Columna del domingo
Golpes que activan la opción del botón rojo
Domingo, 6 de septiembre de 2020Por Luis Abgrego
Por: Luis Ábrego

Todo parece provisorio en estos días. Los estados de ánimo entran en el subibaja de las cifras oficiales de los contagios, y las certezas pueden derrumbarse vertiginosamente. La batalla contra el Coronavirus se ha entablado ya en las escaramuzas del día a día. "Hora a hora", resume dramáticamente la ministra de Salud, Ana María Nadal. No hay mediano plazo, apenas la esperanza de que mañana sea mejor. Algo que no siempre sucede. Así, atraviesan sus días el gobernador Rodolfo Suárez y su gabinete.

Un Gobierno que esta semana recibió tres duros golpes. El primero, el nuevo récord de 709 casos registrado el miércoles, y con ello la convicción de haber pisado un umbral que de mantenerse o incrementarse obligaría necesariamente al regreso a Fase 1 en sintonía con la marca histórica de los 10 mil casos en Mendoza desde el inicio de la crisis. El segundo, la cancelación de la visita presidencial prevista para el lunes 7, cuando incluso había sido confirmada por el propio Alberto Fernández. Y el tercero, el conocimiento de los positivos de la ministra de Cultura y Turismo, Mariana Juri, del subsecretario de Comunicación Social, Pablo Sarale y de la responsable del Ecoparque, Mariana Caram. Una trilogía que da cuenta de la contundencia de la pandemia, incluso en las propias entrañas de Casa de Gobierno, pero también de las dificultades políticas que implican su manejo.

Pero vamos por partes. El incremento de los casos se viene haciendo notar con fuerza desde agosto y el temor oficial es que el descontrol de la situación sanitaria no deje margen para esperar hasta el 22 de setiembre en la que vencen las actuales restricciones, y así el retroceso deba ser ejecutado anticipadamente. El propio Suárez ya aclaró que si no baja la curva de contagios, el siguiente paso es ir al Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) por 20 días para descomprimir el sistema de salud. La última oportunidad. O un no deseado giro que implicaría casi apagar la economía y apretar el temido botón rojo.

La cantidad de casos, la tasa de duplicación y de mortalidad, así como el nivel de ocupación de camas serán esenciales para determinar si Mendoza da marcha atrás (tal como se creía a principios de semana) o si se mantiene con su economía abierta pero con restricciones. Ese dilema es algo que ya dirimieron, total o parcialmente, al menos por un tiempo, provincias como San Luis, Santa Fe, Catamarca, así como algunas localidades de Río Negro y Santa Cruz. Aquí, la postura de la prevalencia responsable de las actividades va perdiendo lentamente adeptos.

Sin embargo, la evaluación política que recorre el tablero del poder se topa con la íntima convicción del propio Suárez que se resiste a ceder su idea aperturista. Y ante el recrudecimiento del escenario desafía a sus funcionarios para que consigan más camas o más respiradores. De todas formas, en su entorno creen que "si no queda otra opción" dará marcha atrás. Y que en todo caso esa posibilidad está siempre "latente". Para el Gobierno, hay aquí una especie de cruzada en la que se debate contra las presiones de la Nación, pero también contra la falta de toma de conciencia ciudadana.

El modelo del manejo mendocino de la cuarentena es un valor que asimismo está en juego. Y es por ello que mientras haya resto, la decisión es "aguantar". Aunque sea calibrando acciones que aseguren la disminución de la circulación, y con ello, la baja de los amenazantes números del sistema sanitario, como fue en los últimos días.

La visita de Fernández había sido acordada en persona entre ambos mandatarios y ratificada públicamente por la Casa Rosada, sin embargo y todavía misteriosamente, fue dada de baja con la habitual excusa de los "problemas de agenda". El presidente incluso había declarado que su viaje era para ver "cómo ayudar" a Mendoza, lo que significó una especie de bálsamo en una relación que en este tiempo siempre corrió por vías de respeto institucional pero no exenta de cruces y desconfianzas mutuas.

De hecho, el viernes aterrizó en El Plumerillo un cargamento de la Nación con 30 respiradores y equipamiento para las terapias intensivas que según Nación implica una inversión de 2 mil millones de pesos que ilusionaron en Casa de Gobierno con inaugurar una nueva fase de mayor complementariedad. Sin embargo, el broche de oro de la foto del presidente y el gobernador no será en esta circunstancia. Las dilaciones y las contradicciones tampoco ayudan a ver la luz al final del túnel.

Más allá del confuso episodio, en el Gobierno no dan por caído el encuentro. Apenas "postergado" remarcan. Y reafirman que en la reunión entre Suárez y Fernández por el anuncio del acuerdo de la deuda externa algo cambió en ese vínculo. "Se aliviaron tensiones en el cara a cara", agregan. Algo que presumiblemente una videoconferencia anterior, con su fría escena de pantallas con delay había enrarecido en la discusión sobre el manejo de la cuarentena.

Finalmente, la aparición de casos positivos en el Gabinete sumó un halo de frustración en un equipo que ve cómo sus generales quedan afectados en el frente de combate. Además de alterar el temple, esta situación debiera obligar a aislar muchos funcionarios de primera y segunda línea, con lo cual hasta podría verse incluso afectada la toma de decisiones en momentos que aparecen como cada vez más críticos.

Sin embargo, la situación no parece haber despertado mayores preocupaciones, ni cuidados extras más allá de los conocidos por todos. Apenas el aislamiento de algunos funcionarios de Cultura, la desinfección de las oficinas y ninguna recomendación adicional para con el resto de los ministros. El gabinete provincial no será aislado, ni cuenta con un protocolo específico para el caso que se declarase un positivo en el equipo como sucedió.

Sólo una circunstancia debería garantizar por estas horas el Gobierno. Y esta es, si se quiere, una razón de Estado: preservar y asegurar efectivamente la salud del jefe del Ejecutivo, activando más protocolos internos y resguardando su salud pues es él quien representa la soberanía popular.

Es el soberano al que debe preservarse ante una situación extraordinaria o de fuerza mayor como es una pandemia. Por lo pronto desde Casa de Gobierno aseguran que Suárez sí tiene un protocolo "estrictísimo de autocuidado", y que pese a los contagios en su entorno de gobierno "está tranquilo", pero no descartaron que el lunes se tomen más medidas para asegurar su integridad frente al Covid.

La que empieza puede ser una semana decisiva en muchos aspectos. Hay algo que está claro: si golpes como los de esta semana se suceden, no habrá más remedio que apretar el botón rojo y retroceder a Fase 1. Por ahora, sólo opciones que no quieren convertirse en razones.

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