federalización. A lo largo de la historia, el Teatro Cervantes ha tenido y sufrido los vaivenes de la Argentina, con distintas gestiones de gobierno que, claramente, desde el Estado se visualiza de distintos modos. El Estado es siempre un espacio de tensión, de disputa, y muchas veces quienes están a cargo perciben que lo que importa es una cosa; y otros, otra. Quienes estamos ahora, percibimos que lo importante es esto: federalizar los contenidos y que nuestra sociedad se pueda apropiar del Cervantes: algo público de todas y todos.

-¿Qué se proyecta para los próximos meses (intensificación, focalización, incrementos de algo en particular)?

-En principio, estamos trabajando para terminar de cumplir con los compromisos que el Cervantes tenía con distintos grupos, elencos y artistas que habían sido curados por la gestión de Alejandro Tantanián, y que por la pandemia nos fue atrasando estrenos. Todavía tenemos pendientes para este 2021 y, seguramente, para el 2022 muchos de esos espectáculos. Al mismo tiempo, ya pudiendo llevar adelante algunos proyectos propios de esta gestión, tenemos pensado todo lo que es la profundización de la línea de trabajo con el sistema educativo -a través de Cervantes Educación-. Ya hay más de dos mil escuelas de distintos niveles inscriptas y trabajando con nuestros equipos de gestión cultural. También, tenemos pensado la profundización de las acciones que llevan o apuntan para lograr accesibilidad para las personas sordas y ciegas; que se democratice muchos más los contenidos culturales, y esto que mencionamos antes: desarrollar producciones en las provincias. En estos días, estamos cerrando una convocatoria de producciones federales que estamos recibiendo para, luego, hacer una selección. Esta convocatoria, por primera vez, contempla a un espectáculo de danza contemporánea en las provincias. Para 2022, se va a continuar trabajando en esa línea, para poder llevar adelante algunos proyectos más en las provincias.

-¿Qué balance realiza en relación con todo lo que llevó adelante el ciclo Cervantes Online?

-Hoy el ciclo Cervantes Online, que ya es una herramienta poderosa que tiene el Teatro Nacional Cervantes (la posibilidad de que el público acceda de manera virtual a los distintos contenidos), es una instancia que ha tomado una fuerza muy grande en el contexto de emergencia sanitaria. Tuvimos más de un millón y medio de visualizaciones; más de treinta y ocho mil suscripciones al canal de Youtube del Teatro. Con lo cual, no solo es una herramienta que nosotros sostenemos y cuidamos, sino que también entendemos que va a tener relevancia en el futuro. Porque tuvimos un intercambio muy virtuoso, en relación con personas que viven en las provincias y en el exterior, y es a través de esta modalidad que nos brindan las tecnologías de la información y la comunicación, de poder acceder desde cualquier parte, mediante una pantalla, compartir e interiorizarse sobre una producción teatral, ciclo de charlas, instancias de formación, etc. Para nosotros es muy valioso y algo que debemos sostener y profundizar. Tenemos que pensar que es una herramienta que nos ayuda a distribuir capital cultural, ampliar la audiencia, las personas que puedan estar en contacto con lo que el Teatro Nacional Cervantes está produciendo.

-En este sentido y estando más cerca de una nueva normalidad, ¿cree que el teatro presencial y el videoteatro van a seguir conviviendo?

-Sí, entendemos que sí. Si bien entendemos el hecho teatral como algo que sucede en un tiempo y lugar, donde hay actores que transmiten un contenido, y un público presencial que percibe y vive esa acción, también entendemos (y la experiencia nos indica que ha sido muy positivo) que la posibilidad de ciertos contenidos que produjimos y vamos a producir tengan un registro audiovisual de calidad que, luego, una vez que las obras finalicen su vida sobre el escenario estén a disposición del gran público. Entonces, quien quiera que esté habitando cualquier lugar del mundo puede entrar en nuestra plataforma y tomar contacto con ese contenido. Creemos que es una herramienta que debemos seguir utilizando. Es una posibilidad que nos da la tecnología y que no podemos desaprovechar, porque en última instancia cumple el objetivo que tiene el Teatro Nacional Cervantes: el de garantizar el acceso al capital cultural para todos y todas.

-Con las experiencias del último año y medio, en términos artísticos y, sobre todo, humanos, ¿el teatro se torna más importante que nunca? ¿Por qué es necesario tener teatro?

-Fue y sigue siendo, el hecho de poder las actividades del Teatro en medio de una pandemia con condicionamientos muy fuertes. Fue una instancia de aprendizaje muy profundo, porque puertas adentro nos dio la posibilidad de pensar entre todos los trabajadores y trabajadoras del Teatro cuál era la mejor manera de que el Teatro siguiera vivo, funcionando, una posibilidad para tantos artistas de nuestro país. Entonces, desde ahí hay una experiencia rica, además de dolorosas, pero rica en cuanto a las posibilidades que tenemos con nuestros equipos técnicos, de comunicación, administrativos, que han sabido adaptarse a la nueva modalidad y, así y todo, pudimos seguir adelante con la actividad básica que tiene el Teatro que es producir obras. Entendemos también que no estamos descubriendo nada: la cultura es importantísima en momento cuando la situación social, económica están muy aquejadas por situaciones como esta pandemia. Y el teatro como expresión cultural de nuestros pueblos -un teatro que tenemos el orgullo en la Argentina de contar con una comunidad teatrea muy pujante y creativa; el teatro argentino está reconocido a nivel mundial por su altísima calidad-, por supuesto que lo tomamos como una actividad humana esencial para poder seguir transitando esta época que nos ha tocado vivir. La cultura y las artes generan la posibilidad de ampliar nuestros horizontes, de extender la mirada, de "abrir la cabeza" como se dice en las charlas de café. En ese sentido, somos conscientes de que tenemos una responsabilidad muy alta en cuanto a la necesidad de producir un teatro de calidad, de excelencia y que, al mismo tiempo, pueda llegar a todos los habitantes de nuestro país.

Fuentes: Teatro Nacional Argentino/ Beatriz Seibel en "Historia del Teatro Nacional Cervantes (1921-2010)"/Gisela Bebezon, en Si esas paredes hablaran. / Sitio web del Ministerio de Cultura de la Nación.


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