Opinión
Un virus indómito (como la realidad)
Domingo, 30 de agosto de 2020Por Luis Ábrego- Entre Paréntesis

Agosto terminará en pocas horas, y con él, el mes de mayor impacto de la pandemia en Mendoza. De los casi 7 mil casos detectados desde el inicio, el 80% se registró en este mes, lo que generó una verdadera explosión del sistema sanitario, y acto seguido, el anticipo de una nueva restricción de actividades cuya letra chica está definiéndose este fin de semana.

Si bien el aumento de contagios ha ido acompañando el incremento nacional (que desde hace días supera en el país los 10 mil casos diarios), desde el Gobierno siempre se empeñaron en aclarar que la evolución de la curva en la Provincia era "con todas las actividades abiertas y la economía funcionando".

Sin embargo, la ecuación se trastocó esta semana cuando en primer lugar se conoció que el nivel de ocupación de camas de terapia intensiva se tornó crítico, al tocar casi el 90%, lo que podría dejar al sistema al borde del colapso (y junto con ello, al personal sanitario). Asimismo, otro elemento de análisis preocupante es el descenso del rango etáreo de contagios, cada vez más afirmado en los menores de 55 años.

Pero por otro lado, la balanza parece haberse inclinado definitivamente cuando las presiones que desde hace semanas viene ejerciendo la Nación para reducir la circulación de personas en el Gran Mendoza derivaron en un contrapunto, vía teleconferencia, que se hizo público entre el presidente Alberto Fernández y el gobernador Rodolfo Suárez.

Desde el Ejecutivo provincial intuyeron que la decisión de retroceso finalmente podría ser tomada desde Buenos Aires, y es por ello que en la búsqueda de anticiparse, debatieron atenuar el impacto y cerrar sólo aquello que generara el menor daño económico posible. Los intendentes, consultados por Suárez, no sólo coincidieron, sino que además muchos de ellos también se mostraron a favor de generar un impasse en la cuarentena.

En el Ejecutivo razonan que ante la posibilidad de regreso a la Fase 1 con la que amenaza la Nación, es decir sólo funcionamiento de actividades esenciales, el mal menor es esta nueva escala en la Fase 3 que se supone es lo que finalmente terminará definiendo Suárez el lunes. "Volveríamos a la situación de junio", graficó el intendente de Godoy Cruz, Tadeo García Zalazar.

Desde hace tiempo sobrevuela la impresión en muchos funcionarios locales que la Casa Rosada busca demostrar que los distritos que tuvieron una estrategia de mayor apertura en el manejo de la cuarentena aparezcan como los que han sido incapaces de dominar al virus. Mucho más si esos distritos son administrados por la oposición como es el caso de Mendoza y también Jujuy. Dos provincias complicadas, como también lo están otras oficialistas, pero que sin embargo suele ponérselas de (mal) ejemplo, de no haber acatado la cuarentena estricta que siempre prefirió Fernández por consejo de los infectólogos.

Lo cierto es que ahora bajo la lupa está la actividad de los restaurantes, bares y cafés (que inicialmente deberán volver al sistema take away), shoppings, templos religiosos, clubes y gimnasios. Pero también el turismo interno. Y que, en principio, esos cambios sólo regirán para el Gran Mendoza. Precisiones que se conocerán cuando aparezca el decreto local, que a su vez preferirá conocerse después de la norma nacional, ya que el actual status quo provincial vence el 31 de agosto.

Sin dudas, cuando se confirme, se tratará de un claro paso atrás, obligado por las circunstancias sanitarias, que el Gobierno justificó en la modalidad que implementó hace un par de meses: el on/off que le permite prender o apagar sectores o modalidades según los avances o retrocesos que impone el Covid. Los mismos claroscuros que ahora están desafiando a Europa con sus rebrotes cuando se creía que allí lo peor ya había pasado.

Ello no significa que el propio gobernador no tenga dudas sobre la decisión. Su gobierno se ha ufanado de hacer equilibrio entre la salud y la economía. Por ello, ahora son las cámaras empresarias las que piden no más perjuicios para la actividad productiva demasiado golpeada en estos tiempos. Ese reclamo al parecer no será suficiente. Y sí, junto a las nuevas medidas, el reforzamiento del "aislamiento voluntario" sobre el que insiste Suárez.

Sin embargo, el delicadísimo frente sanitario no es la única adversidad que afronta el gobierno. A los ya conocidos padecimientos fruto de la caída de la recaudación y el retaceo de fondos nacionales, se suma una dificultosa negociación de la deuda provincial.

Pese al exitoso cierre del canje nacional, Mendoza no logra todavía la adhesión del 75% de sus acreedores para refinanciar 590 millones de dólares. Por lo pronto, el acuerdo supera el 66% y es necesario un esfuerzo más. De hecho, esta semana, se estableció una nueva prórroga hasta el 11 de setiembre en la búsqueda de cubrir ese casi 9% restante para aliviar las cuentas públicas y salir -al igual que la Nación- del default técnico que se arrastró durante estos meses de pandemia. Una situación que además atraviesan, en distintos niveles, más de una docena de provincias argentinas, y que da una certera magnitud de lo profundo de la crisis.

En una batalla desigual, que se da semana a semana y día a día, flota la sensación que frente al virus no hay resguardo que alcance. Pero tampoco con la economía. Aún con las recomendaciones, la expansión viral ha sido potentísima, y la conciencia social no ha demostrado suficiente fortaleza como para detener la cadena de contagios. Tampoco el desencanto de emprendedores, comerciantes y empresarios.

A Suárez se le plantea ahora el desafío de corregir las debilidades expuestas del sistema sanitario, pero también atender el complejo entramado generador de riqueza que ha soportado con respirador esta pandemia. Y al menos en la provincia, pese a haber conseguido engranar una mínima actividad, ve que sus esperanzas están a tiro de decreto. Un escenario que no hará más que agravar las condiciones preexistentes de estancamiento productivo, desempleo y en definitiva, más retracción económica.

En esa encrucijada, de crecimiento o agonía, que en el fondo es la del inicio de la pandemia, Mendoza suma complicaciones. Las mismas de antes, pero las que -sin dudas- serán más severas cuando todo esto termine.

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