Columna del domingo
Hay otro camino
Domingo, 11 de julio de 2021Escribe: Marcelo López Álvarez.

La carrera hacia el proceso electoral comenzó, se percibe en el ambiente, en las declaraciones, y también en los primeros lanzamientos de candidaturas ya en forma oficial.

Los tiempos de la política necesariamente marcan la cancha y establecen reglas de juego a la economía y al andar del país, no es novedad ni es tampoco algo que no pase en cada latitud del planeta.

También es cierto que las discusiones que se llevan los titulares son importantes pero bien vale preguntarse hasta dónde interesan a al electorado y sobre todo a esa enorme mayoría que no está hiper politizada, ni sobre informada y toma alguna decisión (con suerte) apenas un par de semanas antes de concurrir al cuarto oscuro, por lo general basándose en sus propias realidades y una interpretación de estas que seguro es bastante distinta a la que se genera desde los medios y usinas de formación de opinión a ambos lados del Río Bravo.

Los temas de la agenda mediática y política tienen una repercusión cierta en la vida diaria. Sin dudas, no es lo mismo que el Mercosur tenga aranceles comunes o no para importar protegiendo a nuestros productores e industriales. No es lo mismo que el Gobierno tome la decisión de seguir considerando como único actor en la negociación por precios, al tradicional partido agrario o los grandes industriales, a que siente a esa mesa también a cooperativas, pymes, productores sociales etc.

Todas esas medidas, tarde o temprano, repercuten en la diaria de nuestros bolsillos y de nuestra integración a la sociedad. Sin embargo, por alguna razón, vinculada seguramente a la comunicación y la política, no son percibidas por la esa enorme mayoría en esa dimensión.

En ese ambiente ganan entonces espacio las minorías intensas que pueden desarrollar políticas (por lo general de odio) que por goteo terminan produciendo, igual que el agua en la roca, una degradación de la calidad no solo del debate sino también de la convivencia en la sociedad.

En ese esquema se dice y se acepta cualquier cosa, se propaga como realidad -en el mejor de los casos- cualquier fantasía o interpretación forzada de la realidad y cuando no se instalan directamente mentiras.

El psicoanalista y pensador argentino, Jorge Alemán, instalado haca ya casí 40 años en España, escribió esta semana una indispensable columna sobre estas discusiones que apuntan más a la profundización del odio que del amor.

Dice Alemán en su columna; "Ya no produce sorpresa alguna que la derecha pueda decir cualquier cosa y agotar todas las estrategias de la difamación. Lo hacen en distintos lugares del mundo según distintas intensidades. La condición de que se pueda organizar un sistema de insultos sin coherencia interna, sin relación ni con la verdad ni con la ética, está directamente relacionada con que se busca premeditadamente suscitar una densa atmósfera de odio. Los discursos difamantes y mentirosos no buscan atacar al discurso que se les opone, eso es sólo una apariencia, se proponen más bien atacar a la propia existencia del otro, un otro que ya no es un adversario ni siquiera un enemigo sino "algo" que no debería existir y que habría que extirpar, expulsar, borrarlo de la realidad.

En el caso argentino esta operación adquiere otra intensidad y realiza una nueva vuelta de tuerca: no se odia a los opositores, adversarios o enemigos, se odia al propio país que un buen día permitió que esos sectores existieran".

Pero. ¿Es al azar que las derechas hayan tomado ese camino y se note un accionar calcado, no solo en métodos sino hasta en palabras y caracterizaciones? Segura y comprobablemente no.

Como dice Alemán "¿Qué es lo que asegura el odio, cuál es su ventaja primordial? Tal como demostró Freud el odio insultante es un gran cohesionador de grandes grupos sin pasar por el dificultoso trámite de los argumentos. Los argumentos conllevan cierta posibilidad dialéctica, el odio solo quiere destruir. El odio amalgama a distintos seres, que se desresponsabilizan de ellos mismos odiando a un objeto exterior que existe solo como blanco de las imputaciones. La cuestión es que hay mucha gente que no quiere saber nada de su responsabilidad frente a la historia y el odio es su coartada perfecta: las almas inocentes constituyen la audiencia de los depredadores. Destaquemos que las derechas europeas radicalizadas no han llegado tan lejos, no se han permitido aún odiar a su propia nación".

Las recientes revelaciones sobre las colaboraciones ecuatorianas y argentinas al golpe de estado en Bolivia no hacen más que confirmar que no es un camino aislado sino un programa que tiene terminales que se podrán buscar seguramente con cierta facilidad.

Pero el gran interrogante sigue siendo si hay otros caminos, otras formas de intentar llegar a los mismos objetivos de inclusión y progreso, pero explorando nuevos caminos.

El dirigente agrario Pedro Peretti, a quien nadie puede tildar de opositor, asegura reiteradamente que el gobierno tiene una visión demasiado porteña de la situación y se pregunta por qué el Estado no sienta en la misma en el mismo momento a la Mesa de Enlace, los frigoríficos exportadores, los frigoríficos cooperativos y de pueblo y los actores de las producciones regionales y familiares. Hay que crear un debate ideológico y de modelos, pero desde adentro mismo, suele reafirmar.

La realidad indica que hay otro camino, que hay formas de generar oportunidades para los pequeños productores, de escala social, regional y con verdadero derrame en las comunidades y no en las transferencias a paraísos fiscales.

En estas horas Mendoza es protagonista de uno de esos ejemplos que merecen el involucramiento más activo de todos los sectores. Estuvo por Mendoza, Carolina Colagreco, mano derecha empresarial y de gestión en el país (además de hermana) de Mauro Colagreco el mejor chef argentino en el mundo poseedor de dos estrellas Michelin y dueño de Mirazur el restaurant número uno del mundo en 2019.

Carolina en silencio, y con el bajo perfil que la caracteriza, estuvo en Malargüe con los productores de chivos de la Cooperativa Kume Matrü trabajando en una posible adquisición de sus productos para incorporar una hamburguesa de chivo a la carta de la cadena de hamburguesas CARNE del propio Colagreco.

La unión parece navegar hacia buen puerto, pero no es solamente vender chivos a Colagreco, es entrar en toda una cadena de asesoramiento, mejora de la producción, difusión, conocimiento, internacionalización y un ciento de etcéteras que no son creados desde las corporaciones sino desde la responsabilidad social y con la posibilidad de producir derrames reales en poblaciones y economías en las cuales son más los debes que los haberes.

Claro que replicar estos ejemplos no es un camino fácil. Requiere esfuerzo, dedicación extra, sacrificio y mucha, pero mucha conciencia y voluntad. Pero es el camino para explorar, no solo porque necesitamos mejorar la distribución de los ingresos sino porque alguna vez hay que comenzar a construir alternativas de cambio para no permanecer ni morir rehenes de las corporaciones y de un modelo que, a esta altura, ya ha demostrado su fracaso en un mundo cada vez más pobre y desigual.

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