un país en busca de un modelo
La Economía de la Rosquilla y el salvataje de la Argentina pobre
Domingo, 4 de abril de 2021Por Myriam Ruiz.
Por: Myriam Ruiz - @myriamruizbarrio

Vamos al ombligo de las cosas: esta semana nos enteramos que el 42% de la Argentina es pobre e indigente. 19 millones de argentinos cayeron bajo la línea de la pobreza y casi el 60% de nuestros niños y adolescentes no tienen en sus hogares los recursos para alimentarse bien, educarse, tener vivienda digna y, menos aún, oportunidades para desarrollarse intelectualmente. Los títulos en diarios, en las charlas de la gente es meramente esto: "El 42% de los argentinos son pobres". Y esta frase, con diferentes matices en la manera de enunciarla, está en boca de gobernantes, economistas, empresarios, periodistas, obreros, vecino y vecina de barrio.

¿Y?... Los funcionarios que deberían repensar el desarrollo se convirtieron en financistas y juegan a las reglas del FMI; los economistas que podrían ser intelectuales de nuevos modelos de crecimiento están ocupadísimos criticando al gobierno jugando a ser panelistas en programas de tv.

La pobreza argentina empieza en su clase política y en sus economistas.

En medio de este reino del revés me encuentro con la "economía de la dona" (o de la rosquilla para decirlo en latino básico), de la economista británica Kate Raworth. En su exitoso libro La Economía de la Dona: siete formas de pensar como un economista del s.XXI --que desde el 2017 viene siendo objeto de estudio en organismos de decisión mundial y metrópolis como Amsterdam o Bruselas acaban de anunciar que abrazarán la teoría de la "dona" para salir de la crisis económica post covid-- expone una visión de cómo repensar el concepto de "crecimiento o prosperidad" haciendo una ruptura con el capitalismo y no casándose tampoco con el socialismo.

Raworth dice que el sistema económico global actual, capitalista, es lineal. El crecimiento es visto como una flecha siempre ascendente y, por lo tanto, para un país, una empresa o una persona desarrollarse implica siempre "tener" más: el eje es el consumismo. La Economía de la Rosquilla plantea 7 maneras de pensar como un economista del siglo XXI, que claramente se enmarca dentro de la desestabilización del sistema climático mundial y de la crisis socio-ecológica. Estas son: 1) cambiar de objetivo, 2) ampliar la visión, 3) cambiar la condición humana, 4) comprender los sistemas, 5) diseñar para distribuir, 6) crear para regenerar, y 7) ser agnóstico con el crecimiento económico.

"Hemos heredado un sistema donde el progreso tiene una forma de crecimiento indefinido y exponencial medido por el Producto Interior Bruto. Tenemos economías que dependen estructuralmente de la expansión, sin importar que se esté traduciendo en una prosperidad real de las personas o que se tenga en cuenta el planeta en el que vivimos y del que dependemos", explica la economista en foros y ante gobiernos que quieren entender su nuevo modelo.

Hoy tenemos economías que son más ricas que nunca y, sin embargo, todavía creemos que prosperar significa una expansión ilimitada de una cifra económica como es el PIB. "Un concepto que sólo se entiende en el marco en que nació. La postguerra", dice.

La Teoría de la Rosquilla es disruptiva y critica al modelo mundial actual con un capitalismo que promulga que el aumento del consumo es la única manera de obtener crecimiento económico. Esa dinámica de tomar, hacer, gastar y perder, nos lleva a no sabemos qué metas mientras utilizamos todos los recursos naturales de nuestro planeta. A medida que esto ocurre, vamos convirtiendo a la Tierra en un enorme basural de plásticos, metales, vidrio, residuos electrónicos en el que cada vez viven más personas expulsadas de todo esto.

Asistimos a una concentración no solo del valor, sino también de las oportunidades.


La economía de la Rosquilla

Hay quien ha descrito a Raworth como la "John Maynard Keynes del siglo XXI", por considerar que sus ideas "redefinen los fundamentos de la economía" y su planteamiento no tardó en llamar la atención internacional: fue presentada como un documento de trabajo para Oxfam en 2012, tomó protagonismo en la Asamblea General de la ONU y fue un referente para el movimiento social Occupy London.

Imaginemos una dona. En la cara interior de la rosquilla, ahí donde termina la masa y comienza el agujero característico están los derechos de la gente: comida, educación, salud, voz política, agua y vivienda son algunos de los 12 pilares en los que se cimenta el modelo. Los 12 puntos de la teoría hacen referencia a los Objetivos de Desarrollo de la Organización de Naciones Unidas, una serie de objetivos a cumplir para el 2030 con la meta de superar la desigualdad extrema y el calentamiento global. Todo aquel que no tenga garantizados estos pilares está viviendo en el agujero del rosquillo de Raworth, es decir, fuera de un mundo justo.

El borde externo de la dona, aquel que está cubierto de chocolate o fondant, son los límites naturales que no deberíamos estar pasando: la capacidad del planeta de regenerarse. O sea, la acidificación de los océanos; la contaminación del aire; la ruptura de ecosistemas por monocultivos como la soja; o la destrucción de la capa de ozono son cosas que deben cambiar.

Pero lo importante es el centro. La masa que queda entre un límite y otro es el espacio económico, social, productivo en el que debe moverse una economía donde el "desarrollo económico inclusivo y sustentable para la humanidad sea posible".

El libro de Raworth está sólidamente argumentado, pero su verdadero valor añadido, en mi opinión, no es la capacidad de sustituir unas certezas por otras, sino de reconsiderar los presupuestos con los que hemos aceptado convivir hasta ahora. 

Este es un libro sobre alternativas, precisamente cuando la humanidad las necesita más que nunca. 


¿Y Argentina?

Este siglo hemos visto repetidas crisis mundiales como la Gran Crisis Financiera de 2008, la crisis del colapso climático que estamos viviendo o la pandemia del Covid.

Argentina tiene su propio rosario de crisis de las que nunca ha salido. Todo, absolutamente todo, tiene que ver con sistemas económicos, financieros, no productivos, no distributivos, que han sido heredados.

Argentina debería tener una gran posibilidad de dejar atrás un siglo perdido de políticas económicas fallidas, y volver a tener una mirada completa, compleja, sincera de sus posibilidades. Tal vez repensando el concepto de prosperidad (como plantea Raworth) y buscando alternativas de pensamiento económico que vea las complejas y prometedoras dimensiones de nuestro país, brindando oportunidades a sus habitantes, emprendedores y empresarios. 

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