Desilusión y apatía: la fórmula ganadora
Domingo, 22 de agosto de 2021Por Luis Ábrego
Por: Luis Ábrego

A tres semanas de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) el recurrente y siempre demandado "clima electoral" sigue sin aparecer, lo que agrega más escepticismo a una elección ya de por sí atípica al desarrollarse en un contexto inédito de pandemia.

Hasta el momento, en Mendoza, los movimientos de los frentes y sus candidatos estuvieron sólo condicionados por las decisiones de la Justicia en relación a la conformación de las listas. Poco de propuestas y ni siquiera pizcas del folclore de chicanas que siempre condimentan los comicios. Y esta semana no fue la excepción con el nuevo aval que confirmó la decisión que el polémico juez con competencia electoral, Walter Bento, terminó produciendo sobre la posibilidad de que Rodolfo Suárez ocupe un lugar en la boleta del Frente Cambia Mendoza (FCM) como senador nacional suplente.

Y si bien lo de Bento fue una sentencia con fórceps que el oficialismo finalmente terminó festejando, no hubo tiempo para nuevos relajamientos pues luego la expectativa se trasladó a la decisión de la Cámara Nacional Electoral (CNE) donde había insistido con su impugnación Vamos Mendocinos (FVM) el frente capitaneado por el Partido Demócrata (PD) y sus nuevos socios de la Coalición Cívica (CC) y el MendoExit.

Un enigma que finalmente quedó develado esta semana con una ratificación en la que, con fallo dividido, la CNE se pronunció a favor sobre la constitucionalidad de la presencia del gobernador como candidato. Ese dos a uno del tribunal, sin embargo, dejó con gusto a poco a los armadores del Gobierno que esperaban una señal más contundente en esta instancia, que no dejara resquicio legal por el cual se siguiera cuestionando la postulación para cerrar así definitivamente esa polémica. Pero ello no sucedió.

Será ahora la Corte Suprema de la Nación, tras otra apelación gansa, la que tendrá la posibilidad final de terminar el pleito o dar vuelta el curso de esa candidatura, tal vez con una victoria demasiado trabajosa para los radicales y sus socios, o por el contrario; con un revés muy duro que pueda hacer tambalear su estrategia de "poner toda la carne en el asador", como definió el ex mandatario y ahora cabeza de lista Alfredo Cornejo al momento del anuncio oficial. Aunque para que esto suceda, será la propia CNE la que deberá habilitar primero la intervención de la Corte.

Y si bien la tensión seguirá presente hasta que se agoten las instancias judiciales en torno a este tema, la campaña electoral no termina de trasladarse desde los escritos y las apelaciones en los estrados, todos de argumentación jurídica, al verdadero terreno de la interacción con los ciudadanos más allá de los spots: en la calle y en los barrios, donde efectivamente se consiguen los votos con los cuales se ganan o se pierden las elecciones.

Es que a las condicionantes sanitarias que han frezzado en esta ocasión los actos masivos, o las convocatorias multitudinarias de las recorridas, se le suma además un contexto extremadamente adverso para el proselitismo, marcado por las urgencias socioeconómicas, pero también por una creciente sensación de desencanto que vuelve a cernirse sobre toda la clase política.

Tal vez un acumulado de 51,8% de inflación anualizada, o más de un 10% de desempleo producto de los barquinazos de la economía a los que la pandemia le puso la cereza del postre con el cierre de 90 mil pymes, según datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), que dejaron sin empleo a 100 mil argentinos en 2020, puedan explicar con precisión esa mezcla de desesperanza y abulia con la que los ciudadanos no parecen advertir, en esta elección, el golpe de timón que todos suponen que este país necesita pero no acierta.

Pero también la certera constatación que mientras el miedo y la incertidumbre se apoderaban de todo el mundo, y en Argentina se establecía uno de los cierres más duros y prolongados por la pandemia, en la residencia presidencial de Olivos las normas de la cuarentena no se cumplían. Así, la política, y en especial la de quien dictaba las reglas, que con el tiempo se mostraron excesivas, quedaron expuestas como un privilegio insostenible. Capaz de burlar la ley, pero también el esfuerzo de quienes seguramente perdieron algo en algún sentido, en este tiempo: desde lo humano a lo material pasando por lo emocional o afectivo.

La foto del Olivos Gate ha vuelto a poner en discusión, a menos de un mes para las elecciones, el inmenso abismo entre los ciudadanos y su clase dirigente, más allá de las imputaciones legales o morales que puedan hacerse sobre la irresponsabilidad de Fabiola Yáñez o las titubeantes y escasas explicaciones de Alberto Fernández.

Lo que está claro es que tanto en la desilusión como en la apatía de aquellos que ya no encuentran caminos ni atajos para llegar a fin de mes, con una canasta básica total que ronda los 70 mil pesos, es donde está esa falta de fervor que en algún momento supieron generar las elecciones en Argentina.

De hecho, para los encuestadores del Frente de Todos (FdT) la cantidad de indecisos en Mendoza ronda el 40% (cifra que sin embargo el oficialismo cree exagerada) y durante esta semana admitió que la difusión de la foto (y luego videos) del cumpleaños de la primera dama ha impactado en su propia base electoral, sin dudas; pero también en la todos los actores de la política cuya imagen positiva habría caído entre un 2 y un 6%. Una preocupación adicional entonces para Anabel Fernández Sagasti y Adolfo Bermejo.

Enojados, empobrecidos y desesperanzados, la recta final de cara al 12 de setiembre parece cada vez más próxima, pero también cada vez menos atractiva. Es que la democracia es además un ejercicio de repetición en el que cada dos años se renueva o se suscribe un contrato que a las luces de lo actuado (y lo vivido) hoy aparece devaluado e ineficaz en términos de soluciones capaces de mejorar la calidad de vida.

Por lo pronto, la desilusión y la apatía parecen haberle ganado la pulseada a la bronca y la resignación, todos candidatos sin partido a la espera de mejores vientos capaz de destronarlos en su ¿fugaz? liderazgo de estos tiempos.

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