Opinión
Victimas de nuestras propias ventajas
Domingo, 25 de abril de 2021Por Marcelo López Álvarez.
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

Uno de los tantos humoristas negros que suelen animar las mañanas de los cafés de Mendoza afirmaba en estos días que "a este paso a Alberto le va a ser más fácil controlar la pandemia que la inflación". La risa de los contertulios le puso el toque a una frase que si bien nació como análisis sarcástico de la actualidad no sería una locura pensarla como real.

La segunda ola de la pandemia o mejor dicho la nueva ola (porque es demasiado difícil enumerarlas certeramente) parece ceder en el Hemisferio Norte con la llegada del verano y las vacunas que van haciendo lo suyo, si bien aún son los menos los países que tienen una vacunación suficientemente amplia.

Los países europeos y los Estados norteamericanos que más en serio tomaron la situación, proponiendo cierres y restricciones fuertes a las actividades recreativas y escolares, van tratando de recuperar su actividad lentamente. Sin embargo, aún hay casos de preocupación como en Alemania que para poder terminar su campeonato de futbol (al que le faltan dos fechas) dispuso que los próximos días los equipos permanezcan estrictamente aislados sin tomar contacto ni con familias ni allegados. El verano va llegando, pero los casos no terminan de ceder.

Tan seguros están que esto no termina pronto que la premier Angela Merkel, envió una ley al Parlamento (tratada por estas horas) con criterios estrictos a partir de qué número de incidencia de casos cada 100 mil habitantes se cierran o se ralentizan las actividades industriales, comerciales y educativas.

En el Sur en tanto sabemos lo que pasa en Chile, Uruguay, Paraguay y en países más desarrollados como Australia y Nueva Zelanda, mientras acá nos enfrascamos en una polémica político-ridícula sobre el alcance de restricciones o no y la utilidad de incrementar o no los déficits para sostener las actividades económicas o salir en auxilio de sectores vastos de la población en una emergencia mundial.

Mientras los operativos de vacunación y la llegada de dosis se van consolidado, a pesar de los agoreros de siempre, la semana argentina se ve envuelta una vez más en la discusión sobre la formación de precios, la inflación y el eterno mal argentino de la supuesta falta de divisas o restricción externa.

La nueva disparada de los valores internacionales de los commodities, con la soja llegando el viernes a los 563 dólares la tonelada y el maíz rozando los 247, volvió a poner en sobre alerta al equipo económico que una vez más detecto -al igual que nuestros bolsillos- que la presión ya se hizo sentir sobre los precios internos. Hablar con cualquier carnicero de barrio la dará el termómetro; "Esta semana nos aumentaron tres veces la carne" se confiesa la dueña de un local de la Quinta sección ante este cronista. Efectivamente al seguir el chequeo los carniceros coinciden que entre dos y tres veces esta semana sus frigoríficos proveedores tocaron el precio al cual le bajan la media res.

En charla con una radio porteña la Secretaria de Comercio Interior, Paula Español estaba dando una serie de precisiones sobre las medidas sobre las que trabaja el Gobierno y especulaciones sobre medidas a tomar. En la charla aparecieron desde los controles de stock y producción, los programas de precios máximos y cuidados, los acuerdos para las ventas en cuotas y congelamientos de precios, sustituión de importaciones, cambios en las formas de comercialización de los productos (como el que regirá en la carne desde 2022) etc. Basto la sola mención de que se podría estudiar un retoque a las retenciones como forma de desacoplar los precios internacionales de los locales para que se desatará la nueva furia de la Mesa de Enlace ( que debería cambiar su nombre por Mesa de Apriete ya que no se le conoce ninguna otra función) y de los productores de maceta tan populares en los centros urbanos de la Argentina.

Pocas cosas tan falsas como el discurso que se articula desde esos sectores sobre la supuesta escasa y nula incidencia de los precios internacionales de las materias primas agroexportables en los precios internos. No solo está sobradamente desmentida por la realidad que vivimos cada día en las góndolas sino también por el propio Fondo Monetario Internacional. Sin embargo la Argentina es aún un caso más particular.

La incidencia de los precios de los commodities en los alimentos no es algo que preocupe solo a la Argentina, sino al mundo. Tanto que es uno de los puntos de largo análisis en el Informe de Perspectivas Económicas del organismo internacional de crédito que suele ser muy mencionado por economistas y medios tradicionales sin embargo casi nunca se habla del capítulo en el cual trata estos temas.

En su ultima entrega habla de los riesgos que acarrea la pandemia para llevar adelante el objetivo de tender a cero en el número de habitantes del mundo en estado de desnutrición para fines de la próxima década entre otras cosas por la intervención de los valores de los alimentos en el mundo en situaciones no solo excepcionales como esta.

En el Informe se presenta una investigación realizada en más de 120 países durante 18 años en el que se establece que por cada punto de aumento de los precios internacionales de los alimentos las economías de ingresos bajos y medios trasladan a precios internos el 0.25 de ese punto de aumento.

Como bien marco el diputado Carlos Heller cruzando los datos del informe con el reacomodamiento de los precios internacionales si esa normalidad mundial se reflejara en la Argentina, el ajuste del precio de los alimentos en el primer trimestre de 2021 debería haber sido del 3 por ciento, sin embargo, fue del 13.3 por ciento. Al 3 % se llega por que el reacomodamiento del precio de los commodities a nivel mundial en este primer trimestre llego a casi el 12 %

El economista Horacio Rovelli, publicó en el sitio especializado El Tabano Economista un paper con datos incontrastables de cuál es el panorama del sector agroexportador por esto días. Se pregunta Rovelli: "A quién beneficia que la Argentina del año 2020 haya exportado 39 millones de toneladas de maíz en granos, encareciendo el costo de producir carne de aves y cerdos y con ellos su precio en el país. A quién beneficia que se hayan exportado un millón de toneladas de carne vacuna y a la par el consumo per cápita es el menor de los últimos cien años (50,1kg de carne de vaca en el año 2020). A quién beneficia cuando los principales alimentos que vendemos (granos y carnes) vieron incrementado sus precios en dólares en el mercado externo a un promedio del 40% y, el tipo de cambio comercial paso de valer $ 59,60 el 10 de diciembre de 2019 a $ 97,50 al 31 de marzo de 2021, se deprecia nuestra moneda en un 65% y esa combinación de mayor precio en dólar y ajuste de la paridad solo es frenada con un derecho de exportación del 12% y solo la soja tiene una tasa del 30%".

La respuesta también parece estar también en una frase que suele dejar el diputado Heller "Los argentinos somos victimas de las ventajas de la Argentina", no es difícil de comprobar cada vez que pasamos por la góndola del supermercado. 

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