Opinión
De perjuicios, rebeliones y picardías
Domingo, 5 de julio de 2020Por Luis Ábrego - Entre Paréntesis.
Por: Luis Ábrego

No fue una semana más. Por el contrario, tal vez haya sido aquella que -a futuro- marque una bisagra en el accidentado devenir del gobierno de Rodolfo Suarez. Es que los anteriores siete días habían sido demasiado malos tras la polémica por el reparto de fondos nacionales que derivaron en acusaciones de discriminación hacia la Nación y en especial, tras el bochazo que sufrió Portezuelo del Viento en el consejo de gobernadores del Comité Interjurisdiccional del Río Colorado (Coirco).

A tal punto llegó la tensión que el ministro de Hacienda, Lisandro Nieri graficó la situación del desfavorable lugar que ocupa Mendoza en la distribución nacional asegurando que "provincias más chicas reciben ocho veces más" que la nuestra. Incluso, si se calcula lo que llega por Aportes del Tesoro Nacional (ATN) -4%, mientras algunas recibieron 5%-; o por préstamos -750 pesos per cápita cuando en otros estados esa cifra trepa a 8 mil pesos-; en todos los casos se recibe menos dinero de lo que corresponde o lo que el Ejecutivo provincial espera. Lo mismo sucede con las partidas para cubrir las demandas del Covid-19.

Sobre esa discriminación se montó el diputado nacional Alfredo Cornejo para cuestionar no sólo el reparto que hace la Nación sino también las bases mismas del sistema federal al razonar que el gobierno del presidente Alberto Fernández "tiene el afán y el objetivo de perjudicar a Mendoza". Además de firmar un pedido de informes, concluyó que en el país volvió "la política del látigo y la chequera", con la cual -razonó- están arrastrando a la provincia a pensar que un destino autónomo no es una utopía, en sintonía con los preceptos del denominado MendoExit, que luego copó los medios porteños.

Polémicas al margen, el MendoExit es una vidriera de reclamos más que una aspiración separatista. Un serio llamado de atención que debe ser interpretado allí donde reside el poder central. No para activar la dádiva, sino para recibir lo que corresponde. Está claro que constitucionalmente hoy no existe la posibilidad de una independencia de Mendoza, sin embargo, ha nacionalizado una discusión mayor: la del ejercicio real y concreto del federalismo en Argentina; la manera en que la Nación atiende las necesidades de las provincias (más allá de quién las gobierne) y el necesario equilibrio fiscal para no tener que asistir a la absurda confrontación de un país productivo versus un país subsidiado.

Sin embargo, Rodolfo Suarez no entró en esa discusión. Por el contrario buscó dar señales de algo que en su entorno también dejan trascender: el gobernador cree que su apuesta al diálogo con la que transitó las elecciones y los primeros meses de mandato definitivamente no alcanza frente a los condicionantes de la crisis, las limitaciones que llegan de Buenos Aires y el juego siempre esquivo del peronismo en Mendoza.

Es por ello que se decidió a dar la sorpresiva maniobra que no sólo madrugó a la oposición, sino también a la propia Corte que a través de la Sala II (con mayoría de supremos afines al PJ) había entrado en el juego del desgaste al poner en duda que Teresa Day podía no cumplir con los requisitos constitucionales para llegar al máximo tribunal. Apenas su pliego fue aprobado por el Senado (con el faltazo opositor) y antes que se decidiera la cuestión de fondo, el gobernador le tomó juramento dejando en off side esos planteos que muy probablemente devengan en abstracto ante la consumación del arribo de la elegida por Suarez a la Corte.

A tal punto tuvo carácter sorpresivo la jugada que la avanzada oficialista incluyó la posterior consumación de la audiencia para la renovación de autoridades, que con el voto de Day ya como suprema, derivó en la elección de Dalmiro Garay para presidir la Corte y completar el mandato que tenía el renunciante Jorge Nanclares. Así, el ex ministro de Gobierno de Cornejo llegó a la cúspide del Poder Judicial: la peor pesadilla que podía imaginar el peronismo quedaba materializada luego de tensar desmedidamente una cuerda que se inclinó (como suele suceder) para el extremo del poder.

De esta circunstancia tal vez queden algunas enseñanzas, en especial cuando las actitudes partidarias desde la Justicia implican interferir en procesos institucionales complejos en los que otros poderes también intervienen. La Sala II no debería haber aceptado el planteo para judicializar una decisión de Suarez, ni convocar una audiencia de conciliación. En todo caso, revisar ese proceso una vez cumplido el trámite e impugnarlo si así lo consideraba. Nada de eso pasó y aún queda abierta una puerta al abismo con la audiencia pública el 30 de julio en el que cualquiera sea el resultado, el daño auto generado por la Corte será irreparable.

Ahora bien, el golpe de timón en el manejo de la crisis institucional en ciernes que dio Suarez no fue su único gesto de autoafirmación esta semana. Tal como anunciaron sus funcionarios luego de la derrota en el Coirco, se dio continuidad a la hoja de ruta y se abrieron los sobres con las propuestas para construcción de Portezuelo. Lejos de poner en duda el proceso, o postergar decisiones a la espera de obtener mejores resultados en el plano nacional, el gobierno buscó dar también con ese acto una clara señal de que la postura mendocina no se verá afectada por los planteos de La Pampa, o sus circunstanciales aliados. En todo caso, habrá negociación pero no dilación.

La UTE Malal Hue, un consorcio liderado por la empresa china Synohidro, en asociación con las mendocinas IMPSA, CEOSA y Obras Andinas fue el único oferente y deberá ahora completar en agosto la propuesta técnica y en noviembre la económica, a fin de estar en condiciones de adjudicar la obra a mediados del año próximo. El mensaje oficial es preciso: Portezuelo no se detiene.

Se trata de dos gestos muy fuertes e inequívocos ante la oposición local el primero, y la Nación el segundo que bien pueden ser fruto del áspero aprendizaje que le ha tocado en suerte al gobernador en este tiempo. Pero que desde los despachos oficiales se lee también como el resultado del hartazgo del propio Suarez con maniobras políticas que se disfrazan de técnicas, pero que sólo tienen el objeto de desgastar su figura y su autoridad.

Sólo el tiempo dirá si la firmeza de estos días es un imperio de las circunstancias ante conflictos de alta tensión, o por el contrario un cambio en el estilo de gestión; capaz de mostrar un Suarez más distante y certero, menos empático y componedor, pero sólido en su legitimidad más por el peso de las urgencias que por su propia convicción.

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