COVID EN MENDOZA
Épica de un monstruo: el virus ya está aquí
Domingo, 2 de agosto de 2020Por Myriam Ruiz
Por: Myriam Ruiz - En Twitter: @myriruizbarrio

"El terror, que no terminaría por otros veintiocho años -si es que terminó alguna vez-, comenzó, hasta donde sé o puedo contar, con un barco de papel que flotaba a lo largo del arroyo de una calle anegada de lluvia. Un chiquillo de impermeable amarillo y botas rojas seguía alegremente al barco de papel. La lluvia no había cesado, pero al fin estaba amainando. Caía sobre la capucha amarilla del impermeable y a oídos del niño sonaba como lluvia sobre el tejado de un cobertizo... un sonido reconfortante, casi acogedor. El niño se llamaba George Denbrough. Tenía seis años.

La lluvia arreció y el viento se convirtió en un silbido ensordecedor. George resbaló y cayó. Desde su nueva perspectiva, a la altura del pavimento, vio que el barco giraba en redondo dos veces, atrapado en otro remolino, antes de desaparecer en una boca de tormenta. El agua hacía un ruido hueco al caer en la oscuridad. Ese sonido le dio escalofríos. Hacía pensar en...

-¡Eh! -exclamó de pronto, y retrocedió. En la boca de tormenta había un payaso. El payaso sostenía en una mano un manojo de globos de colores, como tentadora fruta madura. En la otra, el barquito de papel de George.

-¿Quieres tu barquito, Georgie? Al niño le pareció entonces sentir el aroma inconfundible de un circo. La dulzura acaramelada del pochoclo se mezclaba con el olor del rústico del aserrín y de los animales salvajes. George estiró el brazo, confiado, y fue lo último que hizo. El payaso rió y su risa salía a borbotones entre coágulos". (It, Stephen King)

Siempre he creído que "It" es antes una historia de amor, que de terror.

La épica de un monstruo que ahonda antes en las relaciones humanas, que en el miedo. Bucea en el sentimiento de un grupo de adolescentes y la fuerza que otorga el unirse ante una amenaza, y deja en segundo lugar a ese payaso que puede ser momia, psicópata, hombre lobo o un putrefacto leproso, dependiendo del miedo de quien lo mire. Ningún otro libro del género (tal vez Drácula) hurgó tanto en el sentimiento humano como lo hace King a lo largo de 900 páginas.

Y esa Épica es la que viene una y otra vez a mi mente cuando miro a esta sociedad peleando contra el Coronavirus. El monstruo llegó. "It" está aquí.

Podemos dar números que todos conocemos. De tener 10 casos diarios de contagiados en Mendoza pasamos a 113 y a convertirnos en el "peor ejemplo" (según las filminas del Presidente Fernández) de lo que puede ocurrir en el país si bajamos la guardia.

Lo cierto es que hay preocupación en los mendocinos. Tanto entre las autoridades como en las familias.

La gente ya comenzó a guardarse nuevamente (aislamiento voluntario, como lo llama el Gobernador) y, en muchos casos, las familias ya han vuelto a la rutina de hacer una sola compra en la semana para no quedar expuestos al virus.

Y sin embargo, los contagios están creciendo y los casos sin nexo se reproducen día a día. El virus ya está circulando en el Gran Mendoza y eso requiere, seguramente, otras medidas.

Una vez me dijeron: "Las cosas se aprenden por amor... o por dolor". Esperemos que los mendocinos podamos unirnos ante la amenaza del virus y ofrecerle batalla con los cuidados y la distancia que ya todos conocemos.

Y si no lo logramos, entonces la solución será el dolor: aislarnos nuevamente; cortar las salidas; volver a extrañar las reuniones en familia; volver a mirar de lejos a los que queremos. Al fin y al cabo -no podemos mirar hacia otro lado en esto- la responsabilidad siempre estuvo en cada uno de nosotros.

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