INFORME

El Molino: un asentamiento que todavía no puede convertirse en barrio socialmente civilizado

Es el coctel imperfecto que conforman en un mismo espacio, la impunidad de una justicia ineficaz, la seguridad burlada por sus propios miembros y la política berreta de los punteros.

El Molino es un asentamiento que todavía no puede convertirse en barrio socialmente civilizado, aunque hay un proyecto que intentara urbanizarlo como corresponde, pero que implica más de 40 millones de pesos. Mientras tanto, es un campo de batalla de dos bandos, integrado cada uno de ellos por familias de delincuentes que cuentan con armas, parientes policías y amigos en la fuerza, pero por sobre todo, protección política.

Es el coctel imperfecto que conforman en un mismo espacio, la impunidad de una justicia ineficaz, la seguridad burlada por sus propios miembros y la política berreta de los punteros a sueldo.

En este informe de SITIO ANDINO, hablan los mismos integrantes de las bandas que se cruzan acusaciones para terminar develando una red de vínculos institucionales que les permiten el halo de inmunidad con que se mueven los responsables de los principales crímenes de los últimos años en San Rafael.

El protagonismo que asumen en esta nota hermanas, madres y hasta abuelas de los delincuentes, permite conocer una realidad escondida entre las márgenes del Rio Diamante y el Canal Marginal, donde antes hubo un matadero de ganado, hoy convertido en escenario de disparos y muertes todos los días, todas las noches.

Gladys Osorio, alias “Pelusa”, es la madre de Mauro Quiroga, conocido como el “Pitufo”, un delincuente que estaba en la cárcel, le dieron libertad condicional y volvió a vivir entre rejas. Ella asegura que “lo metieron injustamente por una falsa denuncia de la Negra Ureta”.

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Andrea Ureta, en la entrevista para el programa "Curiosos del poder".

La Negra es Andrea, integrante del clan Ureta, familia que goza del temor del barrio y de cargos públicos, así como de la disponibilidad de bolsas de mercadería para hacer el clásico asistencialismo en una de las zonas más necesitadas del sur mendocino.

La hermana del Pitufo, también cuenta la versión de La Pelusa: “Andrea sabía que mi hermano no se podía mandar una macana y lo acusó de pegarle un tiro, por eso lo metieron preso de nuevo”.

Andrea desafía y muestra a este periodista: “¿Querés ver tiros, mira mi ventana, miráme la pierna, acá me entró la bala”, dice mientras muestra la pantorrilla agujereada, sacándose la venda de la reciente herida.

“Los que tiran son ellos”, sostiene doña Osorio, y agrega frente a su modesta vivienda que “acá me tirotearon la casa el Camerún, la Andrea, el hijo de la Andrea alias el Tortita, el Pancasero no se como le dicen, que es el marido de ella”.

El Camerún es hoy el delincuente más buscado, infructuosamente, por la policía y la justicia. Es sobrino de Andrea, se llama y se lo acusa de crímenes importantes y de participación decisiva en la muerte de Alberto Acaya, a fines del año pasado. Todos los días los vecinos lo ven en El Molino, y saben quienes “lo escuenden”, entre ellos, “la propia Andrea y toda la familia, si tienen varias casas en El Pedregal”, un callejón junto al rio que se ha convertido en el fuerte de los Ureta, los Cruz y los Mercado.

El Tortita es Franco Ureta, hijo de Andrea, a quien responsabilizan por los disparos que el viernes llevaron al hospital al hijo del Choco Mojado. El Choco es Alberto Rodríguez, a quien Andrea acusa de ser “amigo de los policías”.

“Les arregla los autos particulares a los policías, y en lugar de cobrarles, por ejemplo, cuatro mil pesos, les pide uno mil pesos y de esa forma los tiene de amigos”, revela.

Del otro también hablan de vinculaciones con la policía, pero dicen que son los Ureta, en realidad, los que directamente tienen “policías que son familiares de ellos y están en la 38”.

Osorio y algunas señoras del Alto, como llaman a la entrada norte del barrio, junto al canal Marginal, denuncian que ““hay un chico que trabaja en la 38ª (Comisaría), es un primo hermano de ella, Iván Navarro, que ese es policía, es primo hermano de Andrea, y ese es el que le pasa todo el informe a ella. Porque reciben las denuncias, pero ¿por qué no hacen nada? Porque cuando se me metió el Camerún a la casa, y le pego a mi marido, bueno, salió mi hijo, se agarraron las piñas, fue pero era toda la noche peñascazos, fue mi marido, mi hermana, a poner la denuncia. Al tiempo llegó a tribunales como una riña callejera. Las otras denuncias, nunca llegaron.

- ¿Y por qué no llegaron esas denuncias?

- En la 38, ahí tiene sus parientes que borran todo. Yo lo único que quiero que se investigue, porque mis hijos no son santos, no le voy a decir que están en un altar, pero que a los otros se investigue donde trabajan, recibos de sueldos. A ver qué es lo que tienen. Ellos viven de los planes que les da el Dardo Oro, ni uno trabaja. Les alcanza para pastillas, para drogas, para chupe; del viernes hasta el lunes, es un descontrol total. Y de dónde sacan las armas”.

Antes de hablar de Oro, le consultamos a Andrea por Iván. Y ella, al principio, se hizo la desentendida, pero terminó aceptando la parentela. “No sé quien es Navarro. ¿Serán de Rincón del Atuel? Tíos. Sí, son los Navarro que juegan a la pelota”, finalmente recordó.

Se conocen todos, y se acusan de todo. Los del Alto, por ejemplo, aseguran saber quién mató a Acaya, hijo de un policía; al que le robaron las zapatillas y lo dejaron tirado en el badén entre Pobre Diablo y El Molino después de matarlo a tiros.

Sostiene que … no es el asesino, “no, el Fiti, no; ese chico nada que ver. Fue el Camerún, el Torta Urea y el patrullero que es el Marcelo Mercado”.

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Silvia Mercado, una de las vecinas del barrio El Molino.

Los Mercado y los Ureta son íntimos amigos. Aquellos hace poco que llegaron al barrio y se han hecho amigos. La madrea de Marcelo Mercado, Silvina, lo admite casi con orgullo: “¿Sabe lo que pasa? yo a los chicos de esta cuadra los defiendo a muerte. Como toda madre”.

Cuando se le consulta si los Ureta manejan  armas, la droga y los planes sociales, Silvina Mercado responde: “los Ureta, ¿sabe lo que manejan? Ellos siempre manejan la amistad. Van a hacer 3 años que vivo acá, nunca tuve un problema con los Ureta”.

Andrea, a su lado, aprovecha para tirar la piedra a los del Alto, desafía y acusa: “Que me enseñen a donde están los heridos de parte de La Pelusa Osorio, como ella dice. Lo que ella primero tiene que ver que es ella la que corrompe a los menores. Porque al Pañalín lo corrompe ella, al Lucas Sosa lo corrompe ella, y me hago cargo yo de lo que estoy diciendo, yo. Ella es la que tiene a todos los menores en la casa de ella. y ella maneja todo el grupo de menores y la banda que se ha armado para aquel lado”.

“Ella (por la Pelusa Osorio) agarra y vende droga, y todo el barrio sabemos que vende droga y que manda a todos los chicos a vender y les paga con la misma droga. Y la policía sabe, la policía sabe. Ellos entran por una puerta y sale por la otra. ¿Por qué a la hija de 20 años, Yamina Celeste Guevara, que la encuentran con una tiza, cocaína, cómo entra por una puerta y sale por la otra? ¿Por qué Elías Moyano le pega un escopetazo con una Itaka de la Policía, al señor Daniel Ortiz y el hombre está suelto? ¿Cómo es? El huevo Osorio, ¿cómo puede ser que esté suelto? Cuando anda a los tiroteos con todo el mundo. Mi casa me la tiroteó él, el tiro este me lo pegó él, ¿entiende? Entonces, ¿quién es la víctima acá, somos nosotros o son ellos? ¿Dónde están los heridos? Están aca abajo los heridos”, concluye La Negra Ureta.

En tanto, del otro lado, desde el Alto dicen que ella maneja los planes sociales junto a otro pariente suyo, a la sazón, delegado municipal en el barrio: Dardo Oro. “Ellos viven de los planes que les da el Dardo Oro, ni uno trabaja. Les alcanza para pastillas, para drogas, para chupe; del viernes hasta el lunes, es un descontrol total”, sostienen las familias del Alto.

El barrio está dividido, no hay manera en que puedan reconciliarse. En la próxima nota se verificará que los enemigos, incluso llegan a ser parientes. Una abuela que revela cómo su hijo de 13 años anda armado, un plan estatal que busca socializar el barrio y una conclusión preocupante sobre un barrio que tiene en vilo a los sanrafaelinos.

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