Opinión
La revolución alimentaria que aún afecta nuestra economía
Domingo, 30 de mayo de 2021Por Marcelo López
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

 La necesidad del alimento, el sustento diario fue protagonista de episodios destacados en la historia mundial. Las más de las veces protagonista de transformaciones intensas y revolucionarias ya sea por desatar revueltas o por entregar proteínas a la fuerza trabajadora necesaria para el funcionamiento de la economía.

El 22 de mayo un hecho convulsionó a la República Popular China, la desaparición física del protagonista principal de una de esas revoluciones que cambiaron el mundo y que hoy pasados poco más de 50 años todavía tienen implicancia en la economía mundial y en la particular situación de la Argentina de estos días donde gran parte de nuestros alimentos bailan al ritmo de los mercados internacionales y cada vez más alejados de la mesa de los argentinos.

El ciclo de la vida se llevó a sus 90 años a Yuan Longping, el ingeniero agrónomo y científico que desarrolló el arroz hibrido, fundamental para terminar con el hambre y cambiar para siempre la economía del gigante asiático, quien quiera profundizar más podrá encontrar excelentes crónicas en el diario español El País o en Página 12.

Solo a modo de resumen diremos apoyándonos, para simplificar, en la nota de Juan Varsavsky en Pagina que cuando Mao decide dar el golpe de timón en la economía china olvido un factor fundamental, la alimentación.

Como impecablemente sintetiza Varsavsky en Pagina "Los experimentos de este agrónomo comenzaron en los '60, cuando Mao quiso industrializar China de un coletazo de dragón con el "Gran Salto Adelante". Movilizó a las masas a producir afuera de las ciudades --represas, caminos, túneles-- e instaló un millón de hornillos en el fondo de las casas campesinas para producir acero. Se apeló al fervor ideológico sin incentivo económico y avanzaron en la colectivización de la tierra, desviando parte de su mano de obra a la ingeniería pública. Sumado a una sequía, fue el peor fracaso de Mao con millones de muertos por hambre entre 1959 y 1963. Eso fue atestiguado por Longping: "No había nada en el campo; se comía pasto, semillas, raíces de helecho, corteza de árbol y arcilla blanca... vi cinco personas junto al camino muertas de inanición". Conmocionado, se propuso "trabajar para que el pueblo chino tenga suficiente comida".

Longping logró después de una década de investigación a principios de los 70 desarrollar un arroz que rendía un 20 por ciento más que el común y siguió evolucionando hasta el super arroz que llega a producir un tercio más que el arroz común con rendimientos de hasta 17.000 kilos por hectárea.

Así Yuan fue el padre de la multiplicación del alimento que termino salvando a China de la hambruna y fundamental para avanzar con el desarrollo industrial y tecnológico. Hoy el 60% de los arrozales chinos cultivan alguna variedad hibrida desarrollada por Yuan y de los 57 millones de toneladas de arroz que producía el gigante asiático a fines de los 50 salto a más de 200 millones de toneladas el año pasado.

Yuan Longping era quizás el último prócer vivo de China y su despedida no fue solo conmovedora en forma presencial sino también en las redes. Weibo, el twitter chino, se llenó de sentidos mensajes de millones de usuarios (ver video de EFE).

Por las realidades socio políticas de China a lo largo de sus miles de años de historia es imposible hacer comparaciones, pero sí es posible pensar el por qué otras regiones ricas en alimentos y producción hoy siguen sufriendo el hambre y la pobreza de sus poblaciones.

Pero escribimos que la revolución de la alimentación china tuvo su repercusión en el resto de la economía mundial y a la Argentina entre los principales beneficiados y perjudicados a la vez. A ese arroz llegó el momento de ponerle la proteína y así China desarrollo la producción de 5.500 millones de animales entre gallinas, cerdos y vacas que se alimentan de la soja y el maíz del mundo, además de los criaderos de peces, que también los alimenta con harinas de cereales además de salir al mundo en busca de esas proteínas ya elaboradas.

El proceso que hoy vive Argentina, con la disparada del precio del maíz y la carne en su mercado interno, está directa e increíblemente relacionado con la historia de este hombre que su desaparición hoy conmueve a los chinos.

El pecado original de los dirigentes argentinos, tanto los que les toca estar circunstancialmente en el Estado como los que les toca estar en la oposición o en la dirigencia de los productores, parecen no tener miradas geopolíticas ni estratégicas de lo que pasa en el mundo y como afecta eso a nuestro país y producción.

Chile a pesar de todos sus errores y horrores lo entendió hace muchísimos años cuando sin distinción de ideologías comprendió que el Estado tenía que controlar estratégicamente su principal commodity y nadie, ni por derecha extrema, por centro derecha por centro izquierda o izquierda, discute tal decisión.

La Argentina también controló sin distinción de ideologías militares, derecha, peronistas o radicales el comercio internacional durante muchísimos años (llámese IAPI, Junta de Carnes, Junta Nacional de Granos etc) sin hacerse cargo de la producción como Codelco con el cobre, pero si con controles estratégicos de la exportación de alimentos privilegiando primero el mercado interno y después las exportaciones.

Ni el Proceso, que después del fracaso de la Revolución Argentina (justo este fin de semana se cumplen 52 años del Cordobazo), entendió que debía desarticular los movimientos industriales y de trabajadores de la peor manera si quería permanecer en el tiempo, se metió con las regulaciones del comercio exterior.

Recién la llegada de la derecha vernácula disfrazada del fenómeno del neoliberalismo a nivel mundial y exageradamente berreta en estas pampas, cubierta por el paraguas del menemismo, fue por todas las regulaciones para proveerle a los centros internacionales de commodities baratos. Pero la aparición de China cambio ese panorama mundial de los productos primarios.

Ni las declaraciones y movimientos de los dirigentes del mal llamado Campo con su Mesa de Enlace cada vez más desprestigiada, ni las de la política -ya sea oficialismo u oposición- parecen entender la magnitud de un problema que no se solucionara ni con ceses de comercialización, ni con retenciones recaudatorias sin sentido a pesar de que podrían ser virtuosas o cierres de exportaciones temporales.

Los países productores que pueden mantener sus alimentos a valores de mercado interno razonables y a la vez exportar a precios internacionales recurren primero que nada a compromisos y conciencia de sus productores con sus sociedades originarias y después a políticas de promoción y subsidios a quienes priorizan el mercado interno por sobre la exportación a sabiendas que la realidad del mundo no la cambia un productor de maíz o cerdo aislado. El reto por delante más que controlar los precios es entender el mundo para a partir de allí sí poder ordenar el patio de nuestra casa.

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