Colonización a la inversa, cuando miles de argentinos dicen adiós
Domingo, 8 de agosto de 2021Escribe: Myriam Ruiz.

Nuevamente en los consulados extranjeros hay larguísimas colas de argentinos, mayormente jóvenes, buscando la oportunidad de emigrar al exterior con al menos la tranquilidad de irse con una visa o con la ciudadanía heredada de abuelos y ancestros. Nuevamente, la Argentina se desangra por las venas abiertas de Ezeiza, de gente que buscará, en el mundo desconocido, esas oportunidades de estudio, trabajo y proyección personal que no tuvo en nuestro país.

El proceso de emigración de Argentina es uno de los marcadores más fuertes, en nuestra historia reciente, de las crisis que ha ido pasando el país y de las que nunca salimos bien parados. Por el contrario, da la sensación que de cada crisis retrocedemos, como en el Juego de la Oca, varios casilleros hacia atrás.

Y qué buscan los jóvenes, familias enteras que están dejando el país nuevamente para volver a la "madre patria, España" o a países más complicados por el idioma pero de alta calidad de vida como Dinamarca; Alemania; Inglaterra; Irlanda; Canadá; Estados Unidos; Italia o Nueva Zelanda? Buscan ese futuro que aquí ya sus padres no han podido, luego de décadas de trabajo, obtener.

La incertidumbre económica es lo que empuja a los jóvenes a irse de la tierra que los vio nacer. Al revés que sus abuelos y bisabuelos, la mayoría de los cuales llegaron en el siglo 18 e inicios del 19 a poner su pala y sus semillas en este querido país en un proceso que dio nacimiento a la Argentina que hoy conocemos. Miles de personas hoy hacen el viaje contrario, la "descolonización de estas pampas"... vuelven con sus petates no ya en barcos antiguos sino en aviones, a la vieja tierra que expulsó por otros motivos seguramente, a nuestros viejos.

Inflación para el desmayo; falta de trabajo (desde hace una década Argentina no genera ni un solo puesto de trabajo genuino, en el sector privado. O sea empresas nacen y mueren pero el mercado laboral ha retrocedido, tras las crisis, a nivel del 2011); y sobre todo falta de previsión hacia el futuro es lo que lleva a miles (millones de personas a lo largo de décadas) a irse del país.

Una encuesta de hace un mes atrás reveló que de 200 entrevistas diarias que se realizan en el país pregunta a argentinos si tuvieran la oportunidad estarían interesados en vivir en el extranjero: el 80% responde que sí.

Sin embargo, mirando un poquito más hondo. La profundidad indica que la migración es un proceso que marca siempre desafíos históricos que atraviesan las naciones. En muchos casos se producen por guerras o procesos étnicos; en muchos otros, como el nuestro, por el devenir económico.

Leo cientos de títulos por día, anécdotas que se replican en diarios de familias completas que buscarán en otros países esa posibilidad que no le da el nuestro: trabajo; mejor educación para sus hijos; mejores condiciones para crecer y desarrollarse... en fin, una calidad de vida distinta a la que han logrado aquí.

Y por supuesto están quienes piensan que no tienen que irse. Como si "irse a otro país fuera una afrenta" o, dicho de otro modo, quedarse a pelearla fuera "hacer Patria".

En verdad, que lo que realmente necesita una Nación para hacerse cargo de tal título es generar las condiciones históricas, presentes y futuras para que nuestros hijos encuentren aquí, cerca de sus familias, no sólo el hogar sino además la noción de que podrán desarrollarse ellos y sus hijos.

En las entrevistas que realizan a quienes están en el proceso de irse, o a quienes ya viven en el extranjero la característica sobresaliente es la "frustración". De sus dos siglos de historia, Argentina ha perdido uno en procesos que marcan una aceleración económica que dura sólo un par de años, para caer luego en crisis macroeconómicas dolorosas.

Lejos están los gobiernos (los de hoy y los de siempre) de poder frenar esa migración con planes que intentarán dar empleo a 50 mil jóvenes, como el que acaban de lanzar desde la Nación.

Tenemos que revernos como sociedad. Resetear la manera de entendernos como país y volver a dar pensando en que nuestra nación, con las riquezas naturales que posee, necesita de grandeza de pensamiento. Trazar un nuevo camino que nos lleve más allá de las penurias y de los gobiernos de turno, una ruta directa a una vida mejor.

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