Opinión
Suarez sacó rédito de un año para el olvido
Domingo, 13 de diciembre de 2020Por Luis Ábrero- Entre Paréntesis.

Rodolfo Suarez cumplió un año de gestión en el que el manejo de la pandemia ocupó casi todos sus esfuerzos por el impacto sanitario que acarrea una crisis global de esta dimensión; pero también por sus consecuencias sociales, económicas, psicológicas, aún no del todo dimensionadas.

Para colmo de males, la imposición de la cuarentena, allá por marzo, lo tomó disminuido y desorientado tras la movilización popular que había significado la sanción (e inmediata derogación) de una ley que buscaba habilitar el desarrollo minero en la Provincia; y con ello, la posibilidad de diversificación económica frente a la contundencia de una Mendoza estancada.

Así como la realidad exigió sepultar un tema, también obligó a cambiar el rumbo de un gobierno que debía hacer frente a una enfermedad desconocida, con la incertidumbre social que además supuso la suspensión de clases, el cierre de las actividades dispuesto por el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) y con ello, la caída de la recaudación necesaria para sostener el funcionamiento de ese Estado al cual ahora se le requería tener mejor capacidad de respuesta, más camas, más equipamiento, más profesionales.

De un día para el otro, la manta que siempre fue corta, quedó más chica y expuesta a la vista de todos. Encima, ni siquiera el Ejecutivo podía respaldarse plenamente en la Nación, como hicieron casi todas las provincias a las que de una forma u otra se le brindó asistencia sin tanto trámite ni peregrinaje como el que le piden a Mendoza. La virulencia de la grieta nunca alcanzó a los malos tratos, pero sí rozó esa indiferencia o ninguneo que a veces duele más. "El no afecto de la Casa Rosada lo sentí muchas veces", declaró hace días el propio Suarez al momento de hacer repaso de su gestión.

Tal vez Suarez y su equipo tuvieron un rapto de lucidez cuando determinaron que ante lo desconocido era necesario seguir el propio instinto. Y que ante la tentación de hacer excesivo seguidismo de la Casa Rosada para obtener favores, era mejor tener impronta propia, aunque eso costara chispazos y sinsabores. Que los hubo en este tiempo. Pero quienes conocen en profundidad al gobernador destacan que es difícil que pierda la calma, y que su sentido común es capaz de desafiar hasta la más elemental lógica política o partidaria.

El camino de las aperturas graduales que permitieron recuperar actividades, sostener empleo y generar recaudación era arriesgado. Por aquellos días primaba en el país la visión uniforme de los infectólogos (abroquelados con el oficialismo nacional) que recomendaban cerrar todo y esperar que la pandemia pasara. Eran tiempos donde se tildaba de "anticuarentena" a todo aquel que quisiera mantener su trabajo o pyme, o directamente se lo acusaba de "asesino" por hacer actividad física al aire libre o pasear a los niños.

Sin embargo, Mendoza fue pionera en explorar los alcances de la toma de conciencia individual y luego social, más que los dictados de un Estado paternalista que te diga qué hacer o no; pero también en la instauración de la "cuarentena off/on" es decir, aquella que permitía avances o retrocesos según la evolución epidemiológica, cuya marcha atrás podía incluso significar poner en duda toda la estrategia, lo que generó hasta un fuerte contrapunto con el propio Alberto Fernández cuando exigió una especie de vuelta a Fase 1 que implicó gran resistencia popular y un aval para la determinación de Suarez. Allí empezó a recuperar terreno.

Con la primavera avanzada sobrevino un alivio del sistema sanitario producto de la disminución de casos y una mejora de la tasa de ocupación de camas, y ello de la mano del funcionamiento casi pleno de la actividad económica y productiva. Así, la agenda oficial comenzó a mutar de lo sanitario o sus efectos, a la generación de temas capaces de mostrar luz al final del túnel. El turismo fue uno de ellos en la búsqueda rápida de ingresos, pero también la posibilidad de plasmar finalmente aquel slogan del comienzo de la gestión que hablaba del "gobierno del diálogo".

Así, esta semana quedó finalmente conformado el Consejo Económico, Ambiental y Social, que al margen de los ex gobernadores (lo que significó el regreso público de Francisco Paco Pérez) sentó en una misma y amplia mesa a los empresarios, los trabajadores, la academia, los credos religiosos, los poderes públicos, las entidades productivas y los colegios profesionales, entre otros. Tuvo allí Suarez su foto apertura y liderazgo que tal vez hubiera deseado tiempo atrás, pero que el Coronavirus le negó.

En Casa de Gobierno apuestan a que este Consejo sea productivo, aunque su variopinta composición atente contra su ejecutividad. Sin embargo, no deja de ser significativo que la respuesta a la convocatoria haya sido altamente exitosa y que el pedido de Suarez sea, precisamente, el abordaje de aspectos que ayuden a superar la pobreza y atender a los sectores más vulnerables. En definitiva, no perder el tiempo porque hay mendocinos que necesitan menos controversia y más acción. Incluso, para cuando este gobierno termine. La permanencia en el tiempo será otro desafío para este Consejo que Suarez lanza desde ese lugar de empoderamiento tras haber atravesado el desierto.

Desde ese sitial de ser quien convoca y abre el juego para la construcción de consensos que impliquen políticas públicas que superen la coyuntura, Suarez brindó también esta semana numerosas entrevistas a los medios a propósito del primer año de gobierno. Se mostró autocrítico respecto del manejo de la ley minera, pero seguro de las decisiones tomó en pandemia, tal vez considerando que ese es el diferencial que los mendocinos le reconocen en las encuestas.

En el mismo Ejecutivo aseguran -exultantes- que la gestión de Suarez tiene hoy una aprobación del 65% de la población, según ratifican diversas encuestadoras. Una cifra verdaderamente significativa. Desde esa fortaleza es que el Gobierno hizo una oferta tentadora para los gremios estatales que abarca también el 2021, y que aseguran, no tendrá mejoras. Pero también apuró un cronograma más corto para el pago de la segunda cuota del aguinaldo que alcanzará esta semana al 75% de la plantilla. Y aún más, el inicio de la demanda a la Nación por las regalías de Los Nihuiles, calculada en 120 millones de dólares, que estaba pisado desde hace meses esperando aprobación del gobernador y que se inscribe en la pelea con La Pampa pero no deja de ser una clara señal a la Casa Rosada.

Como se ve, decisiones con las que se puede compartir o no pero que denotan la seguridad de quien intuye suficiente respaldo para tomarlas. Y hasta de correr el riesgo de un eventual, por ejemplo, rechazo gremial a la propuesta en paritarias que abra un frente de conflicto eterno para el año próximo en el que la pandemia (mejor o peor) continuará.

Tal vez por eso, en un relevamiento que hizo la agencia oficial Telam con todos los gobernadores del país a propósito de este año en la gestión de la crisis, Suarez admitió su fortaleza en la opinión pública pero aseguró que sobre los objetivos que trazó para su gestión "estamos peor", aunque relativizó al decir que "mejor que lo que pensé que íbamos a estar cuando arrancó la pandemia".

El 2020 fue un año para el olvido, plagado de miedos, que sin embargo le ha redituado a Suarez consideración y oxígeno político para lo que viene. Que no será más aliviado ni accesible. La vacuna podrá atenuar el virus pero no los males crónicos de una provincia que se niega a intentar hacer algo distinto.

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