Columna del domingo
Miedos y reproches en el fragor de la pandemia
Domingo, 16 de mayo de 2021Escribe: Luis Abrego

Desde el inicio de la segunda ola de la pandemia Rodolfo Suárez ha administrado con extrema cautela, casi en cuentagotas, aquellas medidas restrictivas que ha considerado según la foto que la situación epidemiológica ha requerido en cada momento. Incluso, desafiando a la Nación en ese estrecho margen de ensayo y error, han sido dos los fuertes temores que sobrevolaron (y aún sobrevuelan) los despachos oficiales en los que se toman las decisiones.

El primero, el de la desconocida intensidad y duración del nuevo brote y con ello, si la Provincia podrá hacerle frente con las herramientas que posee. La resistencia para el combate, el ánimo de la tropa y los insumos para la pelea son tan necesarios como la misma decisión de ir a la guerra. Y aquí, si algo es finito son los recursos. Más, en el largo plazo.

El segundo, si la administración de los tiempos y la dosificación de las medidas a la que obliga la gestión, no pecan de excesivas o de insuficientes en cada momento; o en lo peor del caso, de anticipadas o tardías. Acertar en cada paso, no perder la iniciativa, ni ir detrás de las demandas, obsesiona a los encargados del timing oficial. Saben que, en este contexto, los aciertos duran poco y que los yerros pueden ser muy caros.

Es por ello, que salvo la visión aperturista de la actividad económica (donde se suma la convicción con la necesidad fiscal) y la bandera de la presencialidad educativa, ambas prioridades confesadas, el resto del abanico de intervenciones para bajar la circulación de personas están disponibles desde el primer día para ser aplicadas. Y así han ido apareciendo a medida que las cifras del sistema sanitario fueron tornándose cada vez más adversas.

De hecho, en el informe de esta semana del Ministerio de Salud se pudo constatar que Mendoza ha superado ya los 100 mil casos confirmados de Covid-19 desde el inicio de la pandemia. Y si bien posee un gran porcentaje de recuperados (94,66%) ha registrado una tasa de letalidad del 2,09% (por debajo del promedio nacional que es del 2,14%), pero que en términos reales alcanza las 2.128 fallecidos.

Sin embargo, lo cierto es que en la última semana los casos se incrementaron levemente respecto de la anterior (5.510 contra 5.206) pero también que más personas se recuperaron (5.296 contra 4.029), aunque lamentablemente también hubo más fallecidos (154 contra 149). Con ese panorama, Mendoza continúa con un porcentaje alto de ocupación de camas que en el Gran Mendoza supera el 95% y alcanza el 92% en el resto de la provincia. Casi al borde del colapso.

Este minucioso detalle fue proporcionado por la propia ministra Ana María Nadal a quien las urgencias políticas la forzaron a elevar su perfil. Urgencias no sólo derivadas de la especificidad crítica de departamentos como General Alvear con la circulación de la cepa de Manaos, sino también de los cruces que se generaron con el intendente justicialista de San Rafael, Emir Félix quien fue el primero en poner en duda la certeza de la información oficial sobre la pandemia.

En ese escenario, la política hizo lo suyo y esta semana el Ejecutivo sintió la dura embestida que en la Legislatura encabezaron los jefes de bloques de Diputados y Senadores del Frente de Todos, Germán Gómez y Lucas Ilardo respectivamente. Los opositores hablaron de "desfasaje", "errores", pero también de "falsedades" en las cifras que la Provincia ofrece día a día, tanto de contagios como de muertes. Pero también del operativo de vacunación que aquí se implementa.

Una diferencia de 70 mil dosis entre las recibidas y las colocadas en Mendoza enciende luces de alerta en la oposición, aunque la explicación oficial hable de cambios en los criterios de inoculación para los diferentes tipos de vacunas o incluso retrasos en el registro nacional. "Hay más vacunas aplicadas que registradas", aseguró Nadal el viernes sin demasiado detalle.

El virulento avance discursivo de la oposición fue en respuesta a la negativa del Gobierno de acompañar el proyecto de manejo de la pandemia que Anabel Fernández Sagasti había acercado al propio gobernador como una manera de fijar por ley parámetros objetivos que obligaran a implementar restricciones sin posibilidad alguna de discrecionalidad. Un semáforo epidemiológico no se alcanzó ni siquiera a prenderse.

Pero el duro golpe que dio el peronismo en la confianza de la información que el manejo de una crisis sanitaria requiere también tenía en sí mismo un objetivo que se cumplirá finalmente esta semana: forzar la presencia de Nadal en la Legislatura para dar cuenta tanto de los fondos para la emergencia como del estado de situación de Mendoza ante la pandemia. De hecho, está confirmada su asistencia este jueves 20.

Indignado, el Gobierno había respondido a través del vicegobernador Mario Abed y del presidente de la Cámara de Diputados, Andrés Lombardi quienes pusieron énfasis en la imposibilidad de mentir o esconder datos que forman parte de un sistema nacional (el SISA) en el que puede haber demoras en la carga, pero de ninguna manera -aseguraron- falsedades como las que detalló la oposición y que tal vez merecería -si así fuera- una denuncia judicial.

Pero no, sólo cruces políticos (donde no faltaron las acusaciones de mala fe o irresponsabilidad) que parecen ponerle un condimento especial, tal vez patético, al manejo de una situación tan delicada, en el peor momento de la crisis, y cuando aún nadie es capaz de asegurar si estamos en el pico de esta segunda ola, o en todo caso, si se agravará hacia el futuro. Una pregunta que se reactivó esta semana con la confirmación de la presencia en Mendoza de otra cepa letal: la británica.

Lo que quedó en claro en Casa de Gobierno es que la respuesta política a las acusaciones opositoras no alcanza sólo con lo discursivo. Y de hecho, a la visita de legislativa de Nadal, desde las 0 del viernes se extendió la exigencia del DNI para compras o reservas también a los fines de semana, tal como incluso habían pedido intendentes opositores, casi como una vuelta más del mismo torniquete restrictivo.

Es que volviendo a los temores oficiales, la peor pesadilla de Suárez y su equipo es que la situación sanitaria se agrave en demasía y que para ese entonces no haya más restricciones a las que echarle mano, pues todas ya estén implementadas o que en todo caso, el hartazgo social haga que la gente se rebele y las incumpla agravando aún más las cosas.

Ese gradualismo que hasta ahora ha dosificado las medidas de Gobierno y por las que la oposición pide más severidad incluso hasta el extremo de avasallar derechos, puede aparecer como una estrategia temerosa o indecisa, pero en verdad es una apuesta a resguardar poder de fuego para un momento que se espera podría ser aún peor, aunque no se sabe si efectivamente se cumplirá tal designio.

El Covid -19 y sus variantes no sólo es un enemigo silencioso, si no también artero e indescifrable. Por defecto, la política y sus intérpretes, hacen de lo predecible el motor de sus acciones.

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