el legado de mafalda
Aquí, en la periferia del Imperio, buscando ese mundo mejor que Quino nos legó
Domingo, 4 de octubre de 2020Por: Myriam Ruiz.
Por: Myriam Ruiz - En Twitter: @myriruizbarrio

Hubo un rumor en la biblioteca, tan leve como cuando la brisa mueve las hojas de un libro. Manolito cerraba el almacén y salía apurado, peinándose el pelo rebelde con un poquito de saliva en la mano. En la vereda se encontró con Felipe, cargaba la tristeza como si fuese la mochila más pesada del mundo, encorvado en su andar. A la vuelta de la esquina Mafalda estaba sentada en la puerta de su edificio, como tantas veces, como tantas décadas, viendo a la gente pasar.

La tristeza de Mafalda era inconmesurable, imposible de describir en una viñeta. Papá Quino había muerto. Y la niña -de 56 años, pero niña por toda la eternidad- guardaba en su corazón de grafito cada una de las enseñanzas, dudas, críticas, preguntas sin respuestas, y también la exasperación, la impotencia, la empatía de su creador.

La nobleza con la que Quino miraba al mundo, la misma nobleza que es una dura ausencia en ciudades, barrios y gobiernos del mundo. Y la bondad, claro... "No es que no haya bondad, lo que pasa es que está de incógnito", dice Mafalda.

El diario francés Liberación tituló estos días: "Quino murió, los argentinos aún no". Y la historieta que acompaña esta metáfora es dura de asumir para quienes habitamos este país.

El maestro de tantos dibujantes dijo en un reportaje en España: "En el 73, tuve la sensación de estar repitiéndome". Y la misma sensación lo sumía en cada una de las entrevistas, ante una Argentina que cae en los mismos errores, padece los mismos problemas. Una Argentina que repite ciclos, pero agravados. Seguramente eso explica la vigencia de Mafalda.

También Quino, en una fantástica charla con el dibujante Tute, explicaba que Mafalda sigue actual porque el mundo no ha cambiado. "Es increíble cómo el mundo repite siempre los mismos errores".

Mafalda no nació en España, donde tantos años Quino vivió, sino aquí... en la "periferia del imperio" como lo planteó algún pensador. Bien argenta, creció preocupada por las cosas que nos preocupan aún y parecen no cambiar: la inflación galopante, el dinero que no alcanza, la gigantesca diferencia entre los que más tienen y los que menos tienen, la corrupción de los políticos.

Mafalda es anticapitalista, feminista, pacifista, antiautoritaria, ambientalista, contestataria. Y muy política, claro. Una gran precursora de los tiempos en que vivimos.

Dejo la silla y me trepo también en la biblioteca. De inmediato mi alma se transforma en papel y se une a esa ronda de niños que lloran a un Quino que va perdiéndose en la lejanía. Como decía Peridi sobre él: "Un hombre sensible, que caminaba dándose cuenta que no pisaba tierra firme sino una ligera costra de civilización que flota sobre un mar de peligros e injusticias".

Sus lápices quedaron con la punta afilada, en su tablero de dibujante. Junto con algunas viñetas y nuestra esperanza de encontrar ese mundo mejor que tanto nos obligaba a soñar, una y otra vez.

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