Columna del domingo
Divisas: El Problema está de vuelta
Domingo, 10 de enero de 2021Por: Marcelo López Álvarez

 Una vez más la Argentina está en la misma encerrona que no logra solucionar, el círculo nefasto del manejo de las divisas que se transforma en una restricción fenomenal para el desarrollo por las más diversas circunstancias.

Un combo que incluye exportaciones, importaciones, necesidades fiscales, fuga y evasión, y hasta el comportamiento de los mercados internos de los consumos básicos.

La problemática e irresuelta situación de los precios de los alimentos básicos o la negociación con el FMI están atadas en la Argentina a la misma variable; la falta de divisas.

¿Pero si el factor de desorden es uno solo por qué cuesta tanto solucionarlo? Quizás porque como dicen en el barrio "Los otros también juegan" y esos otros no son fáciles, ese equipo está compuesto por jugadores acostumbrados a ser siempre titulares desde los tiempos de la colonia y son factores de poder concentrado que con los años han sabido tejer una red para tener participación y decisión en casi todas las áreas.

El conflicto por el maíz es simplemente otro emergente de la realidad de una Argentina que necesita exportar para hacerse de las divisas necesarias, pero su matriz exportadora -que no cambia en 250 años- hace que la incidencia sobre economía básica sea superlativa.

Las exportaciones de la Argentina significaron en 2019 unos 66 mil millones de dólares, lo que significa aproximadamente un 60% de la oferta del mercado cambiario del país. De allí la importancia superlativa que tienen en la formación de la economía de la Argentina.

Cuando se observa la composición de esas exportaciones se entienden los problemas que tiene el país para manejar sus mercados internos en tensión permanente con los factores concentrados de poder económico.

Los sectores vinculados directamente al famoso "campo argentino" explican el 52 por ciento de las exportaciones (29% el sector oleaginoso, 15,5% el sector cerealero, y 7,5% el sector bovino). Si a esto le sumamos otros sectores relacionados a alimentos como el pesquero, el hortícola y frutícola y otros complejos de las economías regionales la incidencia en las exportaciones llega al 60%.

Allí la explicación de la complejidad que tiene la Argentina en el manejo de sus precios internos y también del fracaso de la mayoría de las políticas antiinflacionarias de siempre que consideran como único motivo de la inflación la emisión de moneda sin atender el grado de complicación extrema en la formación de precios que tenemos por este lado del mundo.

Para seguir con el ejemplo de estos días los tres principales exportadores de maíz del mundo son Estados Unidos, Brasil y Argentina. Mientras los dos primeros solo exportan el 20 % de su producción y el 80 % queda en el mercado interno -por lo que los precios internacionales no terminan afectando a los internos- en la Argentina se exporta el 80% de la producción.

Argentina se encuentra así en una encerrona permanente, como ya lo hemos explicado más de una vez. Los caminos para romper ese cerco no son fáciles, cualquier intención de pequeña intervención del Estado en el tema genera inestabilidades políticas, sociales, mediáticas y económicas como estamos viendo con el caso del registro de exportación de maíz o lo que pasó con Vicentín. Lo cierto es que son muy pocos los países del mundo que -al revés de lo que se pregona aquí- no intervienen en el control de las exportaciones de sus productos primarios. Estados Unidos y Brasil tienen fuertes incentivos para que los productores "prefieran" el mercado interno a exportar, lo mismo pasa en la Comunidad Económica y hay casos, como Chile o Australia, donde la intervención del Estado es directa con empresas estatales participando activamente de la producción y exportación de sus commodities.

Pero también hay otros caminos a explorar para saltar esas restricciones o dependencias, uno es recordar que no se puede hacer la tortilla sin romper los huevos. Esto significa que hay medidas que hay que tomar o tomar (aunque sea transitoriamente) sin importar a quien le guste o no y para eso hay que consolidar el poder político y comunicacional.

Por otro lado hay que trabajar en el mediano y largo plazo y un camino es bajar fuertemente la dependencia del sector campo en las exportaciones, con dos caminos incentivándolos a atender el mercado interno (incluso desarrollando nuevos polos de producción destinados exclusivamente a ese nicho) y por otro desarrollando exportaciones de nuevos sectores. La decisión de reducir a cero las retenciones de las economías regionales es un claro paso en ese sentido.

Los investigadores del CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) Caterina Brest López, Fernando García Díaz y Martín Rapetti ponen en alerta sobre el conflicto que se viene que es el aumento de las importaciones a partir del recupero de la producción industrial que se ve en los números de los últimos 2 meses de año, agregando un nuevo foco de tensión a la administración del mercado cambiario.

Brest López, García Díaz y Rapetti aseguran que "Dado el escaso financiamiento externo disponible para Argentina desde 2018, un crecimiento económico sostenido durante los próximos años requerirá que las exportaciones aceleren su crecimiento. Si el PIB se expande a un ritmo promedio de 3% anual, las importaciones lo harían al 9% y se requerirían unos U$S 25.000 millones adicionales para 2023 para mantener la balanza comercial equilibrada.

Pensar de dónde podrían salir esos dólares adicionales para 2023, es una pregunta de carácter urgente, pero que también nos conduce a un debate más estratégico y que implica pensar cuál es la estrategia de desarrollo exportador más adecuada para Argentina. Si Argentina mantuviera inalterada su canasta exportadora y tan sólo acompañara el crecimiento del comercio mundial, estaría aún lejos de contar con los dólares necesarios para mantener una balanza comercial equilibrada. Esto marca la necesidad de ampliar nuestra canasta exportadora"

En ese sentido el trabajo titulado "El desafío exportador de la Argentina" detecta, después de un detallado análisis, más de 600 productos que podrían incorporarse a la oferta o canasta exportadora de la Argentina que serían capaces de aportar cerca de 17 mil millones de dólares extras a la balanza comercial para 2023 o sea en el cortísimo plazo. Solo hace falta decisión política y desarrollo comercial desde el Estado y los privados.

Hay que aclarar que en este menú no se encuentra la posible oferta exportadora del complejo Vaca Muerta de análisis muy complicado e inestable cuyo aporte extra los autores ubican en unos 12 mil millones de dólares.

También se deberían explorar otras opciones de acuerdos comerciales y económicos en otras monedas para aplicar a esas operaciones, tanto de expo como de impo, como ya ocurre con China sacándole presión a la necesidad de dólares. La dependencia de la Argentina de la moneda norteamericana va más allá de la pasión de un sector minoritario de la ciudadanía de hacerse de dólares para ahorro, sino que es más profundo y asociado también al ciclo permanente de fuga de capitales por parte de los sectores más concentrados.

Por tanto, si es una verdad incontrastable de que Argentina necesita generar mas divisas para estabilizar su funcionamiento no es menos cierto que si no hay decisión política de cortar el modelo de extracción de esas divisas del circuito económico local en modo de fuga ya sea legalmente o casi al borde de la ilegalidad, no habrá aumento ni diversificación de exportaciones, ni toma de deuda que alcance.

Argentina no solo tiene que pensar como recomponer la relación de sus producciones con el mercado interno sino también cómo se va a parar en un mundo globalizado pero cada vez más cerrado y que tiene socios internos dispuestos a jugar el partido a fondo.

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