Opinión
Un decreto que puede bifurcar senderos
Domingo, 11 de octubre de 2020Por Luis Ábrego-Entre Paréntesis.

Jaqueados por la coyuntura, Alberto Fernández y Rodolfo Suárez tomaron senderos inversos para salir del laberinto de una semana complicada para ambos. Como corresponde, el movimiento los alejó entre sí, pero a pesar de lo que podía suponerse, correr en direcciones opuestas también los hizo chocar.

El manejo de la pandemia ha sido tan cuestionado en el país que a esta altura del partido nadie puede arrogarse tener recetas mágicas. En todo caso, la simple subordinación que en estos asuntos, estado de excepción mediante, debe tener una provincia respecto de la Nación. De ese poder se agarró el Presidente para anticipar la vuelta de las restricciones "en 18 departamentos" provinciales, sin más detalle al respecto salvo la presencia de Mendoza en la lista. Un interrogante que se develará cuando se conozca el decreto nacional.

La decisión de esta nueva "cuarentena federal" se fundamenta en el incremento de casos diseminados en el resto del país y el amesetamiento en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde el propio Fernández coordina con el informal triunvirato que compone junto a Horacio Rodríguez Larreta y Axel KIcillof, en una especie de consagración del mejor ideal unitario.

Mientras Fernández enfrenta los efectos silenciosos de la cuarentena, los económicos, con una abrupta caída del Producto Bruto Interno (PBI) del 19,1%, y pese al ajuste del cepo cambiario un dólar imparable que sigue sin encontrar su techo, al cerrar una semana fatídica con una cotización de 167 pesos (una suba de 17 pesos en cinco días). Y si a eso se le suman las duras controversias internas en el Frente de Todos derivadas de la postura del Gobierno argentino frente a Venezuela, la opción de poner otra vez a la pandemia en el centro de la escena no parece desechable.

Es que fue en aquellos días de mediados de marzo, cuando el Presidente parecía sobrevolar la grieta y convocar a todos a un desafío global, en el cual su presencia era ponderada por propios y ajenos. Pero el tiempo todo lo diluye y las encuestas así lo expresan. Lejos de ese escenario, casualidad o no, el viernes volvieron los anuncios compartidos con gobernadores de distintos partidos y la decisión (sanitaria, pero también política) de retomar el manejo de la agenda nacional centralizada con medidas que interfieren en las decisiones locales.

La sorpresa aquí fue mayúscula. Justamente porque encontró al Gobierno provincial a contramano con aquello que la Nación acababa de anunciar. Por el contrario, a mitad de semana Suárez había adelantado nuevas flexibilizaciones, al permitir la circulación sin terminación del DNI los fines de semana, así como las reuniones familiares de hasta 10 personas. Pero no solo eso, se rehabilitaba el turismo interno y se abría la puerta para próximas actividades como los jardines maternales o las canchas de futbol 5. Pero también se preveía solicitar la apertura del aeropuerto.

Lo de Suárez había sido también un oportuno y certero cambio de agenda, que hasta ese momento venía cargada no sólo de los índices de contagios y el nivel de ocupación día a día de los hospitales, sino del paso en falso que significó primero el anuncio, luego la corrección de un borrador y finalmente la postergación a un año vista del proyecto de modificación de la Ley provincial de Educación.

Las críticas externas y los reproches puertas adentro del Ejecutivo hacían urgente un golpe de timón que hiciera olvidar lo sucedido con esa iniciativa del director general de Escuelas, José Thomas. Casualidad o no, el gobernador anunció un relajamiento acotado pero suficientemente amplio como para cambiar (igual que Fernández) de la agenda política a la agenda sanitaria.

Sin embargo, pese a la similitud de movimientos, el desencuentro fue inevitable. Mientras desde la Nación argumentan la necesidad de cerrar, de volver aquí a Fase 1 como un acto de estricta responsabilidad, desde la Provincia aseguran que el sistema sanitario está exigido pero aún da respuesta, y que en todo caso Mendoza tiene índices de contagio similares a otras regiones del país pero con el atenuante que la actividad productiva y la economía está casi toda abierta producto de la estrategia on/off que tiempo atrás decidió el propio Suárez.

Un gobernador que pese a su tono moderado y componedor salió el viernes por la tarde a jugar muy fuerte y dejar en claro la postura de Mendoza si el decreto nacional que se conocerá el lunes decide la marcha atrás: "Me niego a cerrar", sostuvo tajante Suárez. Pero agregó que si ello se produce la Provincia no tendrá más opción que acatar.

En todo caso, vale poner en contexto esta negativa de Suárez que no hizo más que profundizar la disconformidad del gobernador con la Nación. Ya el mismo día que se anunciaron las flexibilizaciones locales el gobernador había sido crítico con el manejo de fondos para la pandemia que llegan desde Buenos Aires. "Nos cuesta mucho conseguir esos fondos discrecionales que se manejan de la Nación. Nos cuesta, tenemos que insistir mucho...", se lamentó ante los periodistas, pero asumiendo él un reclamo que hasta el momento sólo habían expresado en público alguno de sus ministros o los diputados nacionales radicales.

La acusación de discriminación a Mendoza por ser administrada por un gobierno de otro signo político se hizo ahora evidente en la voz del propio Suárez. En todo caso, también casualidad o no, la antesala perfecta para una respuesta nacional que le podría quitar el poder de decisión en el manejo de la cuarentena para pasar a depender de lo que decida exclusivamente la Casa Rosada.

En un fin de semana de gran incertidumbre y alta expectativa, desde el Gobierno trascendió, sin embargo, una leve luz de esperanza sobre el desenlace final. El propio Suárez pidió tranquilidad a los suyos en la certeza de que la Nación no sería capaz de tomar una decisión de estas características sin el consentimiento de las autoridades provinciales. "No creo que nos incluyan sin nuestro acuerdo", confesó ayer una alta fuente de Casa de Gobierno. ¿Y si eso no sucediera?

Es probable que este cruce (uno más) haya limado en un extremo algo desgastado el vínculo entre Fernández y Suárez. Sólo cuando se conozca el decreto se develará el misterio de este duelo de agendas. En todo caso, lo que allí se diga se cumplirá con reservas, como se ha cumplido desde el comienzo de la pandemia, pero el público rechazo y la negativa del gobernador puede ser un punto de inflexión (tal vez definitivo o pasajero, se verá) en la relación Nación-provincia.

Lo que está claro, en todo caso, es que las urgencias políticas determinan también decisiones de otra índole que no siempre se ajustan a criterios sanitarios. O peor aún, que la pandemia está transformando la forma en que la política gestiona y los caminos que cada quien toma en este embrollo inimaginable que además, cuesta vidas. En definitiva, lo que se diga o lo que se haga en este tiempo será la medida de las discusiones electorales del año próximo. Obvio, si el Coronavirus lo permite. De esto también estamos hablando.

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