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El matrimonio de médicos que enfrenta, cada día, al covid en San Rafael
Lunes, 21 de septiembre de 2020
Por: Mariano Villatoro - Canal 6 TeleSUR

Vivir la pandemia de los dos lados de la mampara. Adentro y afuera. En la casa, en la calle, en el trabajo y el auto. Con dos niños marcando el calendario esperando con ansiedad el día 14 para volver a darle un abrazo a su papá.

Bajar de la ambulancia vestido de astronauta y esperar el timbre para salir a buscar los elementos que dejaron los vecinos en la puerta del hogar.

Puede parecer el relato de un futuro distópico, pero es el presente real que vive la pareja que conforman María Florencia Victoria (pediatra desde hace una década) y Osvaldo Rábano (médico de emergencias desde el mismo tiempo) junto a sus hijos Tomás y Agustín.

La vida de esta familia se modificó tanto en los últimos meses que hoy no distingue el ámbito público del privado, porque ambos se combinan en una sola realidad rodeada de medidas de seguridad, barbijos, guantes y todo elemento que les permita poner una barrera entre ellos y el COVID, un virus al que aseguran, no hay que temer pero sí respetar.

"Al principio lo vivimos con mucho más temor, todo era desconocido y no sabíamos cómo encararlo. Con el tiempo y al contar con más información, nos fuimos preparando mejor", explicó Florencia en diálogo con Noticiero Edición Central de Canal 6 Telesur.

Por su parte, Osvaldo debió soportar 14 días de aislamiento preventivo porque tuvo contacto estrecho con al menos tres casos positivos, y sin embargo su test arrojó resultados negativos. Lejos de atemorizarse, la experiencia le sirvió para deducir y reafirmar que el distanciamiento social y el tiempo de exposición al virus son la clave para evitar los contagios masivos.

"Estuve con tres personas positivas y la carga viral no me afectó porque estuve muy poco tiempo. El que no alcance a agarrar la carga viral no se va a infectar, y contra más tiempo y más carga tomemos, más grave va a ser el resultado" resaltó el médico, y ambos coinciden en señalar "estamos más expuestos con la gente que deambula que en nuestros propios trabajos".

Ante la falta de respeto generalizado por las normas repetidas hasta el cansancio, aseguran sentir simplemente bronca. "Nosotros elegimos esta profesión y está bien, pero también necesitamos una mano", reclama Florencia, mientras que Osvaldo señala que lo que se está agotando "es el recurso humano, y es irremplazable".

Aún así, admiten que "de a poco, la gente va tomando conciencia" y que ya "no los miran raro" como sucedía al principio, si bien jamás tuvieron una sola muestra de discriminación de sus vecinos, amigos o en ningún entorno público. "Todos se comportaron maravillosamente", dicen felices.

Hoy, distanciados de su familia (Los padres de Osvaldo viven en General Alvear y los de Florencia en San Juan), cuentan que los extrañan mucho, pero que van a sostener hasta las últimas instancias esa separación para preservar la salud de sus seres queridos. Mientras, siguen enfrentando arriba de la ambulancia o al lado de la camilla las emergencias que se comunican a diario al 911 y los niños que requieren de ayuda en el hospital Schestakow.

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