Lecciones del Coronavirus: Argentina, productor confiable de alimentos
Domingo, 10 de mayo de 2020Por Myriam Ruiz
Por: Myriam Ruiz - En Twitter: @myriruizbarrio

Veo, en las noticias, un pequeño departamento de Tucumán cuyos habitantes compran el litro de leche a 30 pesos y el kilo de pan a 40. Vuelvo a mirar el ticket de la última compra al súper y veo que la leche estaba a 70$ y el pan rondaba los 110 pesos. Evidentemente hay distintas realidades dentro de un mismo país.

En Manantiales, pueblo tucumano de 30 mil habitantes, se unieron productores, industriales y comerciantes bajo la idea rectora del intendente y decidieron hacer su propia cadena de comercialización para bajar costos y, atentos, "ganar todos un poco". "La gente ya no podía consumir los alimentos básicos por el alza contínua de precios", contó el jefe comunal a un periódico local. La lógica argentina del "primero yo, luego los demás" nos está llevando en un camino empinado hacia la hiperinflación, con precios que ya pocos bolsillos pueden pagar.

La gente, en la calle, se queja cada día del aumento de precios en productos de consumo básico como son los alimentos y los productos de limpieza. "Vas un día al supermercado y el aceite más barato está en 70$ el litro y medio, a la semana siguiente ya está en 89$ y así", nos cuenta una madre que sigue trabajando porque su actividad es considerada esencial y además lleva la economía de su hogar.

La dispersión de precios también hace que la gente se tenga que mover entre almacenes, carnicerías, verdulerías y supermercados buscando la oferta del día, de la semana, del mes. Pero el queso difícilmente baja de los 500 pesos el kilo; un corte de carne en oferta ya está en los 330$ el kilo y de ahí hacia arriba; el yogurt dejó de marcar presencia en miles de heladeras de los hogares argentinos; y se hace imposible intentar comprar frutas que no son de estación, cuyo precio por kilogramo supera los cien pesos.

¿Esto ocurre en mi país, uno de los productores de alimentos más fuertes de todo el planeta? Ocurre en una Argentina con suficientes campos para criar ganado y que es uno de los productores líderes de carne bovina; que supo tener miles de tambos trabajando; que tiene cítricos y caña de azúcar en el norte, frutales de todos los sabores y colores en el centro-oeste, cereales por doquier, peras y manzanas además de exquisiteces como frutos del bosque en la Patagonia.

Busco ese país productor entre las góndolas y no lo encuentro.

Vuelvo entonces al modelo de ese pequeño pueblo tucumano. Con gran inteligencia, el Intendente reunió a los comerciantes y planearon juntos cómo conseguir precios realmente acordes con el ingreso de la gente. La respuesta fue, por supuesto, eliminar intermediarios.

Las fábricas no querían vender a los minoristas una caja de yogurt. Pues se unieron todos los comercios, más de cien, y así lograron tener el volumen necesario para cerrar acuerdo de precios: bajo el paraguas del municipio que los mantiene unidos y les exige una ganancia mínima -pero acorde- a todos por igual, los comercios consiguen el litro de leche en 20$ y la venden en 30; el vaso de yogurt en 12$ y lo venden a 16$. ¿Vamos notando la diferencia?

Los panaderos del pueblo se pusieron a trabajar en conjunto comprando harina directamente a los molinos y consiguieron bajar el costo del kilo de pan a 35$ el kilogramo, que llega a la gente a 40$.

Para la carne cerraron acuerdos con frigoríficos y ponen a disposición del consumidor final cuatro cortes, los más pedidos, por 185 pesos el kilo.

No digo que tengamos que salir a replicar en cada pueblo argentino un modelo que funciona en Manantiales. Lo que digo es que cuando el sector público y el privado se unen, poniendo la cuota de ingenio, responsabilidad, compromiso y negociación que realmente se debe tener, las cosas se logran.

Tan imposible es proyectar, en plena crisis mundial, levantar a Mendoza al menos atendiendo el consumo interno. Tenemos frutas, carnes, vinos, conservas, hortalizas... reunirse, eliminar intermediarios y reactivar el mercado local convirtiéndonos en el primer proveedor de nuestra propia gente no puede ser tan difícil.

Seguramente el mundo vendrá luego. Un planeta que está padeciendo transformaciones profundas que dejarán cicatrices y marcarán nuevos rumbos, con una humanidad que se enfrenta a un futuro absolutamente distinto a lo conocido y en el que, pensamos, el obtener alimentos sanos provenientes de ecosistemas seguros será un valor agregado absoluto.

Tal vez esta sea la oportunidad para perfilar cada vez más a nuestra Argentina como ese proveedor confiable de alimentos que requerirá el planeta post coronavirus. Una civilización que cambiará costumbres, hábitos, códigos y que sin duda tendrá que restaurarse a sí misma.

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