Opinión
El debate que viene, la economía post pandemia
Domingo, 24 de mayo de 2020Por Marcelo López.
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

 El mundo es una revolución en materia económica, nada es igual a antes de enero de este año cuando el Coronavirus se globalizo a bordo de aviones y viajeros.

Los conceptos que regían hasta ese momento hoy ya no existen, excepto para ruidosos grupos diseminados por el mundo y en la Argentina integrado por dirigentes políticos cada vez más marginales, periodistas de medios bien determinados, pseudo conocedores de economía y alguna granja de las redes sociales que responde casi exclusivamente a los dirigentes cada vez más marginales.

La foto real del mundo es la que estos personajes niegan. Estados Unidos envía cheques a los ciudadanos a sus casas mientras analiza planes similares a los del 2008 de salvataje de los bancos para empresas. La Unión Europea firmó en Bruselas la autorización para que los Gobiernos de sus países integrantes, por sí o con ayuda de la propia UE, salgan a rescatar a las empresas vía nacionalización o con capitalización de sus paquetes accionarios para darle liquidez, pero se sabe que acá se es primermundista a conveniencia y a pesar de la tendencia mundial el solo hecho de que una diputada nacional propusiera que para el futuro la liquidez que entregue el Estado argentino a las grandes empresas, como fue en este caso para pagar salarios, se pueda transformar en capital accionario en es esa compañía desató una caza de brujas. Lo que propuso la diputada no es más que lo mismo que plantea Bruselas; liquidez a cambio de capitalizar en acciones de esa inversión.

Después se puede discutir las formas, por ejemplo Bruselas pone un plazo a esa participación de hasta 7 años y preferencias de rescate de las acciones para los titulares de la empresa etc.

No es ninguna novedad en el mundo, fue el mismo sistema que tomó el Tesoro estadounidense en 2008 al salir al auxilio de la banca privada con casí 800 mil millones de dólares para comprar los bonos basura que le habían quedado en cartera a las entidades bancarias y capitalizar a cambio de acciones a un sistema financiero que había quedado al borde de la quiebra.

En Argentina, se sabe, el debate económico en profundidad es una utopía no hay espacios para eso. Los plató televisivos y radiales solo se llenan con voces que poco aportan de economía y mucho de talk show entonces solo se escucha a los Espert, los Milei, los Melconian, los Prat Gay o los Lacunza que gritan consignas inentendibles o demodé y apelan a metáforas de pizzas, barcos o casas que nada tienen que ver con políticas de Estado o seriedad de discusión de los factores económicos en danza en una pandemia. Para ellos nacionalizar empresas es símbolo de Chavismo pero de no Merkelismo. Definitivamente no sólo no leen ni estudian, sino que ni siquiera conocen Google. La Argentina se ha transformado en la meca de los dirigentes y economistas NiNi (ni trabajan ni estudian) rememorando la categoría que ellos mismos inventaron para describir a miles de jóvenes que el sistema económico que propusieron -y llevaron adelante- excluyó del sistema productivo y educativo.

Esos economistas NiNi también se transformaron a lo largo de años en los adalides del discurso de que al Argentina es el país con la mayor carga impositiva del Mundo. Dato que se desmiente fácilmente con solo leer un poco trabajos internacionales del a OCDE, Naciones Unidas o Universidades varias. Sí podemos discutir la eficiencia del Estado en gastar su recaudación tributaria.

Los últimos días se conoció en excelente y monumental trabajo de la CELAG (Centro Estratégico Latino Americano de Geopolítica) que detalla la diferencia entre lo que marca la ley y lo que efectivamente pagan por impuesto a la reta las grandes empresas y monopolios en América Latina.

Los especialistas de la Celag definen "El impuesto a la renta de personas jurídicas (IRPJ) como el que grava los beneficios empresariales no distribuidos como dividendos o intereses, conocido popularmente aquí como el impuesto a las ganancias, y destaca qué "La tasa legal del impuesto suele diferir de la tasa efectiva, que es la que describe la carga que realmente soporta la empresa."

Y explica que esto pasa "Sencillamente, porque la mayoría de las empresas usan múltiples mecanismos establecidos en la ley para reducir la base imponible sobre la que se aplica el tipo impositivo. A veces, incluso fuerzan su contabilidad para aprovecharse de ventajas fiscales.

No nos referimos a la evasión fiscal (ilegal), sino a lo que se denomina "elusión fiscal", es decir, usar todos los subterfugios legales para que la utilidad fiscal, esa base sobre la que se tributa, sea la menor posible. Si bien estas prácticas elusivas no pueden ser calificadas como ilegales, son ilegítimas, pues van en contra del espíritu de la ley".

Los firmantes del trabajo Alfredo Serrano Mansilla (director del Celag) y Mariana Dondo asegura que "En este sentido, es clave considerar los gastos tributarios, monto que el Estado deja de recaudar por otorgar tratamientos preferenciales (deducciones, exenciones o postergaciones de pago) que favorecen a ciertos contribuyentes. Si bien estos beneficios tributarios suelen justificarse alegando que estimulan la inversión productiva, la evidencia empírica sugiere que los resultados en ese sentido han sido escasos. Y, además, generan inequidad horizontal, ya que el impuesto grava de manera diferente a contribuyentes con condiciones económicas equivalentes".

El trabajo concluye que "En economías como México, Argentina y Brasil, las empresas deberían tributar por este impuesto, según las normas, cerca de 4 veces lo que aportan. En Chile se presenta la menor brecha, donde las empresas deberían pagar 1,7 veces lo que pagan en concepto del IRPJ" y concluye que "En América Latina, las empresas pagan en concepto de IRPJ menos de lo que deberían y existe espacio fiscal, incluso sin necesidad de reformar el marco legal vigente, para que grandes empresas consolidadas se comprometan en aportar más recursos para financiar la acción del Estado".

Como este, cientos de informes que solo hay que tomar el trabajo de buscar y leer destruyen mitos construidos a partir de frases hechas sin sustento más que lo que se dice en auditorios multitudinarios en puntos de rating o lectores.

La nueva normalidad post pandemia y la reconstrucción de la economía mundial que, cómo explicamos aquí hace dos semanas, caerá en niveles incluso superiores a lo de la crisis del 30 deberá poner en debate serio una serie de ítems que hasta ahora se rehuyeron sistemáticamente. Probablemente un nuevo orden económico nacerá y Argentina y Latinoamérica por sus características de productores de alimentes, minerales y capacidad de desarrollo científico serán protagonistas.

Esta nota habla de:
Tamaño del texto
Comentarios
Tu comentario
Más de Opinión