Escribe: Sebastián Latashen (*)
Opinión: Charlie y la Fábrica de Pymes
Sábado, 5 de septiembre de 2020

 "Charlie y la fábrica de chocolate" es una obra literaria escrita por Roald Dahl en 1964. En sus páginas cuenta las aventuras del joven Charles Bucket y su abuelo Joe al visitar el fantástico edificio donde se fabrican los dulces del excéntrico Willy Wonka. A lo largo de la historia, con trabajadores hiper especializados, máquinas extrañas y metodologías insólitas, el líder de esta compañía nos va mostrando su sistema manufacturero. Es así que, en este mundo ficticio, existen enseñanzas que se pueden aplicar a las pymes reales de nuestra zona.

En primer lugar, el libro relata a la perfección la conjunción de atributos como inventiva, genialidad y talento con otros como orden, precepto, y procedimiento; concepciones que parecieran ser opuestas pero que, sin embargo, requieren de un equilibrio mutuo. Ello nos lleva a comprender que, si bien las organizaciones nacientes tienen miedo a burocratizarse o a que las herramientas administrativas repriman la inspiración de sus equipos, el afán hacedor requiere cierta disciplina de gestión para aprovechar las oportunidades descubiertas.

Siguiendo esta idea, el autor Eric Ries desarrolló el método Lean Start up. El mismo tomó de base al Lean Manufacturing, es decir, ciertas pericias de gestión de operaciones de tipo industrial y las transportó a cualquier tipo de sectores económicos. Este artículo abordará sus características, a fin de invitar al lector que este en iniciando un negocio a sistematizar sus procesos.

Entonces, el primer elemento a incorporar es el del conocimiento compartido, aquel desde el cual se debe enmarcar toda creatividad de los trabajadores. Pues, si bien la iniciativa es muy valorada, resulta fútil si no se alinea a las necesidades o filosofía de la firma.

Asimismo, es importante que todo colaborador adquiera un sentimiento de pertenencia, seguridad y se sienta motivado. Esto se logra mediante la generación de una óptima cultura organizacional y de una constante capacitación. En ese sentido, quien recorra una fabrica automotriz, percibirá que el lugar tiene vida propia y corazón más allá de los robots y las tecnologías utilizadas para combinar los engranajes de elaboración. Hasta aquí, no parece algo imposible de replicar en otros rubros. Podría empezarse por determinar la propuesta de valor y socializarla. La premisa que sostiene que el cliente no quiere un artículo, sino una solución, y la sensación de estar cumpliendo con esta misión también suma a este propósito.

Otro componente rescatado del mundo fabril para aplicar en una empresa incipiente es la reducción en los volúmenes de los lotes de elaboración, con el objeto de desarrollar la capacidad de crear ágilmente gran diversidad de productos. Al respecto, el Lean manufacturing sostiene que cuando los stocks son menores, al no contar con la obligación de fabricar en masa, se deben fomentar fases cortas para que, al detectar inconvenientes, no haga falta cortar toda la cadena para solucionarlo y más bien sea factible proseguir inmediatamente. La misma premisa podría aplicarse a los emprendimientos: priorizar variedad de ideas concisas y de corto plazo teniendo como guía la visión común.

Igualmente, la explotación Just in Time es un régimen utilizado en las corporaciones industriales que bien puede ser aplicado en las pequeñas entidades. Esta técnica promueve la flexibilidad en el uso de los recursos a partir del aprovechamiento de los mismos espacios y máquinas para distintas labores, la búsqueda de mínimos derroches y la obtención simultanea de distintos bienes a la menor escala posible, entre otras premisas. Del mismo modo, todo líder empresario debe intentar perfeccionar sus tangibles e intangibles para hacer múltiples actividades al más exiguo costo.

El cuarto y último principio del Lean manufacturing dable de ser aplicado en todo tipo de proyecto es el de la aceleración de tiempos de ciclos. Esta política busca potenciar y economizar el uso y la respuesta de cada ejecución. En consecuencia, el flujo en los pasos debe ser tan continuo como se pueda, en pro de optimizar recursos y eliminar lo que no de valor añadido (espacio, capital y gente). Su designio es, en definitiva, lograr la minimización del despilfarro de materiales e insumos no utilizados.

Finalmente, toda industria tiene como destino transformar, a través de algún procedimiento, una materia prima o varias combinadas en un fruto terminado. O sea, la eficiencia de una compañía cualquiera dentro de un sector económico determinado es dado por la calidad del resultado final. No obstante, una idea de negocio no necesariamente implica insumos, máquinas y procesos productivos. Sin embargo, sus lógicas y conocimientos validados pueden ser traducidas desde el método Lean Startup, a la realidad de cualquier pyme, en orden de mejorar su actividad emprendedora.

Cabe destacar que estas nociones no eximen a los responsables de una startup de la ardua tarea de comprender a los consumidores y averiguar con gran celeridad qué se debe ofrecer, esto es, aquello que los consumidores quieren y por lo que pagarán y, hecho esto, ofrecerlo de manera eficiente y redituable.

Con todo esto, lo invito estimado empresario pyme a visualizar a su proyecto como una fábrica de ideas que tienen que ser implementadas rápidamente y al menor costo, sin por ello perder de vista su espíritu innovador, sus objetivos y valores. Mejor lo dijo Willy Wonka: "El que no cree en la magia, nunca la encontrará". 

(*) El autor es Consultor en GrupoSet LATAM y Columnista Invitado en EntornoPyme

Instagram: @entornopyme
Twitter: @entornopyme_ar
Contacto: sitioandino@entornopyme.com.ar
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