Opinión
Terratenientes de El Estanciero, financistas de Monopoly
Domingo, 23 de mayo de 2021Por Marcelo López Álvarez.
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

Hay momentos en los que una parte de la sociedad argentina se comporta como terratenientes de El Estanciero y financistas de Monopoly. La descripción apunta al comportamiento que muestran esos sectores ante medidas que a ellos les podrían beneficiar o en el peor de los casos ni siquiera les pasan cerca, pero si tocan intereses de sectores agropecuarios, exportadores o financieros concentrados y por lo general en manos extranjeras. Esos colectivos, por lo general integrados por una parte significativa de las clases medias urbanas, reaccionan como si fueran titulares de extensos campos ganaderos o hectáreas importantes de soja o maíz.

La decisión de cerrar una parte de las exportaciones de carne por 30 días es una nueva muestra de esos comportamientos agitados por ciertos sectores mediáticos y políticos. Sin embargo, es difícil encontrar en los espacios dedicados a agitar indignaciones una explicación de algunas de las razones de por qué se llega a este conflicto.

A comienzos de la semana en Radio Andina contamos uno de los génesis del problema y ante el pedido de muchos oyentes que -si bien no lo solemos hacer- retomamos en este espacio profundizando la explicación en un contexto donde los errores de comunicación del Gobierno nacional se vuelven a hacer fuertes.

Quizás lo primero que haya que aclarar para entender que el conflicto no es económico o de producción, sino político y de disputas de poder y de la renta -como también explicábamos aquí la pasada semana- es que el Gobierno finalmente terminó cerrando por 30 días solamente la exportación de carnes a China, uno de los orígenes del problema.

La resolución de cierre temporal dejo en pie las tradicionales exportaciones de carne argentina, la cuota americana y europea. Esa que representa aproximadamente el 7 por ciento el total del mercado de la carne, mientras que el restante 93 se consumía en el mercado interno.

La explosión de la exportación a China fue la que a exportar aproximadamente el 30 % de su producción aunque los datos -a la luz de lo que contaremos- no terminan de ser del todo fiables.

La aparición del gigante asiático y su novedosa vocación por la carne vacuna cambio el mercado, esa historia con la que crecimos de que nosotros comíamos carne barata porque nos almorzábamos y cenábamos las partes de la vaca que no se exportaban, cambio de repente. Si bien la historia nunca fue exactamente cierta, lo que si es cierto es que aparecieron los chinos y se llevan hasta los ojos de la vaca.

El mercado de China demanda carne que antes la exportación no requería, carne con hueso y de baja calidad -que no es la carne que se exporta a Estados Unidos o la cuota Hilton- y cuando se acaba sigue llevando lo que encuentra.

En ese contexto la demanda china se puede cumplir desde cualquier frigorífico o hasta de frigoríficos fantasmas al contrario de la cuota Hilton o la americana que tienen estrictos estándares de control y habilitación para los establecimientos donde se faena y se envasan sus exportaciones.

Ante el crecimiento de la demanda de carne de baja calidad y sin demasiados requerimientos aparecieron de repente una serie de nuevos jugadores y operadores en el mercado, muchos de ellos a través de empresas y sociedades recientemente conformadas sin establecimiento que lo que hacían -o hacen- era comprar las vacas en Liniers, llevarlas a un frigorífico de terceros, faenar y subirlas al barco

Tan informales o fuera del negocio tradicional estos jugadores que además hicieron de la subfacturación y la triangulación de las exportaciones un elemento común, la diferencia la ingresaban vía Uruguay en el blue o el contado con liquid recibiendo 140 pesos por dólar multiplicando sus ganancias astronómicamente por sobre las de cualquier exportador por derecha.

Según conto el colega Raúl Dellatorre el viernes, solo el jueves con los controles cruzados que viene realizando la AFIP junto el Ministerio de Agricultura, se le retiro de la licencia para exportar a cinco frigoríficos que no sólo no contaban con instalaciones, sino que, en al menos dos casos, habían declarado un domicilio falso. Esto se suma a las casi 40 sanciones que ya había establecido la Administración Federal a otros tantos frigoríficos y exportadores por irregularidades de diversos tipos incluida la subfacturación de las exportaciones.

Entre enero y marzo la AFIP detectó cerca de 1000 operaciones irregulares ya sea por quién eran los actores, el precio o las cantidades, lo que llevó a fijar valores de referencia. Se establecieron casos donde la diferencia entre estos valores y lo facturado superaba el 500 %.

La aparición de estos elementos, cuasi piratas, en este juego es un punto central en la historia. La exportación de carnes a China se convirtió entonces en un negocio de una ganancia exorbitante para personajes que ni siquiera tienen capital comprometido, porque van a Liniers compran las vacas las llevan a un frigorífico y de allí las subían al barco, truchando además una parte importante de la factura de exportación. Para que se entienda más fácil, muy parecido a un trasladista de vino. Compra la uva la lleva a una bodega elabora y después vende el vino. No hace falta explicar en Mendoza las rugosidades de ese mercado.

El crecimiento de este modelo fue exponencial en apenas cuatro o cinco años y explica el salto de las exportaciones de carne del 7 al 30 %. Tanto creció el negocio que frigoríficos medianos o grandes armaron alguna sociedad paralela o comenzaron a alquilarle parte de sus instalaciones a los aventureros. Estas explosiones también tienen explicaciones o cómplices como el proceso de desregulación sin parangón -y casi puerta de entrada al delito- que llevó adelante el Gobierno anterior.

El desarrollo del nuevo mercado y modalidad fue tal que estos noveles exportadores comenzaron a demandar cada vez más hacienda ofreciendo precios fuera de toda lógica y en efectivo para hacerse de las vacas ya sea en Liniers o en la tranquera de los campos, tirando todos los valores para arriba, no importa cual fuera la calidad del animal.

El desarrollo de los precios impulsados fundamentalmente por el furor exportador (los envíos al exterior crecieron 279% desde 2015, mientras el mercado interno caía de 58.6 kg per capita a 43.7) también marcaron precios de referencia en el mercado interno. La tonelada de carne de la cuota Hilton tiene un valor de unos 10 mil dólares basta ver el kilo de lomo en una carnicería para notar que el acompañamiento es perfecto. Lo mismo pasa con la carne con hueso y los cortes del asado, el kilo sale a China entre 6 y 8 dólares, otro espejo perfecto del precio del asado en el mostrador.

Sin embargo, al igual que en casi todas las economías regionales el productor sigue siendo el más perjudicado, ese kilo que sale al mercado internacional y llega al mostrador argentino dolarizado al productor se le abona unos 200 pesos en promedio. Una vez más las ganancias quedan en intermediarios, frigoríficos etc.

Aumentar la producción en este marco de demanda China tampoco parece ser una solución ya el mercado asiático por su tamaño y consumo de alimentos es una aspiradora sin fin. Más producís más te compran por lo que el problema es infinito. La ganadería argentina está en condiciones de elevar rápidamente su producción aumentando el índice de destete que hoy está apenas está en el 60%, pero si vemos los números desde 2015 a 2019 se registra un incremento del stock ganadero del 4.9% y de un 14,5% en las faenas llegando a 13,9 millones por año. Conclusión el aumento de producción ni fue al mercado interno, ni bajo los precios en mostrador. Todo lo absorbió la demanda internacional y empujo los precios internos para arriba.

Las negociaciones con la mesa ganadera del Consejo Agroalimentario Argentina comenzaron este jueves y podrían encontrar algún punto de consenso en esta semana que se inicia. Por de pronto las dos partes están de acuerdo en algo, hace falta limpiar el mercado de los arribistas y recién llegados, donde no aparece aún un acuerdo es la exigencia del Gobierno en respetar y aumentar la cantidad de kilos destinados al programa de carne con precios accesibles y encontrar una forma de extenderlo también a una porción importante de las carnicerías y que no quede solo en las góndolas de los supermercados.

¿Hay soluciones sin tomar medidas drásticas? Difícilmente. Sin embargo, el abanico de posibilidades es amplio. ¿Hasta dónde llega? depende de la imaginación de quienes tienen que tomar decisiones y de comprender que la relación con el sector de alimentos en un país que es productor y elaborador primario de ellos y está, además, ultra necesitado de divisas no es ni será sencilla. Es un tema que no se podrá solucionar sin entender que la política y los mercados también son conflicto.

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