Opinión
Otro default en el camino
Domingo, 24 de mayo de 2020Por Luis Ábrego- Entre paréntesis
Por: Luis Ábrego

Semana muy difícil la que pasó. A nivel nacional, el incremento de los casos positivos detectados de Coronavirus configuraron una escalada récord que fue superándose día a día, lo que no sólo obligó a extender la cuarentena hasta el 7 de junio inclusive, sino también a endurecer las restricciones especialmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA, el populoso conglomerado que conforman la Ciudad Autónoma y el conurbano bonaerense).

Sin embargo, el panorama general terminó de nublarse el viernes con la confirmación del no pago de 503 millones de dólares de servicios de la deuda externa, que pese a las conversaciones en marcha, determinó que Argentina quedara oficialmente en default una vez más en su historia. Se trata del noveno incumplimiento de nuestro país, y si bien todos los observadores coinciden en que esta recaída tiene otras características, no deja de ser considerada por las calificadoras de riesgo internacionales como lo que es: una cesación de pago.

La fecha del 22 de mayo era para Argentina un deadline sinuoso de un proceso que se empezó tarde, con altas exigencias, pero que aun así está todavía abierto. De hecho, se lo ha catalogado como default "soft", en vistas a que el gobierno de Alberto Fernández muestra disposición al diálogo y extendió el plazo hasta el 3 de junio para reconsiderar la contraoferta de los acreedores por un monto total de 66 mil millones de dólares. Sin embargo, la diversidad de bonos en cuestión así como la heterogeneidad de sus tenedores (algunos buitres, pero también inversores) ponen por estos días al país en una delgada cornisa, que de un momento a otro, puede disparar demandas en los tribunales internacionales que hagan que el "soft" se convierta en "hard", según la jerga financiera. Que lo que hoy es un default técnico o selectivo, pase a ser total.

Pese a ello, fuentes oficiales y voceros de los fondos que administran los títulos argentinos se muestran esperanzados de lograr un acuerdo, total o escalonado, que permita la reestructuración de la deuda argentina en los términos de "sustentabilidad" que ha planteado la Casa Rosada y que ha contado incluso con el respaldo de organismos internacionales que en algún momento han sido parte del problema como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM).

El contexto internacional de la crisis por el Covid-19 fue interpretado como una ventana de oportunidad por Argentina, que con su negociación cree que está, incluso, adelantándose al desolador panorama que necesariamente otros países tendrán que enfrentar. En particular como resultado de brutales caídas de su producción y los índices de actividad económica que se registran también en naciones desarrolladas.

Por lo pronto, y mientras continúe la negociación con los bonistas se espera para el país en default el endurecimiento de las oportunidades de financiamiento externo (tanto público como privado) lo que puede dificultar además la importación y la exportación, así como la inversión extranjera. Asimismo podrían registrarse variaciones en el tipo de cambio con subas del dólar libre o "blue". Pero, especialmente, los especialistas remarcan que la situación también conlleva riesgo para los estados provinciales, que como Mendoza, deben enfrentar procesos de renegociación de sus propias deudas locales.

En ese sentido, también aquí esta semana fue negra. El ministro de Hacienda, Lisandro Nieri, confirmó el martes 19 el no pago de un vencimiento por 25 millones de dólares de la deuda local y abrió la reestructuración de bonos por 500 millones de dólares y otros en pesos de 5.218 millones. Así, el gobierno de Rodolfo Suárez disparó un proceso similar a la Nación que prevé alcanzar un acuerdo antes del 20 de junio y para lo cual ya determinó un agente financiero que lo ayude a evitar su propio default. En este caso, asentado sobre la brutal caída de la recaudación provincial producto del coronavirus, pero también de la pérdida de regalías que ahora se espera empezar a revertir tras la reaparición del denominado "barril criollo" que fijará un precio sostén para el petróleo.

Mendoza siempre ha cumplido con sus compromisos internacionales, y de hecho, en 2018 durante la administración de Alfredo Cornejo se canceló el Bono Mendoza18, emitido durante la gestión de Julio Cobos para a su vez, refinanciar deudas tomadas durante el mandato del gobernador peronista Arturo Lafalla bajo la denominación de Bono Aconcagua.

La Provincia aduce ahora que este incumplimiento no es producto de falta de previsiones o irresponsabilidad, sino del impacto de la pandemia global que echó por tierra sus pronósticos (como en el resto del mundo) y que además obligó a reordenar recursos hacia el sector sanitario, social y productivo; sus ahora nuevas prioridades presupuestarias. Lo cierto es que Mendoza se encuentra en esta delicada circunstancia financiera y con esta decisión pretende "aliviar caja" para cumplir con sus obligaciones más urgentes, como por ejemplo el pago a tiempo de los salarios del sector público, los proveedores para sostener el funcionamiento del Estado y las demandas propias de la crisis.

Ahora, la mayor o menor sintonía fina que el ministro nacional Martín Guzmán ponga en sus diálogos con los acreedores internacionales puede ser determinante para Mendoza en su propio proceso reestructurador de deuda. Si la negociación argentina llegara a buen puerto, nuestra provincia tendrá más chances de ir en el mismo sentido. Si por el contrario, aquella fallara y el default nacional fuera total, el ingenio y la capacidad de los funcionarios de Suárez se pondrá a prueba. Algo que ya sucedió en 2004 cuando la provincia se anticipó al acuerdo nacional que piloteaba entonces Roberto Lavagna tras la crisis del 2001. Casualmente, Nieri formó parte de ese equipo que trabajó con los gobernadores radicales Roberto Iglesias y luego Cobos.

Para consuelo podrá decirse que en todo caso Mendoza no está sola en este pelotón de provincias con dificultades financieras, no sólo del día a día, si no de sus deudas públicas. En la misma circunstancia están Buenos Aires, Córdoba, Salta, Río Negro, Chubut, Neuquén y La Rioja. Aquí también se explica ese cerrado respaldo, que a excepción de San Luis, todos los gobernadores le dieron al gobierno nacional para la negociación de la deuda externa. En definitiva, la suerte de unos está atada a la del conjunto. Y de hecho, la Nación ya ha sido taxativa respecto de las pautas y condiciones que espera de las provincias en sus propios procesos de reestructuración: todos alineados. Argentina unida, dice el slogan del gobierno.

Como en una especie de carreras de obstáculos, gobernar en Argentina no sólo parece reducirse a resolver asuntos habituales de gestión, o sucesos inesperados, sino también sortear desafíos cíclicos que suponen -casi siempre- abismos al vacío. Así, y mientras se convive con la pobreza y la desesperanza creciente, los jugadores de turno buscan acertar para obtener una nueva vida que les permita seguir el camino. A todo o nada, ahora otro default se interpone en nuestra historia, pero también en la vida de todos los que estamos dentro. Y lejos de cualquier dramatismo, la película aburre de tan repetida.

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