Empresas de familia: Gestión de las relaciones y la profesionalización
Domingo, 28 de febrero de 2021Por Eduardo Press.
Por: Eduardo Press

Cuando una familia gestiona una empresa sufre habitualmente por problemas en las relaciones en la familia y/o por problemas de gestión. Unos y otros están indisolublemente ligados. Discusiones interminables y repetidas dificultan la marcha del negocio, impiden tomar las decisiones necesarias e influye negativamente en el clima de trabajo.

De este modo y en forma muy resumida tenemos los ingredientes que conforman una empresa de familia: circulación intensa de las emociones que se entremezclan con los asuntos del negocio.

Las dificultades relacionales se convierten en una barrera para resolver los temas del negocio, aunque este funcione, los miembros de la familia sufren más de lo necesario.

En este camino la gestión de las emociones es fundamental. La discusión sobre cualquier tema está atravesado y "fogoneado" por cuestiones emocionales, la mayoría de ellas de vieja data. La memoria emocional está fuertemente arraigada en nosotros. Recordamos muy fielmente aquello que nos impactó emocionalmente.

Muchas conversaciones sobre la marcha del negocio son interferidas por cuestiones que tienen que ver con "a quién se le pagó la fiesta casamiento", "a quién se ayudó más para hacerse la casa", "quién compró primero el auto", "quién tuvo que trabajar mientras hacía su carrera y quien no".

En las familias no solo hay rencillas que dificultan la gestión, también están los afectos que la mantienen unida y cohesionan y que permiten las mejoras y la continuidad.

Para que una empresa de familia se sostenga en el tiempo necesita avanzar en la profesionalización de sus procesos: definición de estrategias, gestión de personas, administración y finanzas, producción, asuntos legales, etc.

Pero si al mismo tiempo no atendemos las cuestiones relacionales todo se hace mucho más difícil.

Creemos que las reacciones emocionales son espontáneas e inevitables. En muchas ocasiones es así. Pero la mayoría son un modo de vincularse entre las personas. En las familias los unos y los otros se "acostumbran" a reaccionar del mismo modo con los otros. Por eso son tan frecuentes expresiones del tipo "siempre lo mismo", "pasa el tiempo y todo sigue igual", "desde chiquito/a reacciona así", "mi papá/mamá toda la vida fue igual", "me critica todo el tiempo pero nunca me reconoce lo que hago bien".

En estas condiciones es muy difícil mantener conversaciones operativas sobre los temas inherentes a la marcha del negocio.

Gestión comercial, gestión de asuntos económicos-financieros, planificaciones en asuntos del negocio, política de remuneraciones y retiros, son los temas importantes a los que en cualquier empresa los directivos debieran abocarse. Son los que hacen a la mencionada "profesionalización". Sin embargo, las rencillas familiares entorpecen este desarrollo generando postergaciones que resienten la marcha del negocio. Lo que se consigue se consigue con mucho esfuerzo emocional.

Los acuerdos sobre estos temas y sobre aquellos vinculados al futuro: "cómo vamos a funcionar de aquí en adelante" suelen plasmarse en un documento que llamamos Protocolo y que definiéndolo en palabras sencillas es "reglas del juego establecidas de común acuerdo entre todos por las que se regirán de ahora en adelante las relaciones entre los miembros de la familia, como se resolverán los desacuerdos y como se tratarán los asuntos del negocio tanto operativos como patrimoniales".

A veces se piensa que el Protocolo resuelve todos los problemas. El Protocolo es letra viva por lo tanto es especial para cada familia según su momento evolutivo tanto de la misma familia como del negocio. Es recomendable hacerlo cuando la familia y la empresa están bien, después de resolver cuestiones conflictivas pendientes.

Para que esto suceda es recomendable trabajar sobre las cuestiones relacionales del mismo modo como se trabaja en todos los procesos de la empresa: profesionalmente. La colaboración de un profesional externo suele ser de mucha ayuda.

Los beneficios de hacerlo redundan en una más fácil resolución de los desacuerdos y en permitir que siga rodando la rueda del negocio con mucho menos sufrimiento.

*Consultor de empresas, autor de "Empresas de Familia. Del conflicto a la eficiencia" (Ed. Granica, 2011) y "Emociones en Empresas de Familia. Gestión de las emociones y la profesionalización" (Ed. Granica, 2016)

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