Opinión
Una breve expedición a la Fase 1
Domingo, 20 de septiembre de 2020Por Luis Ábrego - Entre Paréntesis

La consigna oficial es "aguantar" la batalla contra el Coronavirus y para ello, tomar todas las medidas que sean necesarias que no impliquen retrocesos indefinidos o prolongados que pongan en riesgo la mínima continuidad productiva que algunos sectores están consiguiendo. Claro está, salvo fuerza mayor. Ese es el gran marco de convicción con el que el Gobierno provincial pretende superar la pandemia, luchando contra el miedo y la irresponsabilidad, pero también la falta de expectativas económicas y las presiones de cuanto grupo de interés exista.

Justamente, la estrategia del on/off permite esa posibilidad de ajustes y a medida que pasa el tiempo debería ofrecer mayor precisión en aquello que se abre y aquello que se cierra, por cuánto tiempo o de qué manera. Sin embargo, la zozobra a la hora de la toma de decisiones está a expensas del vértigo a lo desconocido, pero también al juicio público con las cifras que a diario se difunden de contagios, testeos, recuperados y muertos.

El breve y acotado regreso de Mendoza a Fase 1 desde la tarde de hoy y hasta primeras horas del martes es, en todo caso, un botón rojo muy selectivo, que busca principalmente restringir la circulación masiva de personas en la previa y en el Día del Estudiante. Por ello, el rigor quirúrgico que se puso en su delimitación, de la que quedó excluido gran parte del fin de semana para afectar lo menos posible al sector turístico y gastronómico, especialmente.

Otro aspecto que se consideró en el Gobierno es no sólo un régimen acotado en el tiempo, si no también que pudiera ser de cumplimiento lo más efectivo posible. Por ello, al impactar básicamente sobre un día lunes, se le sumó el asueto para la administración pública, la reducción de las frecuencias del transporte de pasajeros y otras medidas que acompañan la idea de que casi por 36 horas, Mendoza haga un parate casi total. Como aquellos del inicio de la cuarentena.

Podría decirse que este deja vú es una política que pretende ser de shock, muy puntual, en la cual el 21 de setiembre es una buena excusa para materializar algo que tanto desde el sector sanitario como desde algunos referentes de la oposición (pero también en voz baja alguno que otro del oficialismo) habían barajado, aunque tal vez con otra duración para producir un quiebre en la cifra de contagios.

Podrá argumentarse la eficacia o no de este impasse, o en todo caso si este cepo a la celebración de los jóvenes no habrá generado festejos anteriores o posteriores que le resten el poder disciplinador con el que se imaginó la restricción. Sí, en el Ejecutivo están esperanzados que tendrá un alto valor social como símbolo (o muestra gratis, si se quiere) que por unas horas nos recuerde a todos las calles desoladas, lo que se puede perder si todo se desmadra.

"Somos el gobierno de las libertades" suele repetir un emblemático ministro del gabinete de Rodolfo Suárez cuando se le insiste en el porqué de tanta sintonía fina, del puntilloso equilibrio entre salud y economía, o incluso la resistencia para endurecer la cuarentena que ha generado hasta contrapuntos que se hicieron públicos con el propio Alberto Fernández.

El gobernador entiende que la pandemia hay que atravesarla con el menor costo posible, tanto en lo sanitario y en términos de vidas humanas, como también en el impacto psicológico de la sociedad, y fundamentalmente, en lo que implica paralizar actividades económicas por tanto tiempo: ya sea para el sector privado, pero también en términos de la provisión de recursos para el funcionamiento del Estado, que más que nunca, hoy son imprescindibles.

De hecho, esta semana se conoció que la recaudación provincial, en términos reales, cayó el 16% en comparación con 2019, y que aquellos que tienen origen en fondos nacionales, sufrieron en los primeros ocho meses del 2020 una caída del 12%. Mendoza no se puede dar el lujo de ceder más tiempo ni dinero. Pero tampoco esperar a que el sistema sanitario colapse.

Y justamente ese dato también influyó en los argumentos para que el intervalo de Fase 1 que se vivirá en las próximas horas se torne ineludible. Ya la ocupación de camas de Terapia Intensiva en el Gran Mendoza registra un índice cercano al 90%, con lo cual da cuenta de un límite a la vista. Un poco más aliviado está el resto de la provincia que se ubica muy próximo al 80%. Una situación crítica similar a la que hoy también exhiben otras provincias fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y entre las que se encuentran Jujuy, Río Negro, Santa Cruz, Tierra del Fuego y Santa Fe.

Sin embargo, cualquier previsión parece insostenible si se considera que desde marzo el eventual pico de contagios ha ido postergando su llegada y que ahora, luego de seis largos meses de encierro, cuidados y prohibiciones (pero también de abusos, impericias y audacias) se está programando para fines de octubre o principios de noviembre.

Ante este panorama, la respuesta sigue siendo la misma: resistir. ¿Cómo? Con mitigación sanitaria (en esa línea va el plan provincial de testeos masivos recientemente anunciado con aval de la ANMAT) y gestiones que hagan posible la continuidad del Estado como actor principal para sostener la lucha. En ese sentido, la obtención esta semana de 1.500 millones de pesos para pagar el aguinaldo a los empleados públicos tras la emisión de una letra no es un dato menor. En especial si se recuerda que la intención original era conseguir 500 millones de pesos.

En la situación que atraviesan las cuentas públicas, cualquier desahogo es útil. Especialmente ante la imposibilidad local aún de cerrar con los acreedores internacionales, luego del exitoso canje nacional. Por ello toma más sentido el acuerdo que se logró en el Congreso (en este caso de tiempo) para pagar las deudas que las provincias tienen con la Anses, y cuyo cobro fue prorrogado por ocho meses. O las ventajas que puedan obtenerse del próximo presupuesto 2021 que ingresó para su tratamiento legislativo.

Allí, hay una mejora real de los ingresos previstos del 24,5% con respecto a la reconducida pauta de gastos del 2019 que ha regido durante todo este año. La cifra, por debajo del índice de inflación interanual (y también del 29% proyectada para 2021), no aparece como un beneficio contundente. En todo caso, va en línea con lo que ha sido este año la provisión de partidas desde la Nación, en especial aquellas de carácter discrecional. Pero eso será parte del debate y la negociación parlamentaria.

Mientras esas herramientas se materializan, la ya ajetreada cuarentena nos retrotraerá por un día y medio a la antesala del encierro absoluto. Para aprender, para recordar o tal vez como un breve y atemorizante suspiro. Una penitencia. Un tropezón obligado, que no será caída, pero que bien podría serlo: como quien se tienta con los excesos.

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