Opinión
El debate por el mundo nuevo
Domingo, 6 de septiembre de 2020Por Marcelo López Álvarez
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

A pesar del discurso dominante y de los minutos y centímetros que en las últimas semanas se ocuparon en desgastar varias (o todas) de las propuestas del Gobierno argentino frente a reestructuración de la deuda, acciones contra la pandemia y las ideas para poner en marcha la economía post Covid, lo cierto es que el Mundo y la Argentina parecen caminar en la misma dirección.

En los últimos tiempos aquella vieja frase de "realidad pública versus realidad publicada" toma cuerpo con fuerza. No alcanzó el pregón permanente para tapar la realidad de un acuerdo y canje de deuda con los acreedores, tanto bajo legislación extranjera como nacional, que llegó al 99 por ciento del total despejando fuertemente el horizonte para los próximos años. Si quienes conducen el país serán capaces de aprovechar tal oportunidad es por ahora una incógnita, pero ¿por qué pensar no lo harán?

Tampoco el discurso dominante parece horadar la percepción de la sociedad argentina sobre la acción del Gobierno en tiempos de pandemia. Esta semana el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) terminó un trabajo dónde se pueden identificar claramente dos cosas; por un lado "un segmento mayoritario de la sociedad que sintoniza con el proyecto político del Frente de Todos y acompaña sus iniciativas como la reforma judicial y el impuesto a las grandes fortunas, que valora positivamente el rol del Estado en la sociedad, la revalorización de la política como herramienta de transformación (65%) y la redistribución económica como modo de alcanzar la justicia social" y también un claro grupo que ronda entre el 25 y 30 por ciento, según la pregunta, que es el núcleo duro de la oposición. Por ejemplo "hay un 26% de la ciudadanía que considera que el Gobierno actual es menos democrático que el Gobierno anterior; un tercio que se posiciona en la vereda de la antipolítica; cerca de un 25% conserva una buena imagen de Macri".

Mientras la pandemia sigue complicando al mundo y las regiones del Hemisferio Norte están entrando rápidamente en una segunda ola de contagios donde predominan los infectados por el virus de edad considerablemente menor a la primera ola de contagios, los gobierno siguen apelando a recetas fuertemente intervencionistas en la economía para tratar de preservar fuentes de trabajo y producción, a la vez que toman medidas que permitan acumular mayor recaudación para financiar esas políticas de sostenimiento. La prensa británica informaba en estos días que el ministro de Finanzas de Boris Johnson, Rishi Sunak, estudia "subas que podrían alcanzar de 20.000 a 30.000 millones de libras (NdR: entre 22.500 y 34.000 millones de dólares), entre impuestos sobre el combustible, introducción de un gravamen a las ventas en línea, armonización de los impuestos a las ganancias de capital y el aumento del impuesto de sociedades".

La única verdad es la realidad, y más allá del discurso y los gritos de una parte de la política argentina y de los opinadores del elenco estable de los paneles televisivos el Mundo discute seriamente y en profundidad como recomponerse y el papel de las políticas impositivas en esa recomposición terminada la pandemia.

El jueves 3 de septiembre la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dio a conocer la quinta edición de "Reformas de política fiscal: OCDE y economías asociadas seleccionadas", una publicación anual que proporciona información comparativa sobre reformas fiscales en todos los países y rastrea la evolución de la política fiscal a lo largo del tiempo. Un documento que no tuvo un recorrido demasiado amplio (por no decir ninguno) en los medios de comunicación de la Argentina, pero ese silencio tiene una lógica.

Pascal Saint-Amans, director del Centro de Política y Administración Tributaria de OCDE, y uno de los especialistas que trabajo en el anuario, publicó ese mismo día en el blog oficial de OCDE un artículo analizando el informe de la institución. Allí afirma que "El brote de COVID-19 ha provocado una crisis de salud y una caída de la actividad económica sin precedentes en la historia reciente. Contener y mitigar la propagación del virus ha sido, con razón, la primera prioridad de las autoridades públicas para reducir la incidencia de la enfermedad y limitar la presión sobre los sistemas de salud.

La mayoría de los países también han actuado con rapidez y fuerza para limitar las dificultades económicas causadas por los cierres y otras medidas de contención. Si bien el tamaño de los paquetes fiscales ha variado entre países, la mayoría ha sido importante y algunos países han tomado medidas sin precedentes, como se destaca en nuestro último análisis de política fiscal (OCDE, 2020a). Las respuestas iniciales de los gobiernos se centraron en brindar apoyo a los ingresos de los hogares y liquidez a las empresas para ayudarlas a mantenerse a flote. A medida que la crisis ha continuado, muchos países han ampliado sus paquetes fiscales iniciales. Cuando se han aliviado los bloqueos y otras medidas de contención, se han implementado o anunciado una serie de medidas de política fiscal expansiva para apoyar la recuperación económica.

Sin embargo, la incertidumbre es muy grande y la adaptabilidad continua de las políticas será clave. Ya hay evidencia de que la recuperación no será un proceso fluido, con reintroducciones localizadas de bloqueos en algunos países, restricciones de movimiento continuas y riesgos de una segunda y subsiguientes oleadas de infecciones (OCDE, 2020b). Si bien por lo general se necesita cierto grado de estabilidad para fortalecer la confianza, dada la incertidumbre de la crisis actual, la flexibilidad y agilidad de las políticas puede ser lo que se necesite para ayudar a restaurar la confianza".

Mas adelante plantea la necesidad de reformas fiscales de carga ambiental planteando que los impuestos sobre los combustibles contaminantes no se acercan a las cargas necesarias para promover su reemplazo por energías limpias y se mete de lleno con la distribución de la riqueza y la fuerza laboral asegurando que; "El reparto justo de la carga también será fundamental en el futuro. La crisis ha aclarado y exacerbado las desigualdades existentes. Los trabajadores de bajos ingresos, las mujeres y los jóvenes se han visto más afectados, mientras que los trabajadores a tiempo parcial, temporales y autónomos representan hasta la mitad de la población activa en los sectores más gravemente afectados (OCDE, 2020c). Varios países han ampliado temporalmente las licencias por enfermedad o las prestaciones por desempleo a los trabajadores no estándar, pero se debe considerar el fortalecimiento de su protección social a largo plazo".

Metiéndose de lleno con el debate que hoy cruza el mundo y la Argentina (y aquí quizás encontremos alguna explicación al por qué tan poca difusión de este trabajo) Saint-Amans asegura en su análisis del informe anual que "Una vez que los países salgan de la crisis y las economías se recuperen, los gobiernos comenzarán a buscar restaurar las finanzas públicas, pero es posible que no puedan recurrir a recetas tradicionales para recaudar ingresos. Aumentar los impuestos sobre el trabajo y el consumo, como se hizo a raíz de la crisis financiera mundial de 2008, puede resultar políticamente difícil y, en muchos casos, no deseable desde una perspectiva de equidad. Los gobiernos deberán encontrar fuentes alternativas de ingresos. La tributación de la propiedad y las rentas del capital personal tendrá un papel importante que desempeñar, particularmente en un contexto de mejoras significativas en la transparencia tributaria internacional".

Los principales organismos del Mundo plantean un camino distinto a su tradición y la Argentina parece estar en sintonía con esos planteos, el resto solo sirve para hacer títulos de diario o escandaletes transmitidos en directo por la TV. 

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