Grandes artistas
Juan Carlos Castagnino: un repaso por la vida del "pintor social"
Martes, 24 de noviembre de 2020

El último 18 de noviembre se cumplieron 112 años del nacimiento del pintor y muralista argentino que logró, con notable compromiso y talento, formar parte del panteón de los grandes artistas de este lado de la región.

Pintor, arquitecto y dibujante, Juan Carlos Castagnino, nació en Mar del Plata en 1908, en un hotel que, en ese momento, se encontraba sobre la Avenida Luro. Su padre era dueño de una herrería, que había instalado en una región rural. Allí, el joven Juan Carlos vivió hasta 1914, impregnado de las costumbres del pueblo, los carros, caballos y la idiosincrasia de entonces.

Estudió en el Colegio Nacional Mariano Moreno y, en solo tres años, terminó el bachillerato al rendir sus exámenes de forma libre. Durante varios veranos, trabajó en la sede marplatense de la prestigiosa galería de arte, Witcomb, la cual ya contaba con una gran trayectoria en la calle Florida de Buenos Aires. Castagnino tomó contacto con muchas de las artes del momento, pero su formación no quedó allí.

En 1928 ingresó a la Escuela Superior de Bellas Artes, donde conoció a destacados maestros como Emilio Centurión. Además, se formó en diversos talleres: entre ellos, con Lino Enea Spilimbergo -a quien siempre consideró su maestro- y con Ramón Gómez Cornet. En 1941, se recibió de arquitecto en la Universidad de Buenos Aires. Algunos años después, comenzó a trabajar como ayudante del famoso muralista mexicano, David Alfaro Siqueiros.

Sus viajes por Europa, Asia y América Latina le ofrecieron una gran perspectiva no solo pictórica, estética y artística, sino también social y política. Su compromiso y preocupación por las problemáticas de su tiempo marcaron buena parte de su carrera, y así lo manifestó a lo largo de su producción visual. Es por ello que muchos lo han catalogado como "el pintor social", un artista que utilizaba la pintura para denunciar y exponer los diversos modos de la injusticia y las desigualdades. A fines de la década del 20, formó parte del Partido Comunista de la Argentina y, en 1933, formó parte del primer sindicato argentino de artistas plásticos.

No obstante, también posee toda una cantidad de piezas en las que demostró un interés, sobre todo, por el propio lenguaje plástico. Con él exploró las posibilidades materiales y de creación, a partir de la forma más que del contenido. Por otra parte, nunca descudió su fascinación por los espacios rurales y las distintas aristas de la identidad paisajística argentina.

"Con un claro dominio de la figuración contemporánea (...), destinado a revelar imágenes que interpelen al espectador sobre diferentes aspectos del mundo contemporáneo, Juan Carlos Castagnino transita los años treinta y cuarenta aquilatando experiencias que vuelca productivamente en trabajos como La mujer del páramo. En 1933 había tenido la ocasión de integrar junto a David Alfaro Siqueiros, Lino Enea Spilimbergo y Antonio Berni el equipo poligráfico que llevaría adelante lo que se convirtió en una desafiante propuesta: pintar un mural en el sótano de la quinta en Don Torcuato de Natalio Botana, quien fuera el director del diario Crítica. Los tres meses de trabajo en el sótano de Botana fueron para los artistas la oportunidad de explorar técnicas y modos de trabajo hasta el momento no transitados", comenta la crítica e historiadora Diana Wechsler.

Y agrega: "Esta experiencia de trabajo colectivo sentó las bases de amistades que se prolongaron por muchos años y que condujeron a la realización de otros equipos como el que integraron Castagnino, Berni y Spilimbergo con Urruchúa y Colmeiro para la constitución del Taller de arte mural que llevó a cabo los murales de las Galerías Pacífico de Buenos Aires en 1946. Señala Martha Nanni la 'permanente devoción por la naturaleza, por el paisaje de la llanura' como una marca de identidad del trabajo de Castagnino. A esto le suma su vocación por la observación de los seres que habitan esos espacios".

Así, poco a poco, Juan Carlos Castagnino se fue convirtiendo de discípulo a uno de los maestros de las artes plásticas en esta parte de la región. Su propia obra pictórica fue cobrando fuerza y prestigio. A partir de entonces, realizó exposiciones en distintas partes del mundo: galerías y museos de la Argentina y en ciudades del exterior, como en París, Washington, Lima, Varsovia, San Francisco, Melbourne, Tokyo, Porto Alegre, México, Roma, Brasilia, Lima, Praga, entre otras.

Entre sus obras de carácter mural se destacan, por ejemplo, Fresco Obreros y Campesinos; Ofrenda de la Nueva Tierra; Galería Pacífico, en colaboración con Lino Spilimbergo, Antonio Berni, Demetrio Urruchua y Manuel Colmerio en Buenos Aires; Mural Elogio del Río Uruguay; Mural en el Amanecer de la Ciudad; Hombre, Espacio y Esperanza; Panel Sol y Luna, por citar algunas.

En 1962, Castagnino realizó para la Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba) una serie de obras para ilustrar el poema Martín Fierro, de José Hernández. Hay quienes dicen que, a partir de su representación, logró definir el rostro del gaucho más popular de la literatura argentina. Aquella edición fue el acontecimiento editorial del año.

Entre las diferentes distinciones que obtuvo a lo largo de su vida, logró ganar el Gran Premio de honor del Salón Nacional (1961), la Medalla de Honor en la Expo 1958 (Bruselas) y una Mención especial en la Bienal de Artes de México D. F. (1962). Desde 1982, el Museo de Arte de Mar del Plata lleva su nombre, como homenaje a este maestro de la plástica argentina que murió en Buenos Aires, el 21 de abril de 1972, a los 63 años.

Ministerio de Cultura.-

Tamaño del texto
Comentarios
Tu comentario