Aplicando el concepto de John Stuart Mill
"Ningún problema económico tiene una solución puramente económica"
Domingo, 6 de junio de 2021Myriam Ruiz - @myriamruizbarrio

Cuando esta semana el presidente Alberto Fernández anunció en Mendoza la capitalización conjunta con el gobierno de Rodolfo Suárez de IMPSA, Industrias Metalúrgicas Pescarmona, varias agujas se movieron en distintas direcciones y en distintos sectores de la Argentina, desde lo industrial hasta lo social.

Impsa fue definida por el Presidente de la Nación como "estratégica para el país". Y realmente es así, como también es un ícono, una insignia de lo que fue la industria mendocina en sus mejores momentos. Impsa, con más de 700 empleados, ha dejado su marca de gran industria metalúrgica en todos los países del mundo en los que su momento construyó parques eólicos, gigantescas grúas industriales y, por supuesto, gigantescas turbinas para las represas más grandes del planeta.

Sólo hay 5 empresas de esta envergadura económica y tecnológica en todo el mundo. Impsa es una de ellas.

Fernández también dijo que "la historia de IMPSA es la historia de la Argentina". Y ciertamente que es así. Durante el acto uno no podía dejar de preguntarse: ¿cómo llega una empresa de esa talla a caer en distintos procesos de endeudamiento y salvataje que culmina con la necesidad de que el Estado argentino y mendocino tengan que hacerse cargo de levantarla nuevamente? Pues, seguramente lo que ha pasado a miles de fábricas y empresas a lo largo de las últimas décadas, golpeadas por los altísimos costos de producción, la falta de rentabilidad y, ciertamente, apuñaladas por la nula confianza que ha recopilado el país en inversores internacionales debido al vaivén en las políticas públicas durante décadas.

Al iniciar este 2021 ya los principales industriales del país advertían que el año vendría difícil para recuperar la inversión y el empleo. Caída de la demanda; incertidumbre sobre la economía; y las normas que pesan sobre el mercado laboral fueron algunas de las conclusiones presentadas.

Sólo un número de los tantos que hay por investigar y cambiar. El uso de la capacidad instalada en la industria volvió, en este tiempo de pandemia, a niveles del peor momento económico del país: el 2002. O sea, retrocedimos 20 años.

Si me preguntan, detrás del Presidente y del Gobernador en el acto de IMPSA estaban quienes deberían ser los verdaderos protagonistas de este relato: la fuerza industrial y tecnológica de vanguardia instalada dentro de esa empresa; el cuerpo de obreros, técnicos e ingenieros que dan vida a semejantes monstruos tecnológicos; y las turbinas, claro, esas gigantescas piezas que darán vida luego a centrales hidroeléctricas que terminarán dando electricidad a países o regiones completas.

No existe una turbina, por enorme y hermosa que sea como la Kaplan, que no requiera de un núcleo que sea capaz de hacer el trabajo que hay que hacer. Ese motor es el que toma la energía del agua y la transforma en energía que da luz, calor, vida.

Del mismo modo, no hay país que sea capaz de mover los mecanismos de su economía si no tiene ese núcleo aceitado y puesto al día. Esa cadena de apoyo, inversión, financiamiento, visión económica y productiva puesta al servicio del crecimiento de pymes, productores e industria.

Argentina tiene una presión tributaria elevada que supera el 40% sobre el sector formal y una alícuota a la reinversión de utilidades alta, del 30%, mientras que el promedio de América Latina es del 25% y en los países de la OCDE es del 23%.

Además, el financiamiento al sector privado en la Argentina es el más bajo de la región, del 10,8% del PBI, frente a un 55,7% de promedio en los países latinoamericanos. Todo esto forma parte del pedido que ha hecho la UIA al gobierno nacional previendo una recuperación de la actividad este año, pero teniendo en cuenta que ese alcance va a depender de la normalización de las regulaciones en el mercado de trabajo, así como de impulso concreto a la inversión y el crédito. 

La recuperación económica de la Argentina y de Mendoza es tan necesaria como urgente. Y todos los engranajes de la cadena productiva y comercial deben estar aceitados, trabajando como un todo para llegar a ese resultado. 

Al fin y al cabo, hay un pensamiento brillante que dejó John Stuart Mill y trascendió: "Ningún problema económico tiene una solución puramente económica". 

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