Tres desafíos para sostener la base electoral
Domingo, 28 de febrero de 2021Por Marcelo López Álvarez.
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

 Con la vacuna como eje de conversación del mundo entero y que se lleva casi todos los títulos en la última semana en la Argentina, difícil encontrar espacio para poner la lupa en cómo conviviremos con la pandemia en la economía de un planeta que tendrá que acostumbrarse a convivir con el virus largo tiempo.

Si uno pudiera ver la tierra montado en el Perseverance desde la superficie de Marte y con un mapa de calor reflejar la actividad económica se vería un arco iris de colores que mutan día a día de acuerdo con el avance o retroceso del virus que por ahora gana la batalla, no solo por su aparición sorpresiva sino también por el egoísmo humano que no hizo caso a las esperanzas proclamadas que de "esto saldríamos mejores".

La lucha y el egoísmo de los países desarrollados por hacerse de la vacuna sin entender que si la inmunización no es global no sirve, ponen en permanente riesgo cualquier posibilidad de cierta normalidad o recuperación estable de una economía que todavía sobrevive con respiradores artificiales en la mayoría de los países desarrollados y en desarrollo. La primera medida de Joe Biden ni bien asumió es prueba cabal de que hoy ninguna economía está en condiciones de funcionar sin la presencia de fuerte del Estado. Ese es el camino que tomo fuertemente la Argentina, a pesar de las críticas internas muchas veces - increíblemente- desde los mismos sectores que se beneficiaban con las medidas. Durante 2020 el Estado argentino destinó a esos sectores montos y esfuerzos inéditos, pagó poco más de tres millones de salarios de trabajadores privados, empresas de todos los tamaños recibieron créditos con tasas que van del 0 al 24% por un valor equivalente a casí 3 puntos del Producto Bruto del país, una moratoria que permitió acomodar la pesada mochila de deudas con la AFIP y una larga lista de etcéteras. Allí recae el enojo del Presidente y su equipo ( y también de parte de la sociedad) con los empresarios que se sientan en las mesas de negociaciones con el Ejecutivo. "El esfuerzo no lo hace el Gobierno, lo hacen todos los argentinos, pero parece que algunos no lo quieren entender. Pusimos mucho y ellos creen que están jugando a la perinola y que siempre les tiene que salir toma todo" expresa un justicialista mendocino que trabaja en Buenos Aires.

Desde el espacio del oficialismo toman nota de un fenómeno de corporativismo exacerbado; "Cuando a las mesas de diálogo van todos juntos son una cosa y cuando vienen solos por sector los acuerdos aparecen con más facilidad , hasta admiten y agradecen. Si yo estuviera en la mesa chica de Alberto le diría que la corte con las grandes reuniones y trabajen rápido y fuerte grupo por grupo" dice el mismo dirigente.

La definición del dirigente se ve claramente en los sectores de pugna histórica con el espacio gobernante como el campo con los acuerdos con los aceiteros, la carne, etc.

Precisamente la cadena agroalimentaria es una obsesión del oficialismo. Dominar la inflación (sobre todo en alimentos), recuperar el valor del salario real y avanzar en el plan de vacunación con contundencia serán las armas que le aseguran un buena performance electoral en este año.

Al escandalo de la vacunas ( de magnitud real pequeña, pero imperdonable éticamente) parece acabársele el recorrido para quedar encapsulado en los más duros de la oposición político y mediática. La llegada de grandes partidas de vacunas acelerará los procesos de vacunación con la consiguiente esperanza de la sociedad.

La recuperación de los salarios también recibió señales. La fórmula de actualización de jubilaciones y AUH ya probó que es mejor que la del Gobierno anterior (dio 8,07 contra 7,15 que hubiera dado la anterior) pero sin embargo perdía frente a la inflación del trimestre y el Ejecutivo rápidamente anuncio dos bonos de 1500 pesos en meses sucesivos para equipar esas pérdidas. El cierre de la paritaria nacional docente varios puntos por arriba de la inflación prevista es otra señal desde el Gobierno, al igual que la rápida aprobación por parte del Ministerio de Trabajo de todas las negociaciones salariales que se van cerrando.

El gran tema para gobernantes y sociedad sigue siendo el precio de los alimentos, los acuerdos cerrados son apenas gotas de agua en un desierto. El endurecimiento del discurso del Presidente y las acciones del Ministerio de la Producción a través de la Secretaria de Comercio (de las que comentamos la semana pasada) se han transformado en parte de las negociaciones pero no de la solución que se complejiza por la negativa de los productores de desenganchar precios internacionales de los locales y la necesidad del Ejecutivo de que la entrada de dólares por la exportación sea constante y creciente.

El plan del Consejo Agropecuario Argentino de llevar las exportaciones del sector a los 100 mil millones de dólares entusiasma al Gobierno pero le preocupa que no haya compromiso de garantizar la provisión para el mercado interno en cantidad y precios necesarios.

Duplicar el valor de las exportaciones argentinas de esa cadena agroalimentaria se lograría con valor agregado según el proyecto del CAA. Hoy el 85% del trigo que se exporta se hace a granel a un valor promedio de 200 dólares la tonelada. Ahora, si esa tonelada de trigo a granel es transformada en harina vale unos 400 dólares y si se transforma en galletas o pastas el valor de exportación asciende a unos 1800 dólares. Esta claro que el camino, como ya dijimos, es dejar de exportar alimento para animales o materia prima para exportar alimentos para humanos. Pero nadie explica cómo hacemos para que después los argentinos no tengamos que pagar a precios internacionales los alimentos que producimos.

Por ahora el área de la producción agropecuaria y de alimentos sigue siendo un espacio donde el Gobierno de Alberto Fernández no encuentra el camino. La decisión de priorizar siempre el dialogo, potenciada después del fracaso de la Operación Vicentín, parece no tener destino. No son pocos los que apuestan que mañana en el Congreso de la Nación cuando el Presidente pronuncie el discurso de inauguración de las Sesiones Ordinarias se escuchen propuestas más decididas o de recuperar ideas abandonadas en el camino.

A propósito, esta semana se abrió una nueva puerta para la toma de Vicentin por parte del Estado y transformarla en empresa testigo pero con el aval de la Justicia. Un grupo de 69 empresas y particulares, todos de actividad agropecuaria, acreedores de Vincentín presentaron ante el actual directorio de la cerealera y el Juzgado del concurso una propuesta de capitalización de las acreencias lo que dejaría al Estado Nacional (vía Banco Nación) y a la provincia de Santa Fe junto con grupos cooperativos y de pequeños productores como principales accionistas de la empresa.

Lo que podría ser un principio de solución para la situación que viven varios cientos de productores agropecuarios también se transformaría en la llave para la "nacionalización" de la empresa y poder contar definitivamente con una empresa testigo en sector que mayor cantidad de divisas provee a la Nación y a semejanza de varios países del mundo.

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