Opinión
La locomotora que esperamos
Domingo, 30 de agosto de 2020Por Marcelo López Álvarez.
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

El sábado se cumplió un aniversario, por cierto bastante menos festejado que los 100 años de la radiofonía, pero no menos importante porque fue un hito en el desarrollo del país y también todo un símbolo de lo que fue la historia argentina.

Un 29 de agosto de 1857 se ponía en marcha tirado por la célebre locomotora La Porteña el Ferrocarril Oeste de Buenos Aires, primera línea férrea de la argentina que en 10 kilómetros unía la Estación del Parque (donde hoy está el Teatro Colón) con San José de Flores, la estación se llamaba La Floresta en torno a la cual muchos años después nacería el hoy barrio porteño de Floresta.

Aquel primer tendido ferroviario (como casi todos los grandes desarrollos de la Argentina y el Mundo) fue financiado por el Estado, en aquel momento Buenos Aires ya que en ese entonces la grieta ya era nuestra y Buenos Aires era un "país" y la Confederación otro.

Después de la Batalla de Pavón y de la elección, en 1862, de Bartolomé Mitre como presidente la provincia de Buenos Aires compró la parte que tenían los privados del ferrocarril en sociedad con el Estado y se hizo cargo del 100% pasando a llamarse Ferrocarril de la Provincia de Buenos Aires.

Años después ya en la presidencia de Juárez Celman, los ingleses comenzaron a apretar a la Argentina para cobrar la deuda externa (cuándo no) y quedarse con el ferrocarril para manejar la llegada al puerto de las materias primas que importaban desde Argentina. En aquel momento el método de presión fue amenazar con dejar de comprar la lana, uno de los principales commodities de nuestro país por aquellos años.

Juárez Celman que fue una especie de pionero de los Menem y los Dromi a poco de asumir la presidencia había dicho "Pienso vender todas las obras públicas, reproductivas, para pagar con ese oro nuestra deuda, porque estoy convencido de que el Estado es el peor de los administradores", vaya continuidad del discurso a través de los años. La venta final del ferrocarril fue sellada por Máximo Paz gobernador de Buenos Aires que en la línea del concuñado de Roca dijo "los millones de pesos oro que llegarán del extranjero vendrán a aumentar la riqueza pública y serán invertidos en canales de desagüe y de irrigación, en caminos generales y municipales y en obras de salubridad y pavimentación". Demás está decir que las obras nunca se vieron y no solo eso la gobernación de Paz terminó en una verdadera crisis financiera.

Los capitales ingleses si cumplieron su objetivo y desarrollaron las líneas ferroviarias a su gusto y necesidad no pensando en el desarrollo equitativo del país sino en beneficiar el traslado al puerto de las materias primas que a ellos les interesaban.

Usar la historia como método de análisis no es un fuerte que hoy muestren quienes se dedican a la actualidad, es claro el por qué, estallarían los relatos acerca de grietas o acontecimientos que a decir de ellos son inéditos en la Argentina.

Por estas alturas de los tiempos la deuda externa sigue siendo un problema y una carga enorme y eterna. Mañana lunes se conocerá oficialmente que el proceso de renegociación con los acreedores privados cerró exitosamente con un grado de aceptación cercano al 90 por ciento lo que despeja cualquier temor de juicios y abre una ventana de esperanza de recuperación (una vez que aparezca la vacuna y el mundo pueda recobrar cierta normalidad). Queda aún la renegociación con el FMI que el Ejecutivo ya solicitó formalmente y que como advirtió Sergio Chodos (representante argentino ante el organismo internacional) será larga y difícilmente termine antes del primer trimestre del próximo año.

La vieja disputa de modelos y de primarización de la economía sigue tan presente como 150 años atrás. El Gobierno actual planteó reiteradamente cambiar el eje y ese camino parece querer comenzar con conversaciones permanentes con diversos sectores productivos e industriales de todo el país, tarea a la que están abocados de lleno gran parte de los integrantes del Ministerio de la Producción y de la Cancillería que mantienen encuentros permanentes con los más variados sectores. La industria vitivinícola puede dar fe de ello. Sin embargo, el camino no es fácil; el planeta está atravesando una crisis inimaginable y solo el destino sabe cómo puede rearmarse.

Los días por venir no serán fáciles; las tensiones políticas que generan algunos de los proyectos del oficialismo suelen trasladarse a la economía que de por sí ya está tensionada en extremo por la magnitud de la crisis heredada potenciada por la pandemia. El proyecto de presupuesto que entrará al Congreso de la Nación durante este mes convivirá en el tratamiento con el aporte extraordinario por única vez de las grandes fortunas de personas físicas por sobre los 200 millones de pesos y una reforma impositiva que ya fue comenzada a torpedear con fake news que pulularon estas últimas horas.

Más allá de las ideas, proyectos o acciones, la pandemia sigue siendo por ahora la reina de un planeta que se mueve al ritmo que marca el virus mientras lucha y espera por una vacuna que al igual que aquella vieja La Porteña sea una locomotora que ponga en movimiento nuevamente la economía de los pueblos.

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