Opinión
Alineación y balanceo, las claves de Suarez para el nuevo cierre
Domingo, 23 de mayo de 2021Por Luis Ábrego.

Las nuevas restricciones duras que entraron en vigencia este fin de semana en todo el país encontraron a Mendoza en sintonía con la Nación luego de públicos desencuentros y particulares interpretaciones locales de los anteriores decretos de necesidad y urgencia (DNU) que dictó Alberto Fernández.

El confinamiento por 9 días que, en principio, estableció el Presidente contó con el respaldo de todos los gobernadores, tanto aquellos habitualmente encolumnados con la Casa Rosada como otros puntualmente díscolos, como es el caso del porteño Horacio Rodríguez Larreta o el mismo Rodolfo Suarez.

Las razones de la alineación parecen asentarse en el mismo diagnóstico crítico e incontrastable que la pandemia ha ido registrando en todas las jurisdicciones, sin diferencia de color partidario, con saturación generalizada del sistema sanitario y recrudecimiento de los contagios confirmados.

En esa instancia, Mendoza continuó esta semana con un porcentaje de ocupación de camas superior al 94% (94,12%) en el Gran Mendoza y del 92,14% en el resto de la Provincia, pero que sin embargo marcó dos nuevos tristes récords: el de casos diarios y el de fallecidos.

Sin contabilizar los días que aún restan para la finalización de mayo, Mendoza acumuló ya este mes más de 18 mil contagios con casi 500 muertes. Claramente, estamos atravesando uno de los períodos más trágicos y críticos de la pandemia, incluso con incertidumbre sobre su evolución futura. Algo que se trasformó en un dato clave cuyo impacto en Casa de Gobierno posibilitó acceder sin demasiadas condiciones a un cierre de actividades que a todos hace recordar a la Fase 1 de 2020.

Como se dijo, la decisión se trató de una clara alineación con la Nación que Suarez y sus funcionarios se encargaron de remarcar, tal vez sin otro margen de acción, pero que pese al okey al DNU presidencial, tuvo aquí algunas diferencias en cuanto a flexibilizaciones. En especial aquellas que se han establecido en base a lo en el Ejecutivo provincial considera "el equilibrio entre la salud y la economía"; un sube y baja al que en los últimos meses se le adosó un eje central caracterizado como la "educación". Todo con un balanceo de muy difícil concreción.

Es que la polémica por la continuidad de las clases presenciales ha supuesto demasiada fricción con el kirchnerismo y en Casa de Gobierno sopesaron que en esta ocasión no era necesario tensar esa cuerda. Especialmente cuando luego de la reposición del feriado puente del 24 y 25 de mayo los días hábiles de esta semana serán finalmente tres en los cuales la actividad virtual no puede ocasionar mayores inconvenientes, y de paso, podrá contribuir fuertemente a la disminución de circulación de personas que Nación y las provincias habían acordado.

Sn embargo aquí, la insistencia de la comunicación oficial pasó por remarcar que este encierro será, sí o sí, sólo por 9 días y que el lunes 31 de mayo la Provincia volverá al estatus que tenía hasta este viernes pasado. En todo caso, la concesión de sumar a Mendoza al esquema nacional de restricciones propuesto por Fernández sólo tiene una condición: no se extenderá indefinidamente en el tiempo. Una certeza que en la Nación nadie puede asegurar.

Ayer, en el programa Entre Paréntesis por Radio Andina, el ministro de Gobierno, Víctor Ibáñez fundamentó la razón de ser de esa señal de previsibilidad de plazos acotados para este encierro. "Para que las medidas sean efectivas no pueden ser de largo plazo", aseguró, tal vez como una crítica encubierta a la extensa cuarentena del año pasado. Pero también como una validación de la lógica del "on" y "off" con la que el Gobierno ha encarado aperturas y cierres en este tiempo. Algo que el propio Suárez adelantó al asegurar que el 31 de mayo se vuelve a la situación anterior al DNU. Y con ello, al terreno de las polémicas con la oposición. Por lo pronto, tregua.

Mientras tanto, habrá aquí una adecuación que además de la fecha de vencimiento determinada incluye para Mendoza la posibilidad de la práctica de deportes individuales, las salidas recreativas o la extensión del horario para el delivery hasta las 23, cuando el decreto nacional cierra todo a las 18. En síntesis, flexibilizaciones "a la mendocina" que buscan balancear el duro impacto de un nuevo confinamiento.

En alguna medida, con su decisión, Fernández le solucionó a Suarez el intríngulis político que las anteriores interpretaciones locales de las órdenes de la Casa Rosada habían ido generando en la Provincia. Y con un detalle adicional: durante la semana la Nación había reconocido que el Gran Mendoza dejaba de estar bajo la denominación de "Alarma Epidemiológica" y pasaba a "Alto Riesgo", un positivo cambio de rango que el Ejecutivo leyó como un respaldo a su gestión sanitaria.

Es que este nuevo endurecimiento de las restricciones, válido para todo el país (y como se dijo, aceptado por Suarez) pone ahora en la órbita de la Nación la toma de una decisión siempre polémica como son los cierres y que como se ha visto, con su capacidad de afectación de la actividad económica, aunque nadie ponga en duda los efectos positivos para recuperar el sistema sanitario.

Un confinamiento de las características del que volvemos a vivir los argentinos en estos días por imperio de la gravedad epidemiológica logra poner otra vez como actor central de la estrategia sanitaria al Presidente, y deja a los gobernadores como colaboradores y ejecutores de aquellas decisiones centralizadas, aunque previamente discutidas. Un deja vú casi como el de inicio de la pandemia.

O como si en el medio no hubiera pasado más de un año, 3 millones y medio de casos y 73 mil muertos en este país. O como si en todo caso no hubiéramos tenido tantos inconvenientes con la vacunación que tal vez podría haber generado otro escenario, otra fortaleza de inmunidad para esta segunda ola.

Sin embargo, tal vez no sea tiempo de llorar ante la leche derramada y sí de contribuir cada uno desde su lugar. Tanto desde lo individual como desde lo gubernamental, una ecuación de razonabilidad que en estos días terminó primando más que cualquier diferencia puntual o partidaria para acatar este aislamiento.

Todo ello, claro está, muy alejado del lamentable espectáculo político que dejó, también después de un año, la más que esperada visita a la Legislatura de la ministra de Salud, Ana María Nadal. Cruces, chicanas y desaires de una clase política que no sólo no dialoga: ni siquiera se escucha.

Lamentablemente, cada vez que la pandemia entra en la disputa política las miserias afloran de ambos lados de la grieta. Sin embargo, cuando los acuerdos ordenan prioridades, aún en el corto plazo, la razonabilidad le gana a los cultores del atajo. Nada nuevo. Todo visto, así como los constantes embates del Covid que se encargan de refrescar memorias aletargadas.

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