Columna del domingo
La feroz puja redistributiva
Domingo, 16 de mayo de 2021Escribe Marcelo López Álvarez.

El Gobierno nacional convive con dos dolores de cabeza importantes que no son otros que los más que conocidos pandemia e inflación. Uno aqueja al equipo desde el primer día de gestión, el otro llegó a los pocos meses y amenaza con prolongarse más de lo esperado.

El mandato de Alberto Fernández arrancó con una inflación altísima y un aparato productivo y una economía al borde de una crisis terminal, después de cuatro años de aplicar políticas de manual que sostienen que la inflación es solo un problema de cuántos billetes circulan por la economía. Una visión reduccionista solo teórica que descarta una infinidad de factores que van desde la conformación macroeconómica de la Argentina hasta la puja distributiva propia del capitalismo, sin contar los componentes ideológicos y políticos que también cruzan la complejidad del entuerto en nuestras tierras, como está quedando demostrado en estos días.

Más allá de las destempladas, y fuera de todo registro lógico, declaraciones y opiniones de una parte de la dirigencia política, un grupo de comunicadores y esa parte ya inclasificable de la Justicia argentina, el Gobierno parece haber encontrado cierto rumbo con la pandemia. El operativo de vacunación encontró ritmo, que dependerá de lo que pase a nivel mundial con los proveedores de vacunas. Queda aún la tarea difícil de que la mayor parte de la sociedad responda solidariamente y con cuidados para que el invierno que llega con un número elevadísimo de casos diarios no se transforme en una catástrofe sanitaria. Esa solidaridad y comprensión también debe incluir el entendimiento de la sociedad de que (al igual que en Europa y en el Norte americano) durante los meses crudos seguramente habrá que restringir más actividades y del Gobierno que deberá -al igual que el año pasado- salir fuertemente al auxilio de varios sectores económicos y sociales.

El frente económico externo también tuvo una semana de alivio, la gira europea del Presidente cosechó lo que parece ser un apoyo de las naciones europeas de relación tradicional con la Argentina y la primera reunión cara a cara con la titular del Fondo Kristalina Georgieva también se presentó como provechosa.

Las noticias trajeron un poco de calma con el rebote de los bonos argentinos y la baja del riesgo país. Datos que miran algunos con pasión pero que la realidad ya demostró que son intrascendentes y solo forman parte de la timba financiera mundial que hasta el propio presidente de los Estados Unidos denuncia por estos días.

Sí es cierto que hay una sensación que se podría llegar a algún acuerdo con el FMI que incluya una reformulación de intereses quitando las ya famosas sobretasas y una extensión excepcional en los plazos de pago. El primer paso vendría de la mano del Club de Paris que anunciaría una extensión del plazo de pago para la Argentina en breve.

Todo lo contrario, parece acontecer en el frente interno. No hay forma de ponerle techo a la inflación en la Argentina. Por derecha, por centro o por izquierda todos los intentos de controlar el mal o por lo menos de dejarlo estable en los valores mundiales han fracasado. También ha fracasado la academia que no se ha puesto a desentrañar o estudiar en profundidad la particularidad argentina del fenómeno económico del alza permanente y descontrolada de precios. Salvo honrosas excepciones de un puñado de economistas heterodoxos que se han metido con el tema desnudando la complejidad de un sistema de acontecimientos, situaciones y decisiones que van mucho más allá del simplismo de que hay inflación porque el gasto fiscal y la emisión son altas.

En nuestra economía el factor inflacionario es un notable combo que incluye desde la emisión hasta la puja distributiva, pasando por cadenas de comercialización interminables, impuestos concentrados en formas regresivas que mayoritariamente impactan sobre el consumo, precios internacionales de los comnodities alimentarios y hasta componentes ideológicos políticos de sectores concentrados que usan la inflación como arma de contienda política alimentándola para llevar agua para su molino aunque después fracasen estrepitosamente en su control, como paso en el periodo de Gobierno de la Alianaza ProRadical.

Lo que acontece por estos días es un buen ejemplo de lo que detallamos y hablaremos de datos y no opinión basándonos en los números oficiales provistos por el BCRA, el departamento estadístico del Ministerio de Economía y del INDEC. Datos que hasta ahora nadie ha cuestionado, lo que en nuestra Argentina ya es todo un dato en si mismo.

El primer cuatrimestre de este año ha sido un verdadero rompecabezas inflacionario. La oposición y los tradicionales economistas del establishment repiten en los platós televisivos, tertulias radiales y ante grupos de empresarios y ceos que increíblemente les pagan para que les digan no lo que pasa sino lo que quieren escuchar cegados por conceptos ideológicos que, por ejemplo, el aumento de los precios internacionales no es el problema sino que el problema es el dólar, la emisión y las políticas sociales del Gobierno.

Sin embargo veamos, según los números de las fuentes que mencionamos anteriormente, la emisión de moneda está por debajo de la pauta aprobada en presupuesto 2021,la recaudación fiscal en los últimos 8 meses esta en ascenso, pero tomando los 4 de este año están por encima de lo que también preveía el presupuesto, el tipo de cambio tampoco tiene movimientos severos y hasta el famoso blue conserva su tendencia a la baja, las tarifas recién ahora se esta discutiendo su movimiento y hasta generaron discusiones internas en el oficialismo, pero en ningún las actualizaciones superar el dígito. Los salarios en su gran mayoría (salvo un par de sindicatos específicos) también can cerrado sus acuerdos a revisar, pero dentro de las pautas inflacionarias del presupuesto (aunque ya parezcan incumplibles), solamente el combustible le ganó a la inflación este cuatrimestre, pero promete quedar en el nivel que alcanzó este sábado hasta fin de año.

Los balances de las compañías (sobre todo las alimenticias) según lo publicado en los últimos días y de acuerdo con las presentaciones en la CNV recuperaron importantes números en negro durante el 2020 después de tres años de rojos en la gestión Macri.

Entonces, si no se cumplen ninguno de los supuestos económicos de la ortodoxia para que la inflación siga su carrera, ¿qué es lo que pasa? Sin ánimos de en una simple columna de análisis de los acontecimientos de una semana quedarse con el espacio que reconocidos investigadores ocupan en seguir de cerca científicamente lo qué pasa, parece bastante claro que hoy la inflación en la Argentina tiene más características políticas que de ciencia económica. Hay una profunda puja distributiva por ver quién se queda con los miles y miles de billetes que los estados han puesto en la economía para solventar la pandemia en sus ciudadanos. No es un fenómeno solo argentino, hasta los Estados Unidos preanuncian la inflación más alta en décadas ante esta particular situación.

Claro que además las particularidades argentinas de ser un país que privilegia dar de comer a los de afuera más que a sus propios ciudadanos con el objetivo desde el Estado de juntar divisas y desde los productores de alimentos de maximizar sus ganancias la situación es no solo más complicada sino también explosiva.

Como escribió el sábado uno de los jueces que todavía hacen honor a un sistema de justicia digno y respetable como es Juan Ramos Padilla "De que le sirve al Pueblo, que exportemos mucho o poco, si nuestra carne y nuestro pan, no se pueden consumir".

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