Opinión
De "jugar con fuego" a forjar una sociedad por sobre la grieta
Domingo, 6 de junio de 2021Por Luis Ábrego - Entre Paréntesis.

Los vaivenes de la política nacional son difíciles de seguir hasta para los más entrenados, pues los cambios de opiniones, la abundancia de gestos que contradicen acciones y la habitual pirotécnica de dimes y diretes, siempre ofrecen momentos sorpresivos.

Es bien sabido por todos las tensiones constantes que existen entre Mendoza y la Nación, agudizados por el manejo de la pandemia, y en particular, por la apertura de escuelas que sostiene, inflexible, Rodolfo Suarez.

En ese contexto, Alberto Fernández advirtió severamente a comienzos de la semana a aquellos distritos que desobedecieron su sugerencia de mantener las aulas cerradas y los acusó de que "están jugando con fuego", y que de persistir en esa postura "van a quemar a la gente".

Se trató de un claro mensaje para responsabilizar sobre una eventual catástrofe sanitaria a destinatarios puntuales, opositores o distanciados del Presidente, como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mendoza y Córdoba; aunque esta última, en una semana, habilitó y luego volvió a suspender la presencialidad escolar.

Es que tras el fin del reciente aislamiento estricto que todas las jurisdicciones acataron, las tres mencionadas autorizaron la vuelta a clases sin distinciones en una clara muestra de diferenciarse de la Nación. Aún más, Mendoza ya había adelantado que no iba a acatar el nuevo confinamiento previsto para este fin de semana, con lo cual extremó una autonomía que irrita a la Casa Rosada.

Está claro que ese nuevo cruce, teledirigido, no configuraba la mejor antesala para la confirmación de una nueva visita presidencial. En el universo de la política vernácula, hasta un simple acto protocolar debe ser leído como un aval o, por el contrario, como un desplante fruto de diferencias mayores como las que en este tiempo han friccionado constantemente la relación entre Suarez y Fernández.

Sin embargo, nobleza obliga, desde ambos extremos de la relación buscan que esa distancia política no impida la convivencia o que, al menos, llegue a negar directamente al adversario como sucedió en otros gobiernos kirchneristas. Aunque la procesión vaya por dentro.

Es por ello que no llamó la atención entonces que el anuncio de la capitalización por parte de los estados nacional y provincial de Industrias Pescarmona Sociedad Anónima (IMPSA), pudiera recibir aquí al Presidente por segunda vez en casi tres meses, tras su anterior paso para el accidentado acto de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) en el marco de la Fiesta Nacional de la Vendimia.

El acuerdo silencioso que la Nación y la Provincia fueron tejiendo en torno al salvataje de IMPSA tuvo como protagonistas a los ministros Matías Kulfas y Enrique Vaquié en representación de la Nación y Mendoza, respectivamente. Ambos coincidieron en la necesidad del aporte de capital que sacara a la empresa de terapia intensiva, pero debía encontrarse una manera que le impidiera al Gobierno nacional repetir el error que cometió en Santa Fe con Vicentín.

El salvataje debía ser lo suficientemente necesario para que no se considerara una expropiación y para ello era imprescindible apelar al capital simbólico de la empresa (720 puestos de trabajo directo, miles de manera indirecta a través de las pymes que funcionan como proveedoras, desarrollo tecnológico e innovador, capacidad exportadora) y el peso emblemático que la firma creada por la familia Pescarmona en 1907 supo tener, siempre vinculada a la de una industria estratégica como la metalmecánica, proveedora de grandes obras de infraestructura o energéticas.

Sobre esos elementos giró la negociación en la que todos los involucrados terminaron ganando al final de la partida. Un win-win que facilitó que al menos por unas horas se dejaran de lado enconos, desconfianzas, chicanas (tampoco alusiones a la polémica de las clases) para que Fernández y Suarez pudieran compartir un amable y elogioso acto conjunto, como si la grieta no existiera. Una rareza del catálogo reciente al que nos acostumbró la dirigencia.

Está claro que los 15 millones de dólares (1.300 millones de pesos) que pondrá la Nación y los 5 millones de dólares (más de 400 millones de pesos) que colocará Mendoza, y que convierten ahora a ambos estados en accionistas mayoritarios de la compañía, no fueron obstáculos en una conversación que duró un año y en el que -se sabía- tendría final feliz.

Todo ello pese a que Mendoza no cuenta con ese dinero disponible que será fondeado con Aportes del Tesoro Nacional (ATN) tanto para el pago del monto de ingreso como para las cuotas cuatrimestrales que la Provincia habrá de pagar hasta diciembre de 2022. Podría decirse que Suarez compró sin plata, pues su parte de la capitalización la pondrá enteramente la Nación.

Sin embargo, esta nueva sociedad que el presidente y el gobernador fraguaron con toda la efusividad que la distancia social permite, no se tradujo en un aplauso unánime. Por el contrario, muchos sectores empresarios creen que mientras a IMPSA le dan esta nueva oportunidad, diversas firmas, de todos los tamaños, sufren a diario las consecuencias de los vaivenes económicos a los que se les sumó el daño, aún inconmensurable, de la pandemia.

Además, ven con preocupación el manejo que la política pueda hacer allí, en especial como caja partidaria o bolsa de empleo. O lo que podría ser aún peor, según remarcó el titular de la Unión Industrial de Mendoza (UIM) Mauricio Badaloni: que se transforme en una empresa que "no produzca nada, como Astilleros Río Santiago".

También el "efecto IMPSA" causó una división en el mismo oficialismo del Frente Cambia Mendoza. En especial con la postura que enarboló el diputado nacional Omar De Marchi, quien tuvo duros cuestionamientos hacia la decisión de Suarez a la que directamente consideró "un error". Y hasta aventuró que, en el futuro, el Estado deberá volver a invertir para evitar la descapitalización con el riesgo de que se convierta en un barril sin fondo para la Provincia.

La respuesta oficial a las críticas pareció darla el mismo día del acto el godoicruceño Tadeo García Zalazar quien marcó el deseo de lo que se pretende para el futuro de la empresa. Más asociado al modelo de Investigaciones Asociadas (INVAP) que pertenece a la provincia de Río Negro bajo el amparo de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el Instituto Balseiro de nuestra Universidad Nacional de Cuyo para el desarrollo de reactores nucleares, satélites o generadores eólicos. Y más alejado de los desvaríos financieros de Aerolíneas Argentinas, agregó el intendente anfitrión. En ambas, efectivamente, el Estado está presente.

Lo que queda claro es que la capitalización de IMPSA supone la inmensa oportunidad de sanear una empresa acorralada por las dificultades financieras a la que el Estado debió rescatar para evitar un colapso mayor que se hubiera traducido en pérdida de empleos, y la imposibilidad de generar divisas tan necesarias para el país.

Desde Casa de Gobierno entienden que será ahora responsabilidad de la Nación "conseguir obras" para que la empresa cumpla su cometido, aunque desde aquí no descartan hacerla jugar en el desarrollo de la política energética a través de parques eólicos; aunque sin dudas, la gran apuesta es que esté en óptimas condiciones para encarar denominada la obra del siglo: Portezuelo del Viento. 

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