Entrevista con la Socióloga Florencia Guardia
Mujeres del cine: otra forma de pensar la industria audiovisual
Lunes, 28 de septiembre de 2020
Por: Eugenia Cano - en Twitter @EugeCanon

Antes de que las películas fueran realizadas dentro del engranaje de una industria mundial, ¿las mujeres qué lugar ocuparon? ¿Tuvieron un lugar? Conocer el pasado para poder abordar un presente cargado de desafíos, es una de las propuestas que la Socióloga María Florencia Guardia expone dentro del curso "Mujeres de Cine: la transformación de la mirada". 

El taller virtual, que comenzó el 29 de de septiembre, se da en el marco de un nuevo "Encuentro con Egresades", el ciclo de conversatorios generados por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo para que graduados y graduadas puedan compartir con la comunidad educativa universitaria, y el público en general, sus trabajos de investigación y experiencias.

En su caso Guardia aborda una temática que viene investigando de manera reflexiva y académica desde hace tiempo. Con una mirada crítica aborda la industria del cine, pensando la inserción de las mujeres en el séptimo arte y los aportes teóricos fundamentales para crear otra forma de ver y hacer cine. "La hegemonía de Hollywood. Las mujeres en la división sexual en el cine. La excepción a la regla: las pioneras detrás y dentro de la pantalla. La unión entre la teoría fílmica y el feminismo. Y el caso argentino: "Si nosotras miramos el mundo se transforma" MUA y Audiovisualas Mendocinas".

Antes del taller SITIO ANDINO tuvo un intercambio con la disertante para hablar y pensar la desigualdad de género en la industria audiovisual, la situación de Mendoza, la necesidad de cuestionar los contenidos hegemónicos para dar lugar a nuevas formas de ver el mundo a través de una cámara, y la urgencia de generar espacios de trabajo que contemplen la equidad en la participación de mujeres y disidencias.

Sobre la disertante | María Florencia Guardia es Licenciada en Sociología por la Universidad Nacional de Cuyo, FCPyS. Realizó su tesis "La desigualdad de género en la industria cinematográfica argentina 2001-2018". Caso Mendoza. Actualmente se encuentra escribiendo el libro "Mujeres de Cine". Participó del Proyecto Mauricio López "Construyendo economía social con perspectiva de género II" y del 1° Voluntariado de Género y Diversidad. Coordinación Derechos Humanos, Género y Cultura. Bienestar UNCuyo. 

-¿Cómo surge dar este taller y cuáles son los temas para abordar?

-En primera instancia la iniciativa de la secretaria de egresadas y egresados de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo está buenísima porque dio la posibilidad de que los graduados pudiésemos difundir por estos cursos lo que estábamos investigando y esto también habilitó que fuera posible ver nuevas temáticas de investigación, por eso el curso Mujeres de Cine es como algo que no se venía trabajando hasta el momento.

El curso que propongo y lo que me llevó a investigar es, primero una experiencia personal, porque soy de San Luis y los 17 años trabajé en una película de Nemecio Juárez (La revolución es un sueño eterno) como meritoria de producción y ese fue mi primer acercamiento con el mundo laboral del cine. Después ayudándola a mi hermana con un cortometraje desde donde fui viendo más el detrás de escena. El año pasado tuve la oportunidad de defender mi Tesina de Grado en la Licenciatura de Sociología en donde pude volcar estos intereses personales y poder analizarlo desde una perspectiva sociológica a la desigualdad de género en la industria cinematográfica argentina, tomando como periodo 2001-2018 y como caso testigo Mendoza.

El curso es el resultado de ese primer acercamiento a poder pensar a las mujeres dentro de la estructura cinematográfica, que desde mi análisis personal yo creo la industria argentina ha adoptado un esquema laboral e ideológico que viene de Hollywood, que es una forma de hacer cine que se mundializó, que se hizo masivo. Entonces para mí el por qué las mujeres trabajamos de tal o cual forma dentro de la industria o por qué consumimos de tal o cuál manera hay que -digamos- volver a los orígenes. Entonces el curso se propone empezar de ahí. En la hegemonía de Hollywood, ¿dónde estuvieron las mujeres? Pensar la división sexual en el cine desde ahí. Pensar si hubieron mujeres trabajando en la época de oro del cine detrás de la pantalla, en producción, guión, en la dirección. Y sí, las hubo.

-¿Las hubo?

Las hubo, pero no las hubo ni siquiera en la época dorada. Las hubo antes. Estamos hablando de los albores, desde la foja cero del cine las mujeres estuvieron. Lo que pasa es que en la historia del cine, que es anglocéntrica, fueron silenciadas, no las conocemos. Tenemos como una memoria tardía.

Como en todo. Hubo mujeres en las artes visuales, en las letras, pero ahora hay que salir a buscarlas. Estuvieron, pero no fueron visibilizadas o legitimadas.

Exactamente. El tener esta memoria tardía los que hace es darnos la posibilidad de pensarnos de otra forma, y te lo digo como un agente externo a las mismas trabajadoras que son las que están haciendo el cine. Las posibilidades que ahora tienen -por ejemplo- Mendoza. Mendoza se está tratando de convertir en un polo audiovisual, aprobó la Ley de Cine 9058 en el 2018, si bien estamos en un momento de crisis de pandemia, (el cine nacional vive en crisis, no es novedad. Lo que hizo la pandemia fue agudizar más la crisis), en este desafío de que en Mendoza se está volviendo a su tradición porque tiene una tradición fílmica muy rica con la experiencia de Film Andes en los 40 y los 50, de ser un polo audiovisual, bueno, que pueda ser un polo audiovisual distinto, que pueda incorporar en la estructura laboral, por ejemplo, una Ley Micaela. Que tenga una capacitación constante en perspectiva de género, que se pueda pensar en cupos laborales de mujeres y también un cupo trans. Aprovechar que se está haciendo en Cuyo, en Mendoza, que se pueda descentrar de Buenos Aires y que se pueda hacer un propio cine. Entonces es importante en esto de pensar el pasado para hacer el presente de otra forma.

Florencia Guardia. Socióloga. Realizó su tesis de grado "La desigualdad de género en la industria cinematográfica argentina 2001-2018". Foto: Perfil de Facebook. 

-Cuando decís que el cine argentino ha copiado la estructura de producción del cine de Hollywood. ¿Esto es en términos comerciales, en donde hay una primacía del varón en los roles importantes de realización? ¿A qué hace referencia esto?

-Es un poco de todo eso, pero en términos generales es que en la forma en que se masivizó el hacer el cine fue a través del concepto de industria y el concepto de industria lo supo manejar muy bien Estados Unidos porque pudo insertarse en culturas que le eran ajenas y funcionar de la misma manera. Y es lo que hace una industria que es transnacional. Este concepto de industria se va a asemejar en que el cine ya deja de ser lo artesanal. Por ejemplo las películas mudas que eran artesanales, y va a necesitar una estructura mucho más compleja, entonces yo lo asimilo a una estructura laboral que es una industria.

-Como una fábrica.

-Exactamente. Es una fábrica de imágenes entonces va a tener esa estructura que es piramidal. Entonces tenemos director, después del director viene el asistente, después por ejemplo viene el director de fotografía fija y así sucesivamente. Es decir, hay un escalafón. Sumado a eso, estamos pensando en la década de los 20, de los 30, se implementó una división sexual porque fue lo funcional. Que las mujeres ocuparan los cargos como extensión de los roles que ya venían ocupando en la sociedad. La mujer no iba directamente poder desempeñar un puesto de dirección, si no que iba a ser, por ejemplo, vestuarista, cortadora de negativos, asistente. Iba a reproducir aquellas tareas que supuestamente por naturalidad desempeñaba más fácil, lo que es el cuidado, el detalle. El concepto de fábrica lo que también viene a dar es que todo se divide para que sea más eficiente entonces encontramos que en esta industria nacieron los sistemas de estudio, se separó lo que es la producción, al distribución y la exhibición. Es decir, la producción tiene una industria, la distribución es otra cosa, la exhibición lo maneja otra gente. Son negocios separados pero que se articulan todos juntos.

-Hace poco el Movimiento Audiovisual de Mujeres (MUA) generó el festival MUTA, una muestra de cortos de realizadoras mujeres. Conversando con una de sus organizadoras me dio un dato interesante. Que el porcentaje de mujeres que se forman y profesionalizan en áreas vinculadas a la realización audiovisual es mayor que el de los varones, pero que estos números no se ven reflejado en el ámbito laboral.

-Eso es tremendo y ese fue un trabajo que se puede encontrar, creo que es del 2010, no estamos hablando que fue hecho hace 2 años encima. Me parece que se llamaba Clara Kriger la investigadora y lo que hizo fue tomar datos de la Universidad Nacional de Cine de Buenos Aires y de universidades privadas y lo que salió de eso, los resultados son abismales. Y el dato no menor, por decirlo porque no manejo acá los datos duros, pero del 50% del alumnado ya eran mujeres, pongámoslo así. De ese 50%, las que podían insertarse en el mercado laboral específico del cine era un 20%, y que dentro de ese 20% desempeñaban las tareas clásicamente estereotipadas. Es decir, eran alumnas que habían perfilado para ser guionistas o que tenían una educación integral, se encontraban desempeñando cargos de meritorio y asistente pero por mucho tiempo. Porque esa también va a ser una de las características del trabajo femenino en el cine, no solamente nacional, esto es una característica que se sostiene mundialmente. Es que las mujeres tienen que validar sus capacidades con sus compañeres y sobre todo con los de mayor jerarquía a través de distintos puestos, de distintos trabajos, en un largo periodo de tiempo, mientras que el hombre tiene un acceso más directo. Es decir, que las mujeres recién a la edad de 30 o 40 cuando hacen su primer rodaje y los hombres lo hacen mucho más jóvenes. Y eso se da porque hay una desigualdad de lo que no podemos mencionar, que eso también a partir de la militancia del 2017, donde las mujeres con la antesala del 2015 del Ni Una Menos, se organizan en Rosario. De ahí sale MUA, de ahí sale Audiovisualas Mendocinas. Organización a nivel país con cada comisión de empezar a nombrar por qué nos pasa esto. Empezar a ponerle un nombre a la desigualdad, los micro machismos, que nos silencien, que nos tapen la voz, que son también conceptos que ahora están emergiendo.

Si volvemos al pasado, por ejemplo Georges Méliès, siempre lo reconocemos como el que funda el cine narrativo con la ciencia ficción, con la técnica, porque fue el ilusionista, pero en realidad antes de él estuvo Alice Guy. Entonces esto de que no sabemos que hicimos antes es difícil que podamos plantear otra forma de hacer el cine o de verlo también porque un poco muy arriba lo que traigo en el curso también son teorías que nacieron en los 60 y los 70 en Estados Unidos y en Europa que se planteaban que bueno, si tenemos esta desigualdad estructural respecto a que no podemos entrar a los puesto de mayor jerarquía o de creación, pero qué pasa con lo que consumimos, qué contenidos consumimos y para quiénes están hecho.

-Respecto a la mirada que aporta la mujer realizadora en el cine, creo que se están dando cambios significativos en cuanto a los contenidos que históricamente venimos consumiendo. Por lo menos yo lo percibo así. Otra sensibilidad, otra forma de mirar el mundo donde yo empatizo más. Ahora, ¿éstas narrativas cinematográficas producidas y realizadas por mujeres están teniendo hoy por hoy sólo un público femenino, quedan entre nosotras o vos percibís una apertura en general de que se estén rompiendo las narrativas hegemónicas y que la gente se empieza a dar la oportunidad de ver otra cosa?

-A nivel teórico es un debate re amplio el que me estás planteando. A nivel personal te puedo decir en que coincido con vos, que en una entrevista que le hice a Carina Piazza que una realizadora y guionista mendocina, me hablaba de esto. Yo te puedo ver la película de un hombre y de una mujer, sin ver antes quién la dirige y darme cuenta si la dirigió un hombre o una mujer por la incomodidad del texto cinematográfico. Hay algo en la mirada hegemónica que devenidas nosotras en este proceso permanente de deconstrucción de feminismo que ya no la tolerás más. Es muy difícil que yo ahora por ejemplo pueda ver una película de Aries Producciones de Olmedo y Porcel y disfrutarla.

-Por ejemplo la película que protagoniza Adrián Suar y que estrenó recientemente la plataforma de Netflix, tiene una historia vieja, que atrasa en todo aspecto. Esto hace pensar qué contenidos se están haciendo y qué se consume.

-Por eso te digo que es un tema de debate muy rico el pensar a qué público se dirigen los contenidos. Contenidos nuevos, que abordan narrativas que son interesantes que te puedan atraer, que se puedan contar historias con estética distintas hablando desde el amor lésbico, si querés hablar de la sexualidad, podés narrar un acto sexual y no sentirte incómoda al verlo como era por ejemplo en los 80. Podés hablar de amor o de relaciones trans, y que eso no quede en un grupo pequeño, acotado y que encima sea por ejemplo sólo mujeres. Y ahí tiene que ver pensar un poco qué viene primero. El tema del huevo o la gallina. Si la gente sólo consumo eso y la va a gustar eso o se puede ir construyendo la mirada, se puede ir construyendo el público. A nosotras ahora porque nos encanta ver esos contenidos, pero antes no los veíamos consumíamos de lo otro. Me parece que la industria del cine tiene que luchar para que se vayan incorporando gente que tenga otra mirada, que sea un otre distinto a lo hegemónico para ver reflejados otros contenidos.

En esta Ley de Cine que tenemos por el INCAA que es muy rica y que hay que saber apreciar que tenemos una institución de cine y una ley, si no nos sale naturalmente lo democrático hay que construirlo, y se construye tratando de hacer estos cupos y que más mujeres y disidencias ocupen los lugares para así empezar a ver contenidos distintos.

-Dejando de lado el público. ¿Los realizadores varones frente a este movimiento de mujeres en el cine, tienen una apertura a ver qué están haciendo, a ver qué están filmando, a decir por ejemplo, te quiero en mi equipo? ¿Esto está pasando o hay resistencia? Que me imagino que no debe ser explícita.

-Es muy complejo porque es muy subjetivo y lo que tiene el mundo del arte es que ha sido siempre un lugar -supuestamente- de libertades ante los sexos, es decir, no han habido muchas inequidades, pero cuando vas a la práctica te das cuenta de que no es así. No creo que exista un rechazo directo sino esto de ‘che pero yo nunca te negué una posibilidad', ‘che pero yo no tengo problema de trabajar con vos'. Es como que no pueden ver o reconocer, digamos, no pueden hacerse a un lado. Por ejemplo, pasó ahora en pandemia con el tema del concurso Raymundo Gleyzer que no se le dio un lugar específico a las mujeres o un cupo a las mujeres, entonces sigue habiendo reticencia. Si hay un espacio chico para la industria audiovisual para la Argentina, ese espacio chico está siendo cooptado un 90% por los hombres, entonces si no hay problema  háganse un poco a un lado, que entremos todes.

-En este escenario complejo y actual donde me mencionás un montón de situaciones, ¿qué están haciendo por ejemplo Las Audiovisualas Mendocinas o MUA? ¿Qué está pasando con estos colectivos de mujeres que se agrupan para empezar a hacerse su espacio dentro de la industria?

-En primera instancia creo que empezó de abajo hacia arriba la actualización de esto de que las mujeres tenemos que organizarnos, porque hubieron también hechos del pasado donde se trató lo que hoy estamos vivenciando, por ejemplo en los 70 en Inglaterra. Pero hablando de la actualidad yo creo que el Ni Una Menos y lo que disparó eso desde Argentina a nivel Mundial fue algo que tenemos que sostenerlo para que no se vuelva a aquietar. Con MUA, con el encuentro de Rosario porque las rosarinas también tienen sus propias comisiones, hay comisiones en distintas partes del país, y con las Audiovisualas Mendocinas es muy rico esto porque justamente por lo que se está luchando es por todo lo que venimos hablando, tener un espacio en la industria del cine. Pero no solo eso sino que, por ejemplo, MUA tiene una plataforma donde están todos los perfiles de las trabajadoras del cine y lo que tratan de hacer es que esa plataforma sea una plataforma laboral. No es solamente una discusión simbólica si no que es algo mucho más grande. Y eso también si uno quiere hablar de sororidad, que es algo que se construye porque no se da naturalmente, este tejer redes y armar espacios laborales y también dar capacitaciones es también darle la posibilidad que si estamos hablando de una industria que es meritocrática, que es jerárquica, que si vos no tenés la experiencia es difícil que alguien te vaya a contratar, entonces significa darle la mano, darle espacio a aquellas que están empezando.

Y además que le están haciendo frente a lo falocéntrico que tiene la industria argentina, que el territorio es una extensión o expresión más del patriarcado, es decir, todo se ha centrado históricamente en Buenos Aires. Entonces nos vemos como un centro-periferia. Y eso las mujeres lo están poniendo a discusión, que ese es el debate más rico y el más difícil de todos. En Buenos Aires se están haciendo cosas re interesantes y tienen una agenda que es totalmente distinta a la que manejan en Mendoza, por ejemplo. Todo eso se está haciendo ahora y se puede hacer de una forma distinta que creo que eso es lo más rico de la coyuntura.

-En esta realidad, ¿cómo aparece el caso de Lucrecia Martel? Pregunto porque vos tenés la lupa puesta en esto.

Lucrecia Martel. Directora de cine argentina. 

-Está bien. Quizás el argumento a veces cae en ‘che pero sí hay directoras mujeres y directoras grosas, Martel es una, Cristina Raschia también', pero si vamos al número podemos ver un aumento pero que no tiene correlación con esto que decíamos antes sobre el porcentaje de alumnados que tenemos. Y por otro, que se dan posibilidades porque no hay nada escrito que las excluya, ahí está la dificultad. No es que hay una Ley de Cine que dice que las mujeres son dos por año y ya está. Todo se presenta a vivo concurso pero imagínate que si el que tiene que hacer una evaluación sobre una obra, una apreciación, tiene una estructura hegemónica, es decir, masculina, si la mirada es masculina quizás no te vaya a elegir a vos. Entonces es todo un circuito bastante complejo. Por ejemplo, en el curso voy a citar de que hubieron dos grandes proyectos que incentivaron a estas realizadoras consolidadas, que fue el concurso "Historias Breves " donde estuvo Cristina Raschia e Historias Breves 1 donde salió premiado el corto de Lucrecia Martel. A partir de ese reconocimiento Martel pudo tener otras entradas, otros reconocimientos, pero si no se validaba con eso, si no hay una validación previa es difícil que vos llegues a rodar un largometraje.

-En esto de la validación, ¿cuán lejos ves el reconocimiento de la mujer en el cine en estos circuitos honoríficos de la industria que son los festivales?

-Para mí tan lejos no porque se están haciendo. Por ejemplo se hacen festivales alternativos, como el que me mencionaste, el MUTA, que si bien no tiene la masividad como el Festival de Mar del Plata, es un antecedente. El Festival de Mar del Plata ya en los 80 estaba La Mujer y el Cine que es una sección dentro del festival, creo que otra era Mujeres en Foco, esas propuestas son las que van a ayudar a que dejemos en un futuro de ser una "sección". Las mujeres ya no tienen que ser una sección. En el momento en que todo esto ya sea equitativo y donde ya no hablemos de directoras y directores en las premiaciones.


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