Opinión
Latinoamérica, impuestos , fuga y pobreza lo que la pandemia saca a flote
Domingo, 28 de junio de 2020Por Marcelo López Álvarez.

 En estos espacios venimos planteando, y contando, los debates que se vienen dando a nivel mundial sobre la nueva economía, discusiones que la pandemia acelero a partir de la demostración fáctica que el mundo tal como funcionaba hasta ahora no puede responder a imprevistos que hagan tambalear el sistema de acumulación infinita de riqueza a partir de la exploración de recursos finitos.

Cómo redistribuir la renta no es ya un planteamiento teórico de la academia en miles de miles de papers y libros escritos y difundidos en los últimos 30 o 40 años. Las luces de alarma que se vienen encendiendo dejaron paso a la alarma real de economías desarrolladas desde el concepto clásico del liberalismo y el mercado que creían dominar el mundo y que tuvieron que salir corriendo, casi en modo desesperado, a solicitar el amparo de los Estados para sobrevivir mínimamente y quedar, aunque sea en la última fila de partida de un nuevo orden que no tiene fecha de nacimiento aún pero parece inexorable.

Los métodos de desarrollo, como generadores de nuevas riquezas de acumulación extraordinaria, son puestos en duda ya no solo desde su moralidad sino desde cómo lograr que la renta que generan a costa de un costo social impredecible tenga un reparto que atenúe ese costo social. Como dijo el Dr en economía y titular del Centro interdisciplinario para el estudio de políticas públicas, en dialogo con Radio Andina "antes cinco obreros fabricaban un vaso, hoy un robot fabrica ese vaso dejando cinco obreros desocupados generando una tragedia social. El tema es como se va a repartir la renta que genera ese vaso". El concepto es claro la ganancia que genera la venta del vaso va a quedar solo para el dueño del robot o se repartirá de alguna manera a la sociedad que el robot excluyó.

La situación tiene varias aristas y una de las discusiones que atraviesan el mundo es el concepto de un ingreso universal a todos los ciudadanos. Hoy esa discusión ya llegó a la Argentina de la mano de la pandemia y el párate de la economía mundial, El IFE que implemento el gobierno a las apuradas, el ingreso básico del cual ya habla el ministro Arroyo para los próximos años, los cheques que envió Donald Trump a cada ciudadano estadounidense o los subsidios a trabajadores que implementaron Alemania o Italia van en ese camino.

No es distante de esto otra de los debates que se dan fuertemente por estos días, el profundo desarreglo impositivo y de cargas desiguales que sufre el mundo a partir de ese esquema de acumulación de riqueza infinita. En la década del 60 y hasta fines de la de los 80 principios del 90 un multi super archi millonario tenia fortunas de 300 o 400 millones de dólares que se formaban principalmente a partir de actividades industriales o productivas. Hoy los multimillonarios del mundo concentran en poquísimas manos, 1% de la población concentra el 80 por ciento de la riqueza mundial y sus fortunas se cuentan por miles de millones de dólares en cada mano.

Muchos de ellos ya consideran injusta la carga impositiva que tributan, pero no parecen mover la aguja de un debate que sobre todo en los países en desarrollo es tomado con cierta liviandad y condicionado por los sectores más concentrados.

En la Argentina es uno de los debates legislativos que se vienen a partir de un proyecto que el presidente prometió enviar en un tiempo cercano al Congreso de la Nación, sumándose de esa manera a una tendencia mundial.

El titular del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) y Dr en Economía aplicada Alfredo Serrano Mansilla, publico en estos días un interesante y concreto trabajo titulado La reforma tributaria que necesitamos, dónde afirma que "Es ahora el momento indicado para fijar las pautas de un nuevo consenso en materia tributaria en América Latina, en pro de sintonizar con la economía que queremos y necesitamos".

La pandemia que puso todo patas para arriba presenta oportunidades de discutir temas que era tabú como lo son las cargas impositivas.

Dice Mansilla que "Existe una vieja discusión en Economía sobre si los impuestos afectan positiva o negativamente al crecimiento y al desarrollo. La literatura académica en este sentido es muy vasta y variada; hay estudios para todos los gustos. Unos afirman que mayores impuestos perjudican la actividad económica, genera desempleo e incentiva la fuga de capitales. En cambio, otros, sí demuestran que la mayoría de los países desarrollados tienen impuestos elevados, y gozan de altos niveles de crecimiento y bienestar social"

Y agrega que "Es imposible tener una única respuesta para tal dilema, porque todo depende de múltiples variables. Y entre las más determinantes está aquella que se centra en una cuestión muy olvidada por la Ciencia Económica dominante (la neoclásica), que sirve como base teórica para el modelo neoliberal: ¿quién paga qué? No es lo mismo un sistema tributario que hace pagar a quien produce que aquel otro que grava a quien especula financieramente; tampoco es lo mismo cuando se grava a los salarios de los trabajadores mientras se permite que los beneficios empresariales de los grandes capitales apenas tributen.

América Latina no está ajena a esta controversia, aunque sí es cierto que la mayoría de debates económicos en la región se centran más en la restricción externa, por el alto grado de dependencia de las economías locales con el sistema-mundo. No obstante, en tiempos de pandemia, con una economía global más que afectada y con mucha necesidad de recaudación interna para sostener un sistema sólido de salud, la discusión tributaria reaparece con mucha fuerza en la escena pública".

Los datos duros desmienten el discurso dominante de la carga tributaria insostenible, el trabajo muestra que "Los datos hablan por sí solos: la recaudación tributaria en América Latina supone el 23,1% del PIB para el año 2018, mientras que este mismo valor es del 34,3% para países OCDE o 40,3% para la Unión Europea. Existe, por tanto, mucho margen inteligente de recaudación para ganar en justicia social; y también en eficiencia".

Mansilla asegura que uno de los aspectos en lo que debe actuar rápidamente America Latina es en la obsolescencia de algunos tributos y remarca cuatro ejemplos claro a su juicio

1 Es inadmisible que la tasa legal del impuesto que tienen que pagar las empresas difiera tan significativamente de la tasa efectiva, la que realmente pagan. Este es un fenómeno regional: en Argentina, la tasa legal es del 30%, pero a la hora de la verdad, el tipo impositivo efectivo sobre sus beneficios es del 7,6%; en México, esta relación es de 30% a 7,4%; en Perú, de 29,5% a 8,8%; en Colombia, de 33% a 9,8%. ¿Por qué ocurre esto? Porque la mayoría de las empresas usan múltiples mecanismos para reducir la base imponible sobre la que se aplica el tipo impositivo. Ante esta brecha efectiva en la recaudación, es urgente implementar un marco legal no tan elusivo.

2 Las empresas trasnacionales de alta tecnología (Google, Apple, Facebook y Amazon) apenas pagan tributos en América Latina. Existe un gran vacío, deliberado, para que estos gigantes facturen y puedan, así, trasladar sus beneficios a guaridas fiscales evadiendo impuestos. En América Latina, la participación de la economía digital está creciendo cada vez más (15,9% PIB en México; 16,2% en Argentina, 21,6% en Brasil), y en cambio, la recaudación por este concepto no refleja tal proporción. No puede ser que un pequeño empresario en Argentina o Colombia pague su impuesto, y Google o Amazon no. Es por ello que el diseño de impuestos sobre la actividad económica de estas grandes tecnológicas es un imperativo para Latinoamérica.

3 Las grandes fortunas han de contribuir en relación a su capacidad económica. Este debate es actual en Argentina y Chile, y también en muchos otros países de la región. Según el último estudio hecho por Celag, aplicando un impuesto aproximado al que tiene Uruguay en el resto de países de la región se lograría recaudar un extra de algo más de 51 mil millones de dólares; si aplicáramos el vigente en Colombia, se obtendrían casi 26.000 millones de dólares. Lo importante de este tributo es que se podría denominar "impuesto que no afecta a casi nadie"; en América Latina, según el Credit Suisse Research Institute, hay 673 mil personas que serían afectadas, es decir, solo el 0,2% de la población total adulta.

4 Las actividades económicas ficticias, las no reales, en su mayoría especulativas en el campo financiero, han de ser penalizadas tributariamente. En América Latina, según Cepalstat, la intermediación financiera representaba el 17,6% del PIB (año 2018), y, por el contrario, apenas contribuía a recaudar tributos. Por ejemplo, el impuesto a las transacciones financieras en América Latina solo representa el 0,26% del PIB (año 2018). El orden neoliberal financiarizó la economía global y, sin embargo, no es posible que aún no haya habido un reseteo de la matriz tributaria en esa dirección.

Claro que en tiempos donde salen a la luz publica situaciones que van fuertemente en contra de la consolidación de estados y sistemas capaces de responder activa y rápidamente a situaciones excepcionales que son cada vez mas comunes no es el único flanco a reconsiderar.

En otro trabajo de la CELAG del año pasado de Nicolas Oliva titulado Las cuatro fábricas de la evasión mundial, el autor destaca que "América Latina es campeón mundial en ocultamiento de riqueza: se lleva el primer lugar, con un 27% de la riqueza privada registrada en guaridas fiscales. Esta pérdida de divisas y capitales se expresa, entre muchas otras formas, en los flujos financieros ilícitos que salen de la región. En una economía global los flujos financieros son el mecanismo que refleja la extracción de rentas desde los países hacia las empresas multinacionales y los beneficiarios efectivos del capital. Recién en el año 2015 las Naciones Unidas, en su agenda 2030, se propuso reducir de manera significativa los flujos financieros ilícitos hacia el año 2030 ".

Los propios números del BCRA que ya hemos destacado en este espacio parecen darle la razón a Oliva y dan valor a las propuestas de Mansilla para el debate. El desafío es global, pero en Latinoamérica parece tomar una importancia mayúscula a la vista de los profundos grados de desigualdad que hoy invaden cada rincón sin distinción de fronteras.

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