Curiosidades Deportivas
El diablo metió "la cola" y se descargó contra Ramón Díaz
Martes, 31 de marzo de 2020

-¿Seguís teniendo el salón de fiestas infantiles Diablo?

-Sí, y ahí andamos. Hace cinco meses que estamos medio complicados porque diciembre, enero y febrero no se hacen cumples y ahora con esto del coronavirus, no se puede trabajar. Esperaremos para ver qué pasa. Mi miedo es que habrá que pagar todos los gastos después: el alquiler, la luz...

-Jugaste en el River tricampeón del 96/97. ¿Fue el mejor de la historia?

-De lo que he vivido, sí. Después otros dicen La Máquina, el del 86, el de Gallardo. En esos años ganamos cosas espectaculares: nos quedó la Intercontinental.

-Para los que no pudieron ver a ese River, ¿cómo lo describirías?

-Antes era más precisión y toque, no tanta velocidad como ahora. Se jugaba más al fútbol. Cuando salíamos a la cancha, sentíamos que no podíamos perder. Sabíamos que ganábamos sí o sí por el estilo y los jugadores que teníamos. Éramos conscientes de que a los 25 minutos ya íbamos a ir ganando por dos o tres goles.

-¿Te queda la espina de haber llegado luego de que el equipo ganara la Copa?

-No, la única espina que tengo es la Intercontinental. Podríamos haber quedado más en la historia.

-¿Por qué tu relación con Ramón Díaz no fue la mejor?

-Fue más la de todo el plantel que la mía. Era un tipo creído, pensaba que era el único. Con el paso de los años se dio cuenta de que no fue él quien nos sacó campeones. Se dice que si la relación entre jugadores y DT no es la mejor, se lo puede voltear, pero en ese caso no fue así: teníamos un plantel tremendo y el deseo de ganar cosas y dinero pudo más. Al tiempo lo vimos en la despedida de Ortega y los 25 que estábamos ahí lo incluimos, porque somos grandes personas. Comió con nosotros, cosa que no pasaba antes...

-¿Al Pelado le pudo haber pesado la juventud con la que agarró el cargo?

-No, él pensaba que era el mejor de todos y no era así. Si el equipo no te rinde, por más que seas el mejor del mundo, no va. Después se dio cuenta de que fue el equipo lo que lo llevó a ganar grandes cosas. Nosotros lo hicimos campeón a Ramón.

-O sea que podemos decir que el equipo tuvo más preponderancia que el DT para ganar esa Copa.

-En ese tiempo, sí. Después de que se fue Francescoli, limpiaba a uno o dos por semana o lo mandaba a Reserva. Al único que no pudo fue al Negro Astrada, al que vendieron a Brasil. Ahí te das cuenta de su forma de ser. Si lo cruzo en estos momentos, le doy un abrazo. Ya se dio cuenta de que con nosotros falló muchísimo.

-Y así y todo, decís que eligieron no "hacerle la cama"...

-Claro, Ramón nunca pudo decir eso porque todos lo bancamos. El jugador quiere ganar títulos, prestigio y plata. Teníamos un grupo espectacular. Tirábamos todos para el mismo lado, ninguno se bajaba y éramos unidos: viniera quien viniera se sumaba automática mente.

-¿Cómo fue el momento de tu salida?

-El día que me corrió del plantel me dijo que no me iba a tener en cuenta y yo di media vuelta y me fui. No le pregunté por qué, ni qué pasó, nada. Agarré y me fui..

-¿Te quedó alguna enseñanza de él?

-Sinceramente no, ninguna. Aunque ahora que pienso sí me dejó una enseñanza: lo que no hay que hacer. Si el día de mañana me toca dirigir, no voy a hacer todas esas cosas que me molestaron en mi etapa de jugador.

-A pesar de esa relación tirante, ¿te hubiera gustado seguir?

-Con el paso del tiempo me di cuenta de que me equivoqué al irme de River. Yo tenía contrato todavía, más allá de que el técnico no me quería. Disputando tres o cuatro torneos al año, en algún momento iba a jugar, sobre todo porque estaba en buen nivel. Podría haber esperado a que se fuera para jugar, pero... Son errores de los cuales, cuando pasan los años, te arrepentís.

-¿Qué se siente al haber sido parte de uno de los cuatro planteles que jugaron una copa del mundo en River?

-Que hubiera sido mucho mejor si la habríamos ganado, ja. Quedar en la historia como los del ‘86 hubiera sido bárbaro. Igual, no fue un fracaso ni mucho menos. Fue un gran honor haber ido a Japón. Más en mi caso: a los seis meses de haber llegado de Córdoba estaba en el Primer Mundo.

-¿Se sentían a la par de la Juventus?

-Yo creo que sí. El mayor error que creo que cometimos fue haberlos esperado los primeros 20 ó 25 minutos, en donde nosotros desequilibrábamos y sacábamos la diferencia. Tenés que confiar en tu equipo y no pensar de más en el rival. Y el técnico no confió en el equipo que tenía. Le tuvimos mucha precaución. Vos tenés que morir con lo tuyo, confiar en lo que tenés, como hace el Muñeco Gallardo ahora.

-¿Notaron en la cancha que los jugadores de la Juve estaban dopados?

-Si bien salió un informe de que sí, en mi opinión en la cancha no se notó.

-¿Roberto Monserrat se siente reconocido por el hincha de River?

-Sí, por más que fueron pocos años, me ponen como uno de los mejores volantes por derecha de la historia de River.

-Compartiste plantel con un joven Gallardo. ¿Cómo era en ese momento?

-El Muñe era chiquitito cuando arrancó. Fue una gran camada ésa. Pero en ese entonces no era todo lo que fue después y lo que es ahora. Fue una sorpresa que haya logrado tantas cosas como entrenador, bien merecido lo tiene.

-¿Le veías algún rasgo de los que tiene ahora como técnico?

-No, para nada. Ni hablaba con nosotros, era medio callado. Imaginate que teniendo a jugadores como Enzo, Astrada, Berizzo, Burgos y Berti adelante, era difícil meter bocado. Tampoco se animaba a tirar lujos, en ese sentido el que más tiraba de los pibes era Pablito Aimar. El Muñe era más bien tímido, pero tenía personalidad. Me pone muy feliz que le esté yendo bien.

-Saliendo un poco del fútbol, hace un tiempo tuviste un gran incendio en tu casa. ¿Cómo lo superaste?

-Nos quedamos con lo puesto, se me quemó todo lo que tenía, muchos recuerdos. Pero lo más importante es que nosotros estamos bien, por suerte en casa no había nadie. Ahora tenemos levantada la casa al 90%, nos faltan cosas menores. Perdí muchas cosas de valor afectivo, no tanto económico. Lamentablemente me quedé sin las camisetas y los álbumes con fotos y notas de diarios que había armado para mostrarles a mis hijos. Aunque hoy, pese a todo, estoy disfrutando de mi familia, cosa que no pude durante mis 20 años de carrera. 

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