Frustrados y resentidos, la Argentina de las rebeldías tristes
Domingo, 6 de diciembre de 2020Por Myriam Ruiz.
Por: Myriam Ruiz - En Twitter: @myriruizbarrio

Indignación. Indignación en la cola de la carnicería mientras esperás a que te den el kilo de asado por el que esperaste toda la semana. Indignación en la gente que espera, junto con vos, mirando los cartelitos en el súper que cada semana (qué digo cada semana... cada día) van cambiando los valores. Siempre hacia arriba por supuesto.

Indignación en la puerta de las escuelas porque la seño le habla de "política" a los chicos; indignación en las veredas de los bancos porque "ya la plata no alcanza para nada"; indignación en la televisión, donde entrevistadores y entrevistados están, a su vez, muy indignados. Bronca, reflejo espasmódico de todo lo difícil que se vive en el día a día en los hogares, oficinas, fábricas, colegios, centros de jubilados y/o/u lo que a usted se le ocurra pensar como representación de la vida social actual.

Indignación, frustración, resentimiento. "Pasiones tristes" según el sociólogo francés Francois Dubet quien tomó el término para describir, no a la Argentina siglo XXI, sino al mundo entero.

Pasiones que tristemente no llegan a la movilización social necesaria para los cambios y se quedan en meras denuncias en las redes sociales o en los medios de comunicación.

En este tiempo "el enojo toma la forma de la denuncia o la catarsis por un orden que se siente injusto, y suele encarnizarse con los que reciben asistencia del Estado (¡todos vagos!) pero también con los políticos y las élites (¡todos corruptos!)", dice, textual, Dubet en su libro.

En todo el mundo, en estos últimos años, ha surgido un lenguaje acusatorio. Se recrimina a pobres, inmigrantes y desempleados por no esforzarse lo suficiente; a las finanzas por hacer negocios a costa de las economías nacionales y a estas por no abrirse a la globalización; a los gobiernos por borrar las políticas sociales o, en el caso contrario, por abusar de ellas en pos del voto popular.

La explicación (o el problema) para Dubet es que estamos ante una nueva era en la cual las grandes diferencias ya no son percibidas como "de clases" sino como luchas individuales.

Una indignación por las micropertenencias. "Uno se indigna en tanto que es trabajador, inquilino, ciclista, estudiante, vecino, paciente", explica, y son esas pequeñas rebeldías que estallan en las redes sociales o ante el micrófono de los medios de comunicación.

El problema es que la atomización de las frustraciones no construye una acción colectiva.

Y vuelvo a la carnicería de barrio. Mientras la gente discutía por el precio de la carne una mujer dijo: "No veo a nadie en la calle quejándose".

Resentimientos, rebeldías, broncas, críticas mortales, indignación a baja escala. Pequeños fueguitos -dijera Galeano- que se apagan antes de iluminar el cambio necesario para afrontar una nueva Era.

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