Opinión
Salarios, precios, deuda y Fondo: el rompecabezas de la campaña
Domingo, 22 de agosto de 2021Por Marcelo López
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

 Los días que nos separan del 12 de septiembre pasan rápidamente. La campaña va tomando forma con una apatía importante de una parte de la población, según anuncian diversos encuestadores y tuvo un primer síntoma en las recientes elecciones provinciales salteñas.

Mientras, la realidad y los acontecimientos propios de intentar reordenar y encender la economía -nada más y nada menos que en convivencia con la pandemia- siguen su marcha.

Nuevamente los números de la semana fueron dispares. Si bien se nota una desaceleración importante en los porcentajes de aumento y crecimiento, los valores de las canastas básicas del INDEC para establecer los límites de pobreza e indigencia siguen marcando valores altísimos y muy lejos del salario mínimo y del salario promedio de los trabajadores argentinos.

La canasta básica (que marca el umbral para no caer en la pobreza) de Julio para una familia de dos adultos y dos menores fue de $67.576,66. El último dato sobre salarios del Indec (el mes que viene se conocerán los resultados del segundo trimestre) marca que el ingreso promedio de los trabajadores argentinos esta orillando los 40 mil pesos para redondear el cálculo. El dato es contundente; un matrimonio trabajando los dos y cobrando un sueldo cercano al promedio apenas llega a sobrepasar esa línea. Es, sin dudas, el gran desafío del gobierno recomponer el bolsillo de enorme clase trabajadora argentina ya sea formal o informal después de las dos pandemias que atravesó la economía en los últimos cinco años.

Junto con estos valores, poco tranquilizantes, se informaron los que confirman que la reactivación industrial y económica comienza lentamente. Incluso en algunos sectores con valores prepandemia o aún mejores que los dos últimos años de la gestión del PRO y la UCR. Poner en marcha la actividad industrial, la construcción, etcétera es el primer paso fundamental para poder recuperar empleos y salarios y comenzar la cadena de crecimiento.

Más allá de toda la hojarasca que cubrió la visibilidad en el arranque de la campaña, mostrar avances como los detallados más arriba será fundamental para el Gobierno Nacional para lograr un buen resultado electoral.

En la agenda de la semana política se coló el tema de la deuda con la llegada a la campaña del ex presidente Mauricio Macri ( que ya sin el asesoramiento de Jaime Durán Barba) pisó fácil la trampa que le tendió la vicepresidenta y salió a defender el endeudamiento de su gestión con un nivel de desconocimiento que solo tiene dos explicaciones; o no sabe de lo que habla o alguno de los economistas responsables del desastre que tiene a su alrededor le escribió una ficción para que repitiera a sabiendas que nadie le repreguntaría ni lo interrumpiría.

Para que quede claro el tema de la deuda vamos a recurrir a los números oficiales publicados en la pagina del Ministerio de Economía de la Nación durante su gestión y la actual.

En diciembre de 2015 al asumir Mauricio Macri la deuda representaba el 52.6 % del PBI al retirarse de la presidencia la deuda equivalía al 90.2 por ciento del PBI. El crecimiento se explica por dos razones, la explosión de endeudamiento (de 240 mil millones de dólares en diciembre de 2015 a 323 mil millones de dólares en diciembre de 2019) y el feroz achique de la economía argentina en esos años (el PBI paso de 600 mil millones de dólares a 400 mil millones).

Pero además la composición de los acreedores de la deuda también empeoró notablemente. A la entrega del mando en diciembre de 2015 un 12% estaba comprometido con acreedores privados y pasó al 33 por ciento en manos de los fondos internacionales y privados que terminaron llevando al proceso de renegociación que encaro y culminó este gobierno al principio de su mandato. En tanto los compromisos con el FMI equivalían al 6.3% en 2015 y saltó, después del mega préstamo, al 20 por ciento. Además también se multiplicó la deuda en pesos de tal forma que el propio Mauricio Macri y su ministro de Hacienda, Hernán Lacunza (que ahora funge de opinador serial en los estudios de TV) declararon un histórico e incomprensible default de la deuda interna en pesos.

Sobre la deuda el Ejecutivo Nacional sigue trabajando en sigilo y con la participación de más actores de los que se supone en la negociación con el FMI. Entre viernes y sábado se multiplicaron las versiones periodísticas y en el mundillo de los newsletter político económicos que el acuerdo está cerrado y sería anunciado después de las elecciones de octubre.

Afirman que el entendimiento pasaría por el famoso acuerdo de facilidades extendidas que contemplaría cuatro o cinco años de gracia, la desaparición de la famosa sobretasa a los países muy endeudados y una especie de clausula gatillo de que si el directorio del Fondo aprueba cambios de condiciones generales que fueran más beneficiosas para la Argentina se aplicarían inmediatamente.

Poco de habla de lo que debería poner Argentina a cambio, hay quienes dicen que solo será la famosa convergencia fiscal hacía un déficit cero sobre el final del segundo año del gobierno que suceda a este primer mandato de Alberto Fernández. Parece demasiado poco para una oferta del Fondo que sale de los estándares convencionales y que ya tendría el visto bueno del miembro del directorio más poderoso, los Estados Unidos.

Es imposible no preguntarse si el organismo internacional ha cambiado tanto. Por de pronto, para pensar y analizar, esta semana se conoció un interesantísimo trabajo de la CELAG ( Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica) firmado por el subdirector de la Celag, el Doctor en Economía Guillermo Oglietti y un joven mendocino Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública de la UNCuyo, Lisandro Vergara Amodeo.

El trabajo bajo el título "A Fondo con(tra) Latinoamérica: las razones que explican el fracaso del FMI en la región" incursiona en el comportamiento del organismo internacional en las últimas décadas y su participación inevitable, e imposible de esconder, en todas las crisis de los países de la región que asistió.

El resumen ejecutivo del trabajo que compartimos a continuación es suficiente, cuando se lee, para entender gran parte de lo que le pasó a Argentina en las ya varias décadas (excepto años circunstanciales con gobiernos locales de ideas muy claras y marcadas) que el organismo tiene o intenta tener incidencia en las decisiones locales junto a los famosos mercados.

Los investigadores entre las conclusiones aseguran que

· El poder del FMI radica en que discrecionalmente puede rechazar solicitudes de crédito, exigir políticas antipopulares sin asumir responsabilidad, desconocer la legitimidad de un Gobierno y, en cambio, prestarle dinero a un Gobierno de facto. Le basta con hacer declaraciones, informes, proyecciones económicas o "country reports" negativos para desatar tormentas especulativas en los mercados.

· ¿Quién maneja ese poder? EE. UU. tiene votos para impedir cualquier cambio relevante, y con unos pocos aliados puede aprobar lo que desee.

· Sus directivos y personal no son elegidos en base al mérito sino a la geografía. El reparto de los dos primeros cargos ejecutivos entre ciudadanos de EE. UU. y Europa es un arcaísmo que hasta el Vaticano ha podido superar.

· No hay pluralidad de pensamiento económico. No existe representación relevante de funcionarios provenientes de los países asiáticos de desarrollo reciente, que son quienes más podrían aportar para contribuir al desarrollo latinoamericano.

· El poder del Fondo no refleja la estructura multipolar actual.

· Existen grandes problemas de falta de ética y de "puertas giratorias" en el FMI. Entre los directores gerentes europeos de las tres últimas décadas, encontramos un 60 % de casos de "puertas giratorias" comprobadas, y otro 60 % con faltas de ética probadas -y en algunos casos condenadas-.

· Entre los subdirectores gerentes primeros, de origen estadounidense, encontramos un 75 % de problemas de "puertas giratorias" y 25 % de falta de ética.

· No sorprenden estos casos porque el FMI carece de buenas prácticas para disuadir las peores conductas de sus directivos y desconoce los problemas de agencia del directorio y el staff.

· Sorprende este diseño permisivo con su staff porque contrasta con las exigencias de buena gobernanza y anticorrupción que el Fondo les hace a los países que supervisa. Sorprende que tanto poder no tenga más control.

· El monto promedio de los acuerdos de crédito que otorga el Fondo para estabilizar la región ha aumentado unas 70 veces. Parece que sus políticas, implementadas en toda la región, han fracasado en el objetivo fundacional de estabilización.

· Un tercio de los 404 créditos que otorgó el Fondo en su historia fueron otorgados a Gobiernos de facto y no se otorgó ninguno a Venezuela para enfrentar la pandemia.

· Apenas un 10 % de los acuerdos y casi un 3 % de los fondos fueron concedidos a Gobiernos latinoamericanos soberanistas.

En estas circunstancias es preciso y necesario reiterar la pregunta si en verdad el Fondo cambio tanto, pero también interrogarse si un gobierno que ha mostrado hasta ahora serios problemas de comunicación será capaz de hacer de un buen acuerdo una buena noticia que le despeje los últimos dos años de mandato.

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