Opinión
¿Un nuevo punto de partida?
Domingo, 18 de octubre de 2020Por Marcelo López.
Por: Marcelo López Álvarez

Por segunda semana consecutiva el Gobierno mantiene una lucha desigual contra los factores de poder en situación de inferioridad. Pero no porque efectivamente la tenga, sino porque no parece aún comprender que hay sectores que nunca lo acompañaran y menos, lo apoyaran.

El coloquio de IDEA, que debería cambiar su nombre por uno menos ostentoso a juzgar por el comportamiento de sus miembros y figurantes durante las exposiciones del Presidente y el Ministro de Economía de Nación, fue una muestra más de que hay  sectores del poder real en la Argentina que definitivamente aun no comprenden el funcionamiento de la democracia y serían felices viviendo en un sistema de voto calificado como en la década infame.

El problema de hoy en la Argentina -al igual que en el mundo convulsionado por la pandemia- es económico, pero tiene un condimento político muy fuerte que el Ejecutivo parece no entender. Hay sectores con los cuales es imposible negociar, o creerán que los propios representantes de esos sectores en el poder -como fueron las dictaduras militares- crearon la Junta Nacional de Granos y la mantuvieron a rajatabla porque confiaban en ellos.

La JNG creada en la dictadura de Agustín P Justo, tuvo como objetivo poner en caja a los productores de divisas para que no vaciaran a la Argentina de recursos y alimentos. Más tarde Perón la transformó en el IAPI dándole a su vez un carácter promocional de la Industria. Luego Guido le da el carácter definitivo re fortaleciendo la característica de productores primarios, pero controlando fuertemente las exportaciones y las divisas para que no les pasaran gato por liebre. Así se mantuvo hasta que las cerealeras y los factores externos de poder llegaron a los despachos de Gobierno y "desregularon" mercados terminando con la Junta, privatizando los puertos a manos de los propios exportadores y armando el festival de contrabandos, sub declaraciones y manejo del mercado de divisas, dando inicio a la crisis eterna de las reservas argentinas.

Los gobiernos de Nestor y Cristina lograron, más o menos, sobrellevar la situación gracias a precios internacionales excepcionalmente altos que incentivaban a los productores, acopiadores y exportadores a liquidar sus cosechas junto a un tipo de cambio (que gracias al control de la inflación se mantenía competitivo). La crisis del 2008 sumado a la intención de las retenciones móviles y el odio visceral de esos sectores al peronismo, termino con esa corta luna de miel que nunca más se recuperó.

Un gobierno propio como el de Mauricio Macri sirvió de comprobación de que, a ese grupo que manejan el bien mas valioso de la Argentina, no les importa el color político sino solo su interés personal. Imposible no recordar los cortes de manga que le hicieron al Ministro Prat Gay que había asegurado primero que la devaluación no afectaría a precios porque los empresarios le confirmaban que ya tenían los precios calculados al dólar blue, y después con el "acuerdo" con los exportadores que liquidarían divisas a diestra y siniestra gracias a la desaparición y baja de las retenciones sumadas a la devaluación.

Ya contamos la pasada semana los entretelones y consecuencias de las medidas tomadas por el Gobierno. Solo se puede agregar que en estos siete días el Ejecutivo pareció tomar nota. El presidente confesó en cámara que la baja de retenciones no habían dado el resultado esperado hasta ese momento y confirmó que de ahora en más el poder de la última palabra es de Martín Guzmán después del fracaso del camino propuesto por su amigo de años, el mendocino Miguel Pesce, el radical que preside el Banco Central.

El nuevo mundo impone desafíos distintos, también entender las nuevas construcciones sociales y políticas no pasan por el discurso chabacano en los medios de la unidad o del fin de la grieta. Si hay algo que también trajo la pandemia es la clarificación de que no es la Argentina la que sufre la grieta, es el mundo el que enfrenta claramente dos modelos de construcción económica, social y política. El COVID dejo al descubierto que nadie puede soportar el cimbronazo sin Estados fuertes capaces de mancomunar acciones con el sector privado para sostener la economía. No es nada nuevo, los más liberales de Europa o el propio Estados Unidos siempre apelaron a una fuerte participación de los subsidios y aranceles para mantener la competitividad de sus productores, por ejemplo.

Ayer el Gobierno, después de meses, recibió un respaldo real y multitudinario. El Presidente en el acto simbólicamente más importante de su movimiento en los últimos años, la recordación de los 75 años del 17 de octubre, expresó claramente que comenzaba una etapa de reconstrucción de la Argentina con todos "porque nadie sobra". Aunque no aclaró cual es el limite de ese todos. Los empresarios que lo insultaron y descalificaron a él y a su ministro de Economía con nombre y apellido estarán incluidos en ese todos. Los bancos que aprovecharon a abrirle en simultaneo a los nuevos bancarizados del IFE la caja de ahorro en pesos y dólares y después les ofrecían ser parte del pure transfiriendo a determinada cuenta los dólares adquiridos ¿también están es ese todos? Los agroexportadores que, no importa el color de gobierno, se sientan sobre lo producido por la tierra y se lo compran a los productores para después especular porque ellos si tienen espaldas ¿también están en ese todos?

El Presidente sobre el escenario del Felipe Vallese de la CGT, también hablo de encarar está etapa convocando a los mejores y varios inmediatamente echaron una mirada hacia la calle Reconquista. Ayer en la tarde en un café de la San Martín un dirigente con llegada diaria a los despachos porteños se sorprendía por la repercusión de la caravana local y reflexionaba "Sin pandemia Pesce ya hubiera corrido la suerte de Vanoli".

En lo que viene el Gobierno deberá tomar más de una medida drástica y que hará ruido; No se puede hacer tortilla sin romper los huevos decían sabiamente las abuelas, es indispensable que no se desaprovecha la oportunidad histórica de utilizar el contexto favorable-que también ya comentamos la semana pasada- de acaparar divisas que después puedan utilizarse para poner en marcha la economía.

A pesar de los ataques especulativos de todo tipo, ayer quedo demostrado que el Ejecutivo todavía tiene en la calle el apoyo que las encuestas serias consideran que conserva a casi 10 meses de gestión con pandemia incluida. Cómo usarlo es el gran reto que le queda por delante. 

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