Opinión
Gestión y pandemia: Argentina en modo supervivencia
Domingo, 23 de mayo de 2021Por Myriam Ruiz.
Por: Myriam Ruiz - @myriamruizbarrio

"Que un país no puede tener VEINTICUATRO estrategias sanitarias diferentes ante una situación tan grave. No se puede fragmentar la gestión de la pandemia, porque lo que sucede en cada Provincia o en la ciudad autónoma de Buenos Aires impacta tarde o temprano en las otras zonas del país". Este segmento del DNU que firmó el Presidente Fernández este viernes, por el cual Argentina volvió a Fase 1 en el marco de la tragedia por el coronavirus, engloba y resume lo que debería haberse entendido hace semanas atrás. No es que ahora sea tarde, pero el pico de contagios ya está aquí y, con él, la ola de muertes.

La frase de Fernández, que quedó plasmada entre los considerandos del DNU, es certera. Tal vez el concepto más breve y claro que he escuchado desde el sector político argentino en este año y medio de pandemia.

Fue tan claro el llamado a unir la Argentina toda, en un mismo bloque sólido, compacto, único (in solidum, raíz del concepto de solidaridad) que los gobernadores esta vez respondieron en bloque también.

La gestión de la pandemia es algo que está atravesando a todas las naciones por igual. No hay país que tenga experiencia en algo como lo que se está viviendo, ni manuales de gestión política o social en los que apoyarse para salir adelante. Una crisis como la actual necesariamente desnuda a un gobernante ante su pueblo; y sin dudas, diferencia entre quienes sólo gobiernan y quienes lideran.

Se necesita mucho para liderar en pandemia cuando tienes una realidad que informa por sí misma, a través de muchas vías distintas: los comunicados con los contagiados y fallecidos diarios; la tragedia en la familia de cada argentino; el comercio que cierra sus puertas; los niños que van, y los que no van, a la escuela. Cada una de esas fases de la crisis provocada por el covid, informa y construye ideas e imaginarios en la gente.

La realidad en sí misma es tan cruda que va por delante de cualquier comunicación que pudieran hacer capitales, provincias o naciones. Cuánto más cuidado, entonces, en la manera en que los líderes políticos afronten el caótico escenario.

Comunicadores del mundo político ya han elaborado un ránking de temas y posturas que deberían tomar (y aquellas que no) líderes de todo el mundo. Una de las premisas es hablar con claridad sobre la pandemia e ir a temas concretos. En este sentido uno de los ejemplos mundiales es Ángela Merkel, de Alemania: "Habla como doctora, simple y concisa. La gente no le ha pedido nada más".

Otra de las premisas aceptada es que la pandemia es una tragedia en sí misma. No acepta comunicación política, sino que la gente lo que pide es información pública.

Las frases altisonantes desde el sector político, sin duda, están de más. El propio Presidente pecó de ello esta semana cuando en una entrevista en Radio 10 anticipó que CABA acataría las restricciones: "Al final ¿quién tenía razón?", dijo. No demasiado alejado está el propio Horacio Rodríguez Larreta quien no dejó medio de comunicación por visitar, en las últimas 3 semanas, diciendo que las escuelas no se cerrarían. "Si hay que cerrar, lo último serán las escuelas", fue su frase en esa ocasión mientras algunos medios mostraban protestas en las puertas de los colegios con letreros del estilo "Nos quieren pobres e ignorantes".

En la misma línea Elisa Carrió y su concepto: "Prefiero a un chico con covid, pero que socialice" podría competir con la innecesaria apuesta de Patricia Bullrich: "Pfizer no pidió cambiar la ley ni nada de eso, pidió un seguro de caución que es algo razonable. No pidió los hielos continentales. Bueno, las Islas Malvinas se las podríamos haber dado", tras lo cual hizo mutis por el foro.

En Argentina ha habido, desde el oficialismo y oposición: retrasos, rectificaciones, sobrevaloraciones, sarcasmo. 

"Gobernar y comunicar tiene que ver con gobernar y conectar", escribe Pau Solanilla en un trabajo urgente, en el que además describe a una sociedad siglo xxi desconfiada, hiperconectada y emocional. De allí que se haga tan importante una conexión bidireccional.

"El principal recurso en esta pandemia no es el poder duro (Bolsonaros abstenerse) sino el optimismo, la generosidad para activar la creatividad a nivel social", dice.

Lejos, muy lejos de todo lo que implica la comunicación en estos tiempos trágicos, está el autobombo. Tan importante informar y no dar un paso al costado, como obviar por completo el marketing político.

La épica en los mensajes publicitarios mostrando aviones que llegan con cargamentos de vacunas; o a la petrolera estatal poniendo "luz" en la oscuridad de la pandemia... definitivamente están de más.

El mundo atraviesa un momento en su historia que nunca olvidará. Argentina atraviesa el mismo calvario pero salpimentado por nuestros propios pesares: pobreza, falta de trabajo, inflación, desocupación debido a décadas de gobiernos que no han sabido, ni saben, gobernar para el crecimiento.

Pedir, entonces, a nuestros gobernantes algo de tacto; mucho enfoque en cosas básicas como conseguir vacunas; y que antes de emitir declaraciones piensen en los argentinos que están sobreviviendo o muriendo en este preciso instante. 

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